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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Breve reflexión sobre una pandemia II

Hace unos días un usuario de una red social me recordó una de las muchas entrevistas que concedió Perez Reverte para promocionar el que quizá sea -a juicio de este humilde lector- su mejor novela: El pintor de batallas. Y recuerdo aquella entrevista porque hasta entonces creí ser un marciano en este mundo de terrícolas abyectos, irreverentes y pertinaces en sus aspiraciones borreguiles. "La cultura nos salva siempre del horror". Confieso que para mí fue toda una revelación. Más o menos como para Jorge Luis Borges cuando comenzaba su proceso creativo: "Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin".

Ya vaticiné, hace apenas un par de semanas, lo que sucedería en este país de cainitas. Me ha sorprendido el poco tiempo transcurrido en cumplir los pronósticos, y aún quedan augurios por verdecer en esta pradera yerma de visión a largo plazo y sobre todo de cultura, que es como decir revelación. No obstante, para rizar el rizo, me aventuro a seguir mis labores profetizadoras haciendo análisis global sobre lo que acaece en el mundo mundial y sus efectos en este país bipolar que no ha superado aún, ni democrática ni socialmente, los estragos que sigue causando la guerra civil, esa alargada sombra de fractura social en España.

Joder, ¿qué tendrá que ver todo este batiburrillo con los efectos de la pandemia que nos está azotando (y seguirá azotando al resto de la humanidad hasta más allá dos mil veinte y veintiuno)? Bien. Comencemos con un titular del Financial Times "Las divisiones políticas se profundizan a medida que España lucha contra el coronavirus". Aparentemente una obviedad, pero el diario (lejos de ideales de izquierdas ni nada que se les parezcan), cataloga de mediocridad a la oposición (sic), situándola entre las peores del mundo (casi me desmayo) dado el estado de emergencia MUNDIAL en el que se encuentra la salud de los seres humanos y muy en particular la de los españoles. Deja esta advertencia como una perla sobre el terciopelo rojigualdo: "Cualquiera que sea su causa, las fisuras que ahora resurgen resaltan la magnitud del desafío si el país quiere superar la crisis de salud y económica que muchos temen por venir”. He ahí el problema, amigos, de nada sirve vomitar estiércol como acostumbra la ultraderecha (y los lacayos ignorantes que hacen su agosto), con la connivencia de la derecha y otros elementos disociales de este país, que le hacen el juego cual acólitos palurdos; la única pretensión es elevar el tono de tensión y bipolaridad -con su correspondiente dosis de mala bilis- para sacar una cuota de rédito político con el único fin, cito palabras textuales de sus mandatarios, de "derrocar al enemigo". Como dije en el texto precedente a éste -ya casi me parece antediluviano-, éstos me parecen aborrecibles, pero son mucho más repugnantes los que aplauden y aúpan y propagan sus bulos y sus malas bilis para azuzar al populacho; fomentan la confrontación y el odio, material inflamable en estos tiempos de emergencia mundial, que solo sirve para incendiar lo poco de bueno que se hace para paliar los efectos de esta crisis sanitaria.

Aún parece que no nos hemos percatado de que el ser humano se enfrenta a un problema DESCONOCIDO de solución DESCONOCIDA y cuya magnitud es DESCONOCIDA; que los más preparados aprenden a marchas forzadas para localizar la solución a este entuerto en el que nos hemos envuelto, gracias y por bienaventuranza del interesado gobierno chino. Según relatan testimonios vivos de quienes han trabajado y vivido en aquél país, el SARS CoV-2, coronavirus o COVID-19, llevaba circulando sospechosamente desde octubre de dos mil diecinueve, y con certeza desde noviembre. Han secuestrado información fiable desde entonces y no ha sido hasta febrero (cuando el problema se les fue de las manos) que la OMS tuvo una idea global y aproximada de la virulencia y nivel de propagación del virus (pueden consultar la web para corroborarlo). Y dicho esto, bueno sería recalcar aquí que los tres amagos de pandemia precedentes al que nos ocupa han provenido del mismo país... y todavía no he oído alzar la voz a nadie exigiendo responsabilidades o, al menos, exigir un mínimo de control sanitario en el sector alimentación.

Pero, claro, aquí, en la España cañí, aun siendo conscientes de que nos enfrentamos a un 'enemigo' desconocido, las voces permanentes que exigen actuaciones de facto a este gobierno, cual si de un experto en la materia se tratase, (independientemente del color que tenga ahora) son negligentes, estúpidas e ignorantes: el 99% de la población es incapaz de armar una estantería de IKEA sin las instrucciones pertinentes y exige al gobierno (a cualquiera y de cualquier parte del mundo) que sepa atajar un problema de indole mundial del que apenas se tiene un puñado de información relativa para prevenirse, tanto del contagio como de infectar al vecino; y aún menos que carezca de dudas y mucho menos de errores.

Hay algo que ya va quedando claro a todo el mundo, a todos los ciudadanos: que esta crisis sanitaria mundial (española no, mundial; hay que recalcarlo porque hay palurdos ignorantes -valga la redundancia- que aún no se han percatado de ello e insisten en que la culpa es del gobierno por lo mal que lo hacen: a buen seguro pertenecen a ese 1% que son capaces de montar las estanterías del IKEA sin las instrucciones y con una cerveza en la mano), esta crisis pandémica, como digo, va a cambiar el orden mundial a buen seguro, especialmente en lo que a la economía respecta, pero más aún en lo social. Y ese miedo acelerará la oleada que ya iba azotando al resto del mundo (y en España tiene su representación como tercera fuerza política en el parlamento que ellos mismos quieren disolver y acomodar a su estatus totalitario como razón de ser). Los políticos en general utilizan el símil de una guerra mundial, pero ni  la movilización económica, ni social, ni política pueden siquiera asemejarse a la que acercó a europa y gran parte del mundo tras la segunda guerra mundial. Las muestras las hallamos en la falta de solidaridad entre los mismos países de la unión europea, donde los predominantes o del norte desprecian el impacto económico y social que tendrá esto en países como Francia, España o Italia; y que si necesitan pasta, que pidan un crédito, pero eso sí, el IVA que lo paguen...

Hasta ahora, en geopolítica, hemos visto, a lo largo del transcurso de ests crisis, que China ha luchado de manera fraudulenta (secuestrando información valiosa, mintiendo tanto en los datos reales como en la valoración real del virus, y por último declarando un estado de alarma cuando ya manejaba información fiable) por liderar el transcurso de la pandémica ante la ausencia total de liderazgo de EEUU, tradicionalmente el catalizador internacional de los conflictos mundiales por excelencia. Las Naciones Unidas es un elemento marginal o residual en este entuerto, un cero a la izquierda, vamos, porque no está ni se le espera. En Europa, la Unión ha hecho, deshecho, ordenado y dejado de ordenar a cada país sin criterio regularizado y por supuesto falto de un modus operandi colectivo, y cada cuál, falto de previsión alguna ante la evidencia y la información contradictoria de la propia Unión, ha hecho la guerra por su cuenta del mejor modo posible. Todo esto me hace sugerir que la tendencia, frente a la falta de liderazgo de un mundo que va hacia la deriva, es la aparición de caudillos prometiendo pan y seguridad... y ya sabemos como desemboca este axioma; mucho me temo que a buen seguro reviviremos viejos éxitos (y trágicos) del siglo XX.

A título personal, soy consciente del horror, el que va a sufrir gran parte de la humanidad, incluyendo España como animal de compañía, tras esta crisis sanitaria. La necesidad de afrontar unidos la pandemia (cada vecino, cada población, cada ciudad, cada provincia, cada región, cada país, cada continente), es pura necesidad de pervivencia. En este momento, más que nunca, es necesaria la unidad, independientemente de lo mejor o peor que lo hará este o aquel gobierno; porque de lo que aún no es consciente la inmensa mayoría de los seres vivos de este planeta es que, en primer lugar, este virus nos iguala a todos, seamos de la condición que seamos y tengamos la posición social que tengamos (motivo más que suficiente para unir fuerzas); y en segundo lugar, que necesitaremos unos de otros de manera solidaria porque de otro modo nunca saldremos de ella. De nada sirve, como dije al principio, quejarse de que los míos son los mejores o lo habrían hecho mejor, o estos me caen mal y ojalá lo hagan mal para que se quiten ellos y nos pongamos nosotros. Porque insisto, esto no es un problema doméstico y hay en juego cientos de miles de vidas humanas, que pronto serán millones.

Gentuza como el ex ministro Corcuera, como cabeza visible de TODOS aquellos que en éste, y en sus respectivos países, despotrican del gobierno, de éste o de cualquier país, no hacen más que fomentar la crispación y la fractura social (la que vendrá después de la crisis y que precederá a la crisis económica y desembocará por último en una crisis política sin precedentes). Si éstos, y todos los que no me parecen mejores que esos hijos de puta que se saltan el confinamiento, tuviesen el nivel de decencia necesario como para respetar a los miles de muertos y a los cientos de miles de enfermos como consecuencia del coronavirus, quizá cerrasen sus bocazas y procurarían no emular a la eterna figura del 'cuñao' que todo lo sabe y todo lo arregla desde el sofá de casa, incluida una pandemia mundial, pero tiene que mirar con detenimiento las instrucciones de la estantería del IKEA para montarla.

Y parafraseando al ínclito, despechado, ignorante y venido a menos ex ministro Corcuera, como adalid de todos esos dementes sin escrúpulos ni respeto ante las víctimas, enfermos y sanitarios (que desde sus camastros o sus cuidados son testigos de esta lacra que los aniquila o mina moralmente), tiene razón en que el Gobierno es Amancio Ortega, es Ana Botín, es Juan Roig, es Rafa Nadal o Pau Gasol como cabezas visibles de todos los deportistas, artistas y famosos de este país que aportan su granito de arena con lo mejor que pueden o saben; es SEAT como representación de todas esas empresas que han modificado su cadena de producción para adaptarlas a la confección de material sanitario y producción de geles hidroalcoholicos; también es Gobierno todos esos que hacen mascarillas caseras o se confinan en casa, y también lo son todos los que participan en la cadena alimenticia a quienes les debemos el pan en la mesa a diario... así como el ejecutivo de este Gobierno es la representación de la política de este país como una única cabeza visible frente a la adversidad. Todos son Gobierno, señor Corcuera. La diferencia es que usted no es mejor que los que aprovechan para promover caceroladas contra la monarquía o contra este Gobierno o contra cualquier cosa que apunte a unos intereses particulares o partidistas, ni mejor que los que se saltan el confinamiento porque quieren irse a pasar el puente a su segunda residencia o por cualquier otro antojo, ni mejor que las empresas que aprovechan esta circunstancia de emergencia para hacer su agosto (incluidas la mayoría de farmacéuticas con su sobrecoste de productos de primera necesidad), ni mejor que los que promueven constantemente bulos para entorpecer la tranquilidad de la población. Porque los primeros ponen un granito de arena sin hacer apenas ruido, sin agredir ni desacreditar a nadie, simplemente arriman el hombro conscientes de la importancia del tiempo en que vivimos. Y los segundos, como usted, no hacen más que ahondar en la fractura social con el fin de azuzar al populacho borreguil que se deja llevar por las vísceras, sin el denominador común que nos diferencia de los animales (aunque visto lo visto, mas nos valdría volver al australopíteco). Yo me quedo con esa gente, con los primeros que representan al Gobierno y arriman el hombro, sin una palabra más alta que otra ni derribando ningún frente. Porque del horror, de éste que padecemos ahora y en especial del de todos los Corcueras del mundo, me salva la cultura. Todo esto, amigos, ya lo leí antes, lo estudié antes y lo asimilé antes de que lo que acontece nos haya atropellado como a bellacos. Aunque lo peor de todo es que ya sé cómo va a continuar y terminar el cuento que, como a Borges, esta inspiración comenzó en una revelación, siempre desde mi modestia, y consciente de mi sosiego omnímodo que me envuelve de cierto tizne de indiferencia... No creo que vaya a cambiar a nadie con nada de lo que diga, pero al menos me quedará el consuelo de que la cultura me salvará del horror... y al menos comprendo su revelación.







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Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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