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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Breve reflexión sobre una pandemia (y III)


No tenía la menor intención de seguir haciendo reflexiones sobre esta pandemia. Creo que con lo ya dicho poco más podría añadir con criterio y capacidad de analisis. Pero se da la circunstancia de que el lamentable estado en el que se encuentra la oposición al régimen chavista-bolivariano-terrorista-comunista-estalinista que nos gobierna, y a todo lo que se mueva para bien o para mal en este país, me lo pone muy fácil. Se empeña con obcecado afán lo caciquil, borrego y abrazafarolas que son todos los que la componen en su conjunto (no nos merecemos esta escoria de clase política que busca servir sus intereses y no los de la ciudadanía). Pues dadas las circunstancias me he animado a plasmar unos apuntes. Y es que, por un lado, ya se me están inflando las narices de que se trate de héroes a los que SIEMPRE están al pie del cañón, y no ahora porque parece que sólo en estos tiempos de crisis sanitaria se dejan la piel. Y por el otro tenemos que algunos políticos (no todos, eso sería de guión de Berlanga) de un ayuntamiento, el de Madrid, son LOS ÚNICOS que están dando la medida de lo que se les pide a unos gestores de lo público en estos momentos: unidad de acción, aparcando sus estándares ideológicos y no aprovechar el momento para disparar al muñeco con el único fin de conseguir rédito político.

Al parecer, ya hemos olvidado todos esos comentarios despreciables hacia los médicos y trabajadores de la sanidad (trabajadores de centros de salud y hospitales en general). Peor aún. Ya se nos ha olvidado que España es el país de Europa donde más agresiones reciben los profesionales sanitarios de todos los ámbitos. Pero fue aparecer la pandemia por el horizonte y han pasado de ser villanos a héroes. Me enfada bastante que a buen seguro muchos de los que se asoman por el balcón todos los días a las ocho de la tarde quisieron hacer una vez de verdugos contra esos héroes a los que ahora aplauden. Y es que, como en aquella película que a buen seguro recordarán por la mítica frase "todo lo que uno hace tiene su eco en la eternidad", en la eternidad presente nos encontramos las cosas después de que un sistema sanitario fuese diezmado a base de bien y anteponiendo los intereses privados a los públicos. Se esquilmaron los recursos sanitarios y se dejó casi en la inanición su capacidad de absorción de paliar listas patológicas, clinicas o quirúrgicas. Miles de trabajadores a la calle y desalojadas otras tantas camas y material clínico, incluso quirófanos. Ahora, con miles de millones en el debe (unos catorce mil mal contados, que son en la práctica muchos más), y miles de profesonales de menos, pretendemos hacer creer que los que ahí trabajan de forma precaria son unos héroes. No. Lo siento. Son héroes todo el año, todos los años.

Y sí, son humanos, se equivocan, y corren el riesgo de equivocarse con la salud, con nuestra salud, que es lo más importante que poseemos (y en estos tiempos parece que hemos despertado y de repente nos hemos percatado de ello... por el momento). Dudo mucho que un médico pretenda equivocarse a sabiendas. Pero lo que más repugnancia me da son los vómitos que vienen desde la oposición exigendo de forma pertinaz más y mejores recursos para atender a los enfermos, que la culpa es del presidente y del ministro de sanidad por permitir que trabajen los profesionales de la sanidad de forma precaria. Mientras, por otro lado, incluso ahora, defienden la sanidad privada y sugieren soto voce que con ésta nada de lo que acaece hubiera sucedido y tienen la desvergüenza de ser los primeros en salir en la foto aplaudiendo a las ocho de la tarde. Ahora los sanitarios son carne de cañón y se les ensalzan como a héroes, pero a la vuelta de la esquina (sí, es otro de mis vaticinios infalibles), cuando todo esto pase a la memoria colectiva y no sea más que un mal recuerdo, volverán a ser esos indeseables que cobran más de lo que merecen y volverán a recibir agresiones tanto física como estructurales. Y volverán banderas victoriosas al paso alegre de la paz hacia la privatización de todo lo que corre, nade o vuele: todo a la misma cazuela. Volverán las oscuras golondrinas / en tu balcón sus nidos a colgar, / y otra vez con el ala a sus cristales / jugando llamarán.

Es evidente que hubiera dado igual quién hubiese gobernado (bueno, igual no, porque de haber estado lo extremo todo se hubiera solucionado con tres avemarías y siete padrenuestros antes de salir de casa, que nos envolviésemos con la bandera de España para protegernos y cantásemos como un mantra el cara al sol: no hay virus extranjero que pueda con la furia española). Cualquier otro incauto que hubiese estado al frente de esta crisis MUNDIAL (que no nos enteramos que somos tan sólo uno de los 214 territorios oficiales o de los 200 países a donde el virus ha llegado y el segundo país del mundo que más turistas recibe al año) hubiese cometido, si no los mismos, otros errores que hubiesen puesto de manifiesto la realidad: ni España ni el resto del mundo está preparado para una pandemia de características similares. Y la lógica es bien sencilla y la expliqué en la entrada anterior a esta: es difícil montar una estantería de IKEA sin el pertinente cuadernillo de instrucciones, porque con toda probabilidad sin éste, o te sobrarán piezas, o éstas no encajarán como debieran; pero tenemos cuarenta y siete millones de almas aportando soluciones sin control, todos expertos en pandemias y virológos consumados y técnicos sanitarios, y ninguno ha tenido o tiene en cuenta que la cuarta economía de Europa no puede mover un solo dedo si la Unión no da su visto bueno: es evidente que con nosotros ha metido la gamba a base de bien, y a Italia al menos ha pedido ya disculpas. Lo cierto es que, a mi humilde e ignorante modo de ver, deberíamos ser un poco más sensatos con nosotros mismos y empecemos de una vez a reconocer que -a menos que en el futuro nos preparemos para ello- estamos vendidos y expuestos a la intemperie hasta que no conozcamos con exactitud cómo funciona este enemigo y crear protocolos de actuación para los venideros (porque COVID-19 no será el último). Ni los mismos científicos del mundo saben el porqué de nada.

No obstante, hay en todo esto un minúsculo rayito de esperanza, aunque mucho me temo que "desaparecerá como lágrimas en la lluvia". Independientemente del color político o ideológico que tengan, la altura de miras y el saber estar del gobierno y la oposición del ayuntamiento de Madrid han dado una lección de qué y cómo debe ser un político en circunstancias como las que nos atañen. La oposición ofreciendo SIN CONDICIONES todo su apoyo; la portavoz, que decía tener "confianza sincera" en que el alcalde "esté comprometido con reducir el dolor de la pandemia".  Y en palabras textuales: "Queréis hacer lo mejor por vuestra ciudad y en ese sentido confiamos en vosotros".  Respuesta del Alcalde: "Nos acerca saber y ser conscientes de que tenemos un objetivo común, puede que por diferentes caminos y distintos medios, pero tenemos un objetivo común". Éstos pueden llamarse políticos, los que tienden la mano y se ofrecen para ayudar a que la vida de los ciudadanos sea mejor, sobre todo si de lo que se trata es de salvar vidas. Que no todos los caminos conducen a Roma, pero distintos vehículos pueden acercarnos a todos hasta ella. Llegar antes o después dependerá de los obstáculos que encontremos por el camino. Visto lo visto, con la mediocridad de elementos políticos que pululan por el congreso de los diputados, España llegará tarde a todo y seremos de los últimos en salir de esta crisis sanitaria, social, política y económica.

Si hay alguien (son legiones, me queda claro) que no entiende que los que deben atajar una crisis socio-sanitaria y económica de esta envergadura (MUNDIAL), no son los sanitarios (que son héroes todo el año y no sólo estas semanas trágicas), sino los gestores que manejan los resortes de este país, los políticos, que a su vez deberían dejar de lado sus diferencias ideológicas y trabajar juntos sin condiciones para lograr el objetivo de deshacernos de esta pandemia (que ahora pasa única y exclusivamente por salvar vidas), entonces debería plantearse si su miseria no le deja ver el bosque y las ideas que defiende no han esquilmado la salud del sentido común que se presupone a un sapien cualquiera. Porque si su ideología política prevalece sobre la vida humana, espero que cuando en este planeta deje de existir el ser humano aún puedan oírse para nadie los acordes del himno político que defiende. Si en este país no hay capacidad para reconocer que TODOS (también los que gobiernan) podemos equivocanos, como lo haría un médico o un terapeuta, héroes anónimos de estos tiempos que corren pero villanos en el futuro próximo, entonces el homo sapiens sapiens está en vías de extinción y la naturaleza está forzando la máquina para derivar de la nuestra otra especie nueva: el homo gilipollensis.


P.D.: Usted no sabe aún que lo peor está por venir. Piense que este mundo está gobernado por locos y el más aventajado gobierna los iuesei. Deje que al mandatario norteamericano le explote la cabeza pensando que que hay un culpable de todo (y será China) por cualquiera de los motivos que no sea capaz de comprender. Entonces conocerá de primera mano lo que es el miedo y peor aún: lo que es una pandemia de verdad. Próximos capítulos en su propio smartphone.








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Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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