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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

El sabor de la derrota

Lo reconozco. Soy un seguidor del fútbol, además de otros deportes. Seguidor no significa entusiasta, ni 'fan', ni apasionado. Simplemente me gusta disfrutar con ciertos partidillos de fútbol, con algunos eventos deportivos, con determinadas retransmisiones de competiciones del motor. Me gusta mirar de reojo las noticias deportivas para ver cómo van los distintos campeonatos, las disciplinas, los dimes y dietes, así, a vuelapluma. Y veo en el deporte, veo en el fútbol particularmente ahora que ya concluyó el mundial celebrado en Rusia, un espejo de lo que hay en la vida, sobre todo literatura.

Antes de nada exponer aquí una paradoja interesante y que no solo se produce en el fútbol: es curioso ver cómo los equipos del primer mundo (preeminenemente de Europa) se nutren de hijos de inmigrantes. Ahora que tanto se rechaza la inmigración desde los estados del viejo continente (olvidando las lecciones que ha dado la historia, dando alas al resurgimiento de un fascismo que va en alza, propagando los mismos mantras que antaño, y que parece tomar las mismas posiciones de aquel partido nazi que sumió a Europa en un caos y en un desastre) da gusto ver cómo aproximadamente el 70% de los jugadores que han quedado entre los cuatro primeros son hijos y nietos de inmigrantes que se parten la cara y el alma por defender los colores de un país; más que bien remunerados, todo hay que decirlo, porque con el sueldo extra de lo que gana cada uno podría vivir más que requetebién una familia al completo durante un año.

Pero especialmente en este mundial se produce un hecho significativo, digno del mejor Hemingway. El sabor de la derrota, valores humanos: el honor, la honradez, el orgullo, también la fanfarronería, la vanidad, lo superfluo, la mentira. Todo se da cita en un partido de fútbol, y en esta final que ha dado por concluido el campeonato del mundo se hace de manifiesto el espíritu del Nobel norteamericano. Cuando aquel pescador en "El viejo y el mar" demoraba su trofeo por ochenta y tantos días sin resultado alguno, tras insistir en esa pelea entre contendientes (pesacdor y trofeo), resulta que se acercan un par de tiburones y devoran la presa que tenía al alcance de la mano. El pescador, Santiago, recibe la lección de vida más importante que jamás había recibido hasta entonces. La dignidad del perdedor, la gallardía, el valor y el esfuerzo por haber logrado atrapar a su presa después de un largo y arduo espacio de tiempo esperando su momento.

Quizá el lector haya traído a la memoria la odisea obsesiva del capitán Ahab, y su exacerbado odio contra ese fantasma blanco que persigue, el mismo que una vez le robó la pierna con la que golpeaba fuertemente sobre la cubierta cuando caminaba. Su obsesión obliga a estar dispuesto a sacrificar su vida, la de sus hombres, la del barco, la del mundo entero si hubiera sido preciso con tal de ver claudicar a ese fantasma neblinoso en medio de la inmensidad del mar. La obsesión acaba por arrastrar a su esclavo a la destrucción. Moby Dick se dio en otros partidos, en otros equipos. Quizá en el Brasil de Neymar o en la Argentina de Messi; también en la Alemania de Löw o en la España de Hierro. Los primeros porque la obsesión del equipo al completo oscilaba en torno a sus estrellas y se estrellaron (valga la redundancia cacofónica) con esa obsesión individualista del triunfo personal por encima de la diatriba personal del equipo. "Nada es obstáculo, nada es viraje para mi camino de hierro", espetaba el capitán cuando se le sugería si no sería mejor desviarse del camino y volver a casa. De igual modo, murieron tanto la selección alemana como la española: amparados ambos en un viejo fantasma blanco, que les obsesionó y nubló la razón, por lo que insistieron querer triunfar persiguiendo un ideal que quedó ya en el pasado y les llevó definitivamente a un desastre absoluto.

Ayer noche, el espíritu del viejo Santiago resucitó en su viejo barco, esta vez pintado de mantel a cuadros de restaurante italiano. La derrota de un país pequeño se hizo victoria moral, victoria ética, ganó la dignidad. Tras lograr atrapar el trofeo de disputar la final, luchando como jabatos muchos minutos de más para poder subir a bordo el premio de la felicidad, la transmutación de un gallito de pelea en tiburón desbarató con un par de dentelladas todo sueño de lograr un premio más que merecido, pero que, al fin y a la postre, logró empatizar de corazón con todos los que vimos ese partido, esa batalla, esa lucha. Y dejó quizá una premisa por la que debemos rebelarnos todos al unísono: enfréntate a tu adversario con la convicción de que vas a vencer y no sólo a lo que sabes que vas a derrotar. "Un hombre puede ser destruído, pero no derrotado", se decía convencido, en mitad de su particular lucha, el viejo Santiago. El mundo del deporte, particularmente el mundo del fútbol, está lleno de literatura. Ayer ganaron los perdedores, que, aunque destruidos tras la victoria de los tiburones franceses, no fueron derrotados en ningún momento. El sabor de la derrota es el triunfo de quien vence por la vía de la ética y la moral, quien triunfa en valor y esfuerzo, obteniendo así el respeto solemne de todos.








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Parásitos (II)

Hará un par de años ya (quién lo diría, se me escurre el tiempo de las manos como la arena de la playa) escribí un capítulo sobre ciertos parásitos. Lo prometido es deuda y aquí traigo una nueva reseña sobre estos especímenes de rabiosa actualidad.

Leí un artículo bastante interesante y con cierto tino sobre periodismo en el cine. Aquellas viejas historias de periodistas sin escrúpulos para los que todo valía. No sé si vieron a Cary Grant y a Rosalind Russell en la desternillante comedia de Howard Hawks 'His Girl Friday', traducida al español como 'Luna Nueva' (aún hoy sigo sin entender el porqué de las fallidas, y en ocasiones ridículas, traducciones al español de los títulos de los films). La estrella periodística Hildy Johnson (Russell) entra por las puertas del editor del periódico Walter Burns (Grant) para anunciarle que va a dejar el periodismo con el fin de casarse y fundar una familia. Desde ese mismo momento el espectador sospecha ya que el editor y ex-marido de Hildy ni está dispuesto a aceptarlo, ni lo permitirá de ninguna de las maneras. Así que se sirve de toda clase de tretas, chanzas y embrollos para retenerla en el periódico y hacer que vuelva con él. En los años 70 Billy Wilder haría una versión menos hilarante pero igual de afilada (The front page -Primera plana-), donde Billy y asesores guionistas deciden transmutar de sexo en el guión a Hildy Johnson y será pues un reconocido reportero (interpreta Jack Lemon) que está a punto de contraer matrimonio y decide abandonar su trabajo, así se lo transmite a su redactor. Por lo que el maquiavélico Burns (Walter Matthau) hará lo imposible por impedir su boda y que deje el periódico.

Lo que trataban de evidenciar ambas películas, basadas en la obra teatral original del polifacético y superdotado Ben Hecht (que siendo apenas un crío ya tocaba perfectamente el violín) y Charles MacArthur, era la denuncia de la escasa moral de un periodismo que ellos mismos conocían de primera mano: ambos fueron reporteros en el Chicago de los años treinta, copada por el imperio de Al Capone y el reinado de gángsteres y corrupción por doquier. Conocían los entresijos de un oficio por el que todo valía para copar el mejor de los titulares: sobornar policías, chantajear ediles o funcionarios, etc...

Lo cierto es que en aquella primera película de Howard Hawks se materializaba en apenas 90 minutos toda una suerte de tretas y desarraigo ético y moral periodísticos, y de una incorrección política que serían hoy día impensables, así que imaginen en 1940. Peor aún aquella de 1974 de Wilder, donde el humor chusco, la incipiente homofobia, el machismo recalcitrante y la baja estofa moral de un periodismo que rozaba lo impensable a día de hoy resultaban ser premisas fundamentales para anteponer por encima de todo el interés económico, obviamente también el interés periodístico.

¿Pero qué estoy diciendo? Pareciese que estoy hablando ni más ni menos que del periodismo de nuestros días, porque nada ha cambiado desde entonces. Bueno sí. Ahora el periodismo obedece a su amo, al imperio económico sobre el que se sustenta, más allá de la necesidad de contar una buena historia o desentrañar un buen reportaje de investigación. El reportero de hoy es parte de una maquinaria dentro de una corporación dentro de una multinacional dentro del mercado de valores. Es el pequeño engranaje al servicio de quien le paga. Jamás podría ponerse uno contra el servicio que facilita mal que bien el abono mensual de su hipoteca, el colegio de sus hijos o simplemente el sustento de cada día. Antes el cetro del periodismo lo copaba la palabra escrita, la incipiencia de la radio (y la televisión en los 70) aún no acaparaba el poder que ahora tienen otros medios mucho más inmediatos y de mayor recorrido que aquéllos, por desgracia.

Se dio por calificar al periodismo, y no sin razón, el cuarto poder. Cuando se activa la maquinaria de ese poder, sobre todo a día de hoy, es capaz de derrocar gobiernos, aupar a la supremacía de los estados a gobernantes corruptos, desencadenar guerras, provocar hambrunas, movilizar al fascismo, promover caídas de bolsas, sacudir la economía mundial... Y son las grandes corporaciones, aquellas que se mueven como pez en el agua y dominan en los mercados internacionales, las que viven a costa de las masas que consumen y divulgan información, en su mayoría manipulada. En esos otros tiempos reflejados en aquellas pequeñas joyas del cine (y en otras muchas) la idea era la misma, pero se trataba de allanar el camino del medio sobre la verdad con tal de alcanzar notoriedad. Hoy de lo que se trata es de usar todos esos medios para allanar el camino con el único objetivo de esconder la verdad, porque el beneficio económico para los que sustentan todos los granes medios (y los pequeños) es ingente. El efecto de sacar a la luz la verdad oculta a tiempo consiste en, aunque parezca una suerte de delirio conspiranoico, manipular el curso de las cosas en sus diversas vertientes, aupar o derrocar gobiernos, desestabilizar economías, provocar guerras, etc...

Poco ha cambiado el periodismo desde aquellas críticas ácidas, en definitiva. Peor aún. Ahora existe un submundo periodístico por las redes, cronistas de sofá, hooligans ideológicos, expertos analistas de 240 caracteres, tertulianos de tabernas... con aspiraciones todos ellos a acumular notoriedad a traves de aglutinar más 'likes', porque a la postre se traduce fama; algunos hooligans de tabernas ideológicas que desconocen el champú anticaspa incluso ganan dinero con ello. Da igual el modo de embarrar una noticia, el hecho es llamar la atención y que el titular sea capaz de captar cuanta mayor atención sea posible. Inocentemente, empresas creadas por grandes 'holdings', escudos de poder de otros operativos macroeconómicos, aprovechan agujeros creados para ello y así entre los fallos deliberados de seguridad de Facebok, la intrusión de crackers en la de Twitter, la integración inocente de todo tipo de 'apps' en todos los dispositivos que usamos a diario y en las susodichas redes sociales (¿Qué personaje de Star Wars/color/perro/gato/famoso/comida/muerte/rascacielos o personaje de Fraggle Rock eres?), o definitivos test o encuestas (como el de Kogan por el que se destapó el entramado deliberado del agujero de seguridad de Facebook no hace muchas fechas) hacen de todo el conglomerado social algo maleable y manipulable, polichinelas manejados desde los hilos cual marionetas de feria para divertimento del populacho contrario, que a su vez actúa de igual modo para reírse del que tienen en frente, siendo obligados a una confrontación social con objeto de simular fractura social. Ejemplos de esto mismo es la todavía polémica victoria de Donald Trump, el propio Brexit, la incomprensible estancia en el gobierno de España del partido político más corrupto de la historia de todas las democracias de Eurpoa o el auge inaudito del fascismo llegando al poder en determinados estados clave cuyo principal objetivo es frenar la migración desde el mediterráneo o el extremo oriente.

Todos esos medios posibles, todos los periodistas formales e informales, todos ellos son hoy día un servicio que entra dentro del engranaje de una maquinaria dentro de una corporación dentro de una multinacional dentro del mercado de valores, que sólo se mueve por el interés de la riqueza y cuyo objetivo fundamental es proteger los intereses y multiplicar los dividendos. Son esos parásitos los que en realidad manipulan la verdad para hacernos subyacer en una realidad que en modo alguno es la que debiera ser. Todo acaba sometido a la tiranía del dinero, al interés. 

Especialmente en este país se cumplen ciertos trámites de manera flagrante: vivimos en un orden de cosas donde un grupo de periodistas más o menos independientes, tras sacar a la luz las miserias de una universidad que otorgaba títulos al oligopolio político por doquier, deben sentarse en un banquillo por ejercer su derecho a informar de la verdad. O periodistas que, tras desentrañar algunas de las muchas miserias de la soberanía universal de la corona, les obligan a abandonar sus cargos y puestos de trabajo. Pero lo que quiero que vean es que detrás de estos soldados, y de esos otros que siguen a pie juntillas su 'línea editorial' sin salirse un ápice de la tangente, están los 'parásitos'; los que manejan en realidad el cotarro de todo cuanto sucede y ha de suceder. Es, simplelente, un pequeño tablero de ajedrez donde esos 'parásitos' mueven sus fichas a través de todos esos medios donde los peones han de ser o no sacrificados mientras unos pocos se regodean.

Tenemos una idea muy equivocada del 'parasitismo'. Creemos que es un reducto marginal y despreciable. Hemos tenido poco en cuenta cómo saben aprovechar los recursos que tienen a su alcance para sacar el máximo provecho con el mínimo esfuerzo. Recuerdo nuevamente lo que el DRAE define como 'parásito': 1) “Dicho de un organismo animal o vegetal: que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo.” (...) 4) “Persona que vive a costa ajena.”  Y así es cómo el modus operandi de aquéllos es extraer el néctar de sus peones sin llegar a dejarles fuera de circulación, porque les necesitan para la subistencia, que hagan frente común para sus intereses. Y en general, el populacho, en última instancia, se pone en el pellejo de Hildy Johnson (Rosalind Russell) y acaba claudicando: "Walter, eres maravilloso de un modo repugnante". Y es el redactor (Walter Matthau) el que responde del mejor modo posible que nunca se ha de dejar la información esencial para el desarrollo de una noticia. De ahí que el titular y encabezamiento han de estar lo más alejado posible de la realidad para dirigir la opinión pública: "¿Y quién demonios lee el segundo párrafo?". Eso mismo digo yo, visto lo visto. A nadie le importa lo que de verdad importa. Lo que vende es el escándalo. Así que no dejes que la verdad te estropee una buena noticia.






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El ventilador

Algo se ha fracturado gravemente en este país. Por donde pisamos suena a cristales rotos. Parecía que corrían vientos favorables para el clima de aire irrespirable que se había viciado como consecuencia de la corrupción, de una crisis económica de la que ya será imposible salir puesto que la deuda de España es impagable, del repunte fascista que andaba escondido tomando resuello en cada esquina, de la crisis manifiesta de valores que aúpa fundamentalmente al machismo a tomar el cetro del supremacismo de género sobre todas las cosas, de la flagrante falta de libertad de expresión que algunos confunden con falta de respeto, del creciente nacionalismo que ha sido auspiciado principalmente por parte de quienes creían que adornando el cuello con una bandera podrían espantar el odio; de un largo etcétera en el que, a buen seguro, Mersault se ausentaría encogiéndose de hombros, tal y como suelen hacer quienes ostentan el cetro y quienes les votan. Parecía que se había abierto la ventana al fin, pero los espejismos tienen siempre esa sensación de bofetada al alma que te deja sin aliento, sin ánimo, sin esperanza.

Nos las prometíamos muy felices cuando vimos tomar posesión de sus cargos a los nuevos ministros, de abrumadora mayoría femenina por primera vez en toda la historia de las democracias habidas y por haber. Parecía que nos abrazaban nuevos tiempos, que nos acariciaba por fin aire fresco que parecía renovar el aire viciado del habitáculo cerrado e irrespirable en el que se ha convertido este país. Pero también se nos había olvidado excesivamente pronto que el régimen que estalló en mil pedazos tras el fallecimiento del caudillo, se anquilosó en todos los rincones de cada pueblo, de cada pedanía, de cada ciudad, de cada provincia, de cada región... y nunca murieron: el odio se hereda como se hereda un mausoleo, como se hereda una caja de galletas de latón llena de recuerdos, como se hereda una casa.

Nos hemos dado de bruces con la realidad. ¿La realidad? Sí. Se ha renovado todo el ejecutivo, pero la constitución es la misma, el código civil y penal es el mismo, los dirigentes de la seguridad son los mismos, los que gobiernan sobre el poder judicial son los mismos, los tonsurados son los mismos..., nada ha cambiado. El blanco de las paredes continúa teniendo ese color ajado y amarillento de tanto humo de habano de cafecopaypuro tras esos menús a 6 euros del congreso, de tanto roce de silencios cómplices, de tanto mirar para otro lado, de salpicaduras sanguinolentas de tanto suicidio por motivos económicos derivados de una crisis que se fraguó entre las cenizas de habanos a media tarde y refrescados por gintonics de diseño... El aire parece haberse renovado, pero solo es aire de ventilador que remueve el mismo de antaño y sigue siendo vaporoso, maloliente, enmohecido y asfixiante, se remueve artificialmente y produce una sensación de falso frescor. A poco que se ha acercado la podredumbre a sus aspas, nos ha salpicado a todos en las mismísimas narices.

No voy a entretenerme en la repugnancia de ese mantra manido y fascista de "primero los de aquí", cuando se asomaron los sin patria del Aquarius, los que nadie quería que atracasen en sus puertos; o los que siguen cruzando y muriendo en el estrecho o en el mar de Alborán, que esos no van en naos de renombre y parece como si tuviesen menos importancia. Hasta parece que hay migrantes de primera y de segunda categoría. "Primeros los de aquí", dicen, mientras arremeten contra el ejecutivo con furia vomitando espumarajos por las comisuras de las uñas desde sus dispositivos móviles, que se fabrican con el corazón de coltán que esos niños esclavos se dejan las manos, la vida, por obtener una miserable recompensa con la que en muchos casos pagan el billete de un batel sin bandera, sin patrón y a la deriva, con el objetivo primario de salvarse, porque la inmensidad del agua es más seguro que lo que dejan atrás. Y todo para que los que gritan "primero lo de aquí" puedan fabricar todo lo tecnológico que inunda sus hogares, nuestros hogares. "Primero los de aquí"... mientras se ríen, mientras aplauden con sorna, mientras se mofan, mientras apalean a esos indigentes que no tienen un techo donde dormir o un plato de comida que no sea del comedor social, esos que son de aquí y sobre los que se orinan si es preciso mientras duermen en mitad de la nada; se creen con ese derecho porque "son de aquí". No, no voy a entretenerme con la repugnancia de los que vomitan eso de que "tenemos que pagarles la seguridad social y una pensión de 530 euros" a la gente que viene de fuera cuando "a los de aquí" no les damos ni agua. En realidad les importan un pimiento de la patagonia que 600 vidas españolas, o mil, o cinco mil, de cualquier lugar, reciban o no ayudas de ningún tipo. Lo que les importa, lo que realmente defienden, es que un miserable empresario se haga multimillonario gracias a los 2,86 € que les pagan por hora trabajada y se sienten conformes "porque son de aquí"; esos mismos que reclaman que metan en sus casas a los sin patria del Aquarius que son incapaces de dar de comer, aunque solo sea por un día en sus casas, a cualquiera de "los de aquí".

No, no voy a entretenerme con nada. Tampoco con esa misma sala de la Audiencia Provincial de Navarra que condenó a los cinco miembros de la archiconocida (por desgracia) "manada". Ahora la misma Audiencia Provincial les deja en libertad hasta que haya sentencia firme. Era de esperar algo así. En cuanto el ventilador se ha puesto a funcionar, la primera porquería nos ha salpicado en toda la cara. No se trata de que legalmente tengan o no derecho esas 'cosas' que se han dado a comparar con animales, degradando a todo el reino salvaje a la categoría de inmundicia. Se trata de que la judicatura, por completo, se dedica a hacer lo contrario de lo que deben hacer: APLICAR la ley y no interpretarla. Esa misma ley para la que unos pobres diablos que vociferan improperios varios contra la corona se les castigan con casi la misma pena que a esas 'cosas' a las que hago referencia aquí; y no es que sienta simpatía por los susodichos pobres diablos tuiteros, ni les aliento, ni me parecen siquiera individuos que tenga que tenerles consideración: repruebo esa actitud del insulto como medio de justificar sus argumentos, aunque defenderé siempre su derecho a poder hacerlo: esto es lo que significa libertad de expresión, esto es lo que significa democracia. La ley no puede ser interpretada a capricho, ni siquiera por la protección ideológica de ciertos estamentos o representantes del estado, porque repentinamente la ley deja de ser para todos igual y es comedida e indulgente para algunos y para otros ideológicamente implacable. Y es que, amigos, expresión no es lo mismo que creatividad, como queda patente en estos ejemplos: aquí en España somos más chulos que un ocho y la ley se interpreta, como si de un texto de Kierkegaard o Kant o Rosseau o Nietzsche cualquiera se tratase, a juicio y gusto ideológico del flemático juez de turno. Y quizá, aquellos que insisten en soslayar una diferencia entre creatividad y expresión, debieran saber que en primero de carrera (y es vox populi) se estudia eso de 'la justicia nace del pueblo', y no lo digo yo, lo dice la constitución (Art. 117, 1º): "ha e ser impartida por  jueces y magistrados integrantes del poder judicial, INDEPENDIENTES, inamovibles, RESPONSABLES y sometidos únicamente al imperio de la ley". Por lo que mucho más respetable que la propia judicatura es la soberanía del pueblo, porque de ahí mismo nace el germen de la justicia. Y nada más reprobable y repugnante es la INTERPRETACIÓN de un código penal valorado desde la ideología, las creencias y las filiaciones, sean cuales sean éstas.

Podría entretenerme con estas disquisiciones y con otras muchas: partidos políticos condenados por corrupción que la ley no es capaz de disolver u obligar, al menos, a que se refundan; políticos que se autogestionan sus propios estudios a capricho y por un poco de dinero sobre la mesa resultan ser eminencias en espacialidades de las que apenas han oído hablar, mientras el resto de los mortales tienen que pasar por caja entrampándose hasta las cejas e hincando los codos como mulas; miles y miles de personas que se convierten en turbamultas peligrosas cuando se atan la bandera sobre la frente o al cuello como si de un superman de andar por casa se tratase, obligando al vecino a que la ame como aquél la ama, a pesar de cobrar parte de su sueldo en dinero negro y su mujer lleve inventándose una depresión de aúpa para poder dedicarse a otras tareas más lúdicas, y cobrando la baja sin sobresaltos; o qué decir de todos esos muertos esparcidos por las cunetas de España, a los que no se permite a nadie repatriarlos al camposanto, donde deberían descansar en paz de una vez y así cauterizar la sutura de una herida histórica que aún permanece abierta y sangra a poco que se la zarandea...; cuán largo sería el etcétera de cosas en las que no quiero entretenerme.

En fin, que aunque no quiero comentar nada en especial sobre lo susodicho, sí me sirve para ejemplificar algo que siempre he considerado importante y la sociedad española ha de superar antes de que esto acabe estallando como en aquel 17 de julio del 36, porque créanme si les digo que vivimos de forma paralela aquellos mismos días previos ochenta años después. Nos han vendido que pasamos una transición modélica, cuando en realidad somos víctimas de las supuestas virtudes que nos vendieron, porque ese aire fresco que parecía renovar un país apolillado se vicia cada vez que el ventilador deja de funcionar: la política española es absoluta y manifiestamente de baja calidad porque ni siquiera conoce el mecanismo de una ventana.

No se trata de encender el ventilador para que corra aire fresco, ni siquiera de instalar un aparato moderno de aire acondicionado. Hasta que la ciudadanía no se percate de que este país ha de abrir las ventanas para renovar de verdad este aire irrespirable que nos envenena a todos, jamás podremos ver más allá de nuestras narices, de nuestros ombligos, de nuestras paredes, las cuatro paredes que quedan a nuestro alcance. Esas paredes de color ajado y amarillento de tanto humo de habano, de tanto roce de silencios cómplices, de tanto mirar para otro lado, de salpicaduras sanguinolentas... Algo se está resquebrajando, algo se ha fracturado en este país y no queremos siquiera asomarnos a la ventana. Suena por doquier a cristales rotos. Preferimos atarnos una bandera al cuello y emular a superman, ondeando el trapo junto al ventilador, para obligar al vecino a que haga lo mismo que nosotros, o nos lanzamos a su yugular. Mientras tanto, a pesar de las pataletas que de cuando en cuando se reflejan en la calle, sólo soy capaz de ver a Mersault encogiéndose de hombros y diciéndose entre las paredes de esa habitación cerrada, "¿para qué abrir la ventana?". Mejor pongamos el ventilador y vayamos a reciclar los cristales rotos al contenedor... Pero no somos conscientes siquiera que lo que se recicla no es el cristal, sino el vidrio. El cristal hay que depositarlo en la basura, sin más. Ni siquiera tenemos claro eso. Lo único que se nos da bien es enchufar el ventilador a la luz, ese espejismo infame de aire fresco.








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L'ange déchu








Naître du ventre le plus pur,
de la plus brillant lumière,
un rêve de l'ombre d'un rêve
parmi des ténèbres gravement blessées rêvées.

Un adieu cachés dans le coeur
étale un large chemin
vers la lumière rouge et infinie
des flammes de feu vivant
qui caressent les entrailles
de l'eau empoisonnée:
il n'y a pas de sorties de secours.

En embuscade toujours dans l'ombre,
en regardant du coin de l'oeil à l'espoir,
il se déguise en mensonge
pour se nourrir de la vie :
sa tenue ténèbres d'un rêve
et la lumière de ses yeux celle qui brille le plus.


"Des Jasmins pour une Biznaga"
(Málaga, 2016)








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Españolito, que vienes al mundo, te guarde Dios.

La cita, probablemente apócrifa, del estadista alemán Otto von Bismarck, responsable, dicho sea de paso, de la unificación de los estados bávaros (Babiera, Sajonia, Prusia...), deja entre bambalinas y oropeles el talante del carácter hispano: "España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido". No obstante, ya puestos a citar 'cosas', se me viene a la mente, contrastando con las palabras del canciller, aquello de Jaime Gil de Viedma: "De todas las historias de la Historia, la más triste sin duda es la de España porque termina mal". Gran profeta y mejor poeta sin duda don Jaime.

Ya he comentado durante muchas entradas de blog que me gusta opinar sobre lo que ocurre después de que todo el mundo aplaude, vitoree o abuchee o increpe el primer balonazo del partido. Así tengo tiempo de reírme, en un principio, y de lamentarme al final, porque toda discrepancia siempre desemboca en el mismo desagüe; de otro modo España no sería lo que hoy es. Resulta que todos miran lo que hacen los jugadores con la pelota y no el porqué se comporta la pelota de ese modo en el infinito de la nada, abrigada por las leyes de la física. La pelota..., que en definitiva es el elemento indispensable para que haya juego. Sólo se preocupan de ello cuando existe un gol fantasma.

A colación de la sentencia que la Sección Segunda de la Audiencia de Navarra, un torrente de reacciones multitudinarias inundaron las calles, no solo de España, sino también de medio mundo. Una reacción comprensible y justificada, dados los hechos probados y la incomprensible reacción de la susodicha Sección Segunda al catalogar el deplorable acto perpetrado por la ya mundialmente conocida como "La Manada" de "abuso sexual contiuado" y no de lo que es de todas todas: agresión sexual, violación.

Traigo aquí a modo de introducción el recuerdo de una joven que conocí hace ya muchos años y me confió una historia que me impactó un tanto en aquel momento por no esperarla de alguien, en apariencia, inofensiva y tímida en altas dosis. Yo gastaba unos veintipocos añitos y no muy acostumbrado a presenciar sinceridad tan bárbara ni tan elocuente, casi una década menor que ella. Resulta que esta amiga, resumiendo, se llevó a su apartamento a cuatro amigos con quienes mantuvo relaciones sexuales, una cama redonda lo llamó ella. Lo explicó con naturalidad y sin reparar en algún que otro detalle. Con esta simpleza quizá, grosso modo, habría que explicarle al juez que "interpretó" las imágenes de los vídeos que pasaron por manos de su señoría como consentidas, qué es lo que es consentimiento y qué es lo que no lo es. Porque si te introducen en el rellano de un portal cinco tíos más bien cachas a quienes no conoces y tú apenas eres una niña todavía y te penetren repetidas veces por todos los orificios de tu cuerpo SIN que tú hagas amagos de querer de uno o de otro, no parece que eso corresponda a algún tipo de consentimiento implícito, más bien el de coacción para iniciar un acto deplorable.

Mi amiga se lo pasó bien, disfrutó de lo lindo, según sus propias palabras. Fue algo consentido y que ella misma propuso, quiso y se dejó hacer. La diferencia es obvia para quienes vivimos el día a día. Pero para el código penal parece que los recovecos son tan arteros, discurren por subterfugios tan ladinos y andan tan taimados, que lo que pudiera parecer una obviedad, por el tecnicismo tecnocrático de la judicatura para diferenciar (mejor dicho, confundir) el blanco roto del blanco hueso se lleva al extremo de declararlo blanco nuclear sin más. De ahí que la gente se eche a la calle, porque parece que se nos ha olvidado, especialmente a muchos juristas, que "la justicia emana del pueblo" (Constitución Española, Art. 117, 1º); que sí, que la imparten ellos, pero que nace de la calle. Y por eso la gente se ha echado a la rúa, no sólo en España, hasta desde la ONU se hicieron eco de esa polémica sentencia al criticar que ésta "subestima la gravedad de la violación".

Se ha hablado mucho sobre la "dictadura de la calle". Que cuando algo no es del agrado del populacho todo el mundo sale a protestar contra la aplicación de las leyes o del reglamento. Quizá haya que recordar que en Mayo del 68, hace unos días que se cumplieron 50 años de aquel estallido, la gente, especialmente los universitarios, salieron a la calle a protestar por la necesidad de reformar profundamente los resortes de la democracia. Propuesta que no solo afectó a Francia, sino que se extendió como la pólvora por media Europa. Comenzó una nueva era de reformas y en menos de un año, por ejemplo, De Gaulle desapareció del mapa político francés. Aquí, ahora, no hace mucho se pedía que la prisión permanente revisable se mantuviese en activo por la gravedad de los delitos cometidos por la asesina del pececito Gabriel, Ana Julia. Ahí hubo una parte de la ciudadanía (y de los políticos) que se opusieron al respecto. La otra se echó a la calle. Todo se ha embarrado de partidismo mediático, porque lo que es bueno para los azules, ha sido una contrariedad para los rojos, quienes al final ganaron la batalla. En última instancia, no se trataba de un problema social, sino de una bandera política que izar en el caso de vencer. Para este caso, la gente se ha vuelto a tirar al ruedo de la idiosincrasia, separando literalmente el país en dos, porque a pesar de lo que pudiera parecer, hay una parte de la ciudadanía que sospecha e incluso inculpa el comportamiento de la joven implicada en el caso de "La Manada", he aquí el último ejemplo. Y esta es la pequeña diferencia anquilosada en este país, las dos Españas, la eterna roja o azul, la eterna republicana o monárquica, la socialdemócrata y la fascista: señal inequívoca de que nunca se suturaron bien las heridas. "Españolito, que vienes / al mundo, te guarde Dios. / Una de las dos españas / ha de helarte el corazón." 

En efecto, es necesario que la ciudadanía salga a la calle a dar la voz de alarma al ejecutivo por algo que le compete directamente: redactar las leyes de manera que el poder judicial acabe aplicándolas en su justa medida. Y aquí han incurrido en un error de trascendencia colosal los medios de comunicación, al opinar respecto del poder judicial que ha de interpretar las leyes, y ese NO ES su cometido. La justicia, como uno de los tres poderes del estado, NO está sujeto al principio democrático porque no son elegidos por sus ciudadanos. Y quizá por ello su responsabilidad es aún mayor que la de los otros dos poderes constitucionales. De ahí que no está en su capacidad de ejecución la de interpretar, sino la de ejecutar, valga la redundancia.

El poder judicial se limita, NO a interpretar la ley, sino a estudiarla y APLICARLA. Y en esto mismo deberíamos darle entre todos un pequeño tirón de orejas al poder mediático que aglutina hoy por hoy los medios de comunicación y su influencia desmedida sobre la ciudadanía, en especial la borreguil, que sigue a pie juntillas los dictámenes que sentencian taimadamente en sus titulares. Gran parte de los medios, y aún más los tertulianos profesionales, han incurrido en el gravísimo error de 'juzgar' a los magistrados responsables de dictaminar sentencia en el caso de "La Manada" como de malinterpretar la ley. E insisto: el poder judicial NO está para interpretar la ley, sino para aplicarla. Lo cual llegamos a la conclusión: si una sentencia permite confundir el blanco roto con el blanco hueso y simplemente limitarla a blanco nuclear ante la duda, si una sentencia cataloga de abuso sexual lo que es a todas luces agresión, es que algo hay que cambiar para evitar futuras generalidades y especificar con mayor legibilidad qué es delito; algo hay que modificar para poder especificar qué es blanco roto y qué es blanco hueso, que a simple vista, desde la distancia, sólo se aprecia blanco nuclear.

Y por cosas por las que ahora voy a comentar es por lo que me 'sulibella' escribir u opinar a toro pasado; además de porque todo lo que tiene poso y maceración de barrica, sabe mucho mejor. Salen a la palestra las declaraciones más inquietantes que haya podido hacer un ministro de justicia en los últimos años. Una auténtica temeridad la de Rafael Catalá al 'alertar' de las deficiencias del sistema de justicia afirmando que el magistrado que emitió un voto a favor de la absolución de "La Manada" tenía (tiene) un 'problema singular'. Se equivoca de facto, desde el principio al final. En el caso de que el ministro de justicia observe una deficiencia en la judicatura, lo que ha de hacer es reformarla, no criticar ni mucho menos poner en tela de juicio a quienes dictaminan en base al código por el que han de impartir justicia. Lo sucedido muestra claramente las deficiencias, no solo de forma, sino además en infraestructuras. Se le olvida a Catalá que, de los tres poderes, es el único que no es elegido por el pueblo. Que ellos NO interpretan la ley, sólo la aplican. Y si esta y otras muchas sentencias que están salpicando la actualidad en los últimos meses no gustan ni al ejecutivo, la obligación de Catalá es lubricar los engranajes de todos los resortes de la justicia para poner el mecanismo de reformas a funcionar y colocar los puntos sobre las íes que parece han desaparecido o están mal redactados. No es de extrañar que todas las asociaciones judiciales hayan puesto el grito en el cielo y al unísono pidieron la dimisión del ministro. Una "temeridad", como sugiere el comunicado, que un ministro de Justicia vierta juicio púbico con comentarios sobre la falta de capacidad de un magistrado.

En efecto, es repugnante, tanto la sentencia como el voto particular del magistrado díscolo de la Sección Segunda de la Audiencia de Navarra. Pero, de ser una casualidad, quizá se habría partido desde el punto de vista de la opinión personal que todo esto fue una mala aplicación de la ley, y para ello existen mecanismos sancionadores para jueces y fiscales, además de las apelaciones pertinentes para ambas partes. Pero no ha sido la única similar en los últimos tiempos. Les dejo aquí un par de enlaces que dan pavor tan sólo leer los titulares (Enlace 1) (Enlace 2). Los que tienen obligación de tramitar la modificación del código penal los votamos nosotros cada cuatro años. Pero hay un problema: resulta que el órgano al que el ministro Catalá ha encargado la reforma tipificada como delito sexual la violación y la agresión sexual, es la sección Penal de la Comisión General de Codificación del Ministerio de Justicia. Un órgano compuesto por veinte juristas, ninguno de ellos mujer. Ya me dirán ustedes cómo se va a reformar el reglamento del balompié, más conocido como fútbol, si los implicados que han de hacerlo pertenecen la asociación nacional de fabricantes de ropa deportiva (con todos mis respetos para ese colectivo). Es como querer legislar sobre educación y sanidad sin tener en cuenta a los principales integrantes de la cadena educacional y sanitaria (¡ahí va!, este ejemplo está mal redactado, porque esto es algo que ya sucede).

En fin, dicho todo esto, recuerdo de nuevo, por último, la experiencia de mi amiga. En esa cama redonda en la que anduvo enfrascada en lides sexuales con cuatro partenaires. Y vuelvo a ver de manera incomprensible que, en cualesquiera de los contextos que se ha querido incluso incriminar el comportamiento de la joven de "La Manada", en ningún caso podría decirse que ha sido algo consentido. El consentimiento no es nada relativo, afirmar que se quiere, complacerte en en estar de acuerdo con algo y conceder tu permiso. Lo contrario, es no. Si en algo hay de meridiano en todo este asunto es que la voluntariedad humana, ese matiz de blanco, estriba en un consentimiento implícito o explícito, en blanco roto o blanco hueso: no todo es blanco nuclear sin matizaciones como parece haber en el código penal y media, ante la duda, decidir que la generalidad es lo definitorio. Hay que determinar qué lo es y el porqué. El primer y grave error es que se juzga por géneros y lo que se debe juzgar son personas que hacen mal sobre otras personas, independientemente del género, entidad o empresa. Alguien que agrede a alguien o individuos que agreden a alguien han de ser castigados a tenor de las pruebas que se presentan. Los jueces dictaminan, son los políticos los que deben interpretar la gravedad de las agresiones, sean cuales fueren estas desde el punto de vista social. Recuerden: el art. 117 de la constitución: la justicia emana del pueblo.

Que al código penal en esta materia le falta un hervor y anda manipulada (a las pruebas me remito) por una veintena de hombres, es un hecho, no una conjetura. Y que, como dijo el profeta Gil de Biedma, esta historia, como otras muchas hitsorias, acabará mal, no me cabe la menor duda. Porque todo el que quiere legislar quiere arrimar el ascua al saco rojo o al azul, al republicano o al monárquico, al bando socialdemócrata o al fascista. Porque no se legisla para beneficio de la ciudadanía, se hace para loa del bando vencedor y agravio del perdedor. Y gracias a esta disputa ambivalente, todo el revuelo mediático quedará sumido por cuatro supercherías de magia con el balón en los pies, nos colarán un golazo por toda la escuadra y quizá volveremos a ver la 'moviola' de todos estos días convulsos cuando se repita en cualquier momento del partido una falta injusta que el árbitro no ha visto. Porque España es el país más fuerte del mundo, ya que los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido. Así que, por más que nos empeñemos en hacer bien las cosas, por más voluntad que quiera tener el españolito de a pie saliendo a la calle, nosotros no somos Francia y ni mucho menos la del 68. Nosotros somos españoles y mucho españoles. Y llegará el mundial el verano que está por aparecer a la vuelta de la esquina, quizá logremos meternos en semifinales y el país se parará. Porque este país es un señor que critica la justicia, le roba al vecino y encima siembra la sospecha de dónde sacará la pasta para todo lo que tiene. El problema, señoras y señores, es un problema de raíz educacional. Necesitamos más a Machado y a Gil de Biedma y ver un poco menos la tele.








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Un poema inédito









“¿Dónde se encuentran
más comúnmente los Bribones?
Donde construyen fronteras.”
(W.H. Auden)

Una frontera es una conciencia
con apariencia de laberinto,
oculta mil abismos que confluyen
y exporta café descafeinado.

Tras un muro de palabras amables
acicaladas con decoro
y perfumadas de dudas
duermen los latidos de un paraíso
vigilado por espadas de brillo dulce y tenue.

La hégira es un claroscuro empobrecido
que sueña con una taza de café
a la sombra de un árbol.
Como cada mañana, despierta de ese sueño
caminando sobre pedregales
que enmascaran túmulos
sepultados en laberintos de palabras
de un mar descafeinado.

                           







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Un poema inédito










"...desandaré el camino
hasta la calle donde un niño pudo
edificar un mundo."
(Juan Rejano) 


Hay un patio de colegio
que respira las ruinas
de los sueños que fuimos,
un desierto de silencios cerosos
que fueron vergel de gritos azules
y murmullos efervescentes.

Por allí correteaban ilusiones
emulando ser dioses del momento,
arquitectura en el etéreo sigilo de
una confidencia íntima
preñada de caramelo de fresa.

Hay un patio de colegio
que huele a cedro y papel,
a grafito, goma, tiza y pegamento;
huele a nutritivo porvenir con pan,
a gorjeo de risas abigarradas
y vuelos sin motor.

En ese espejismo de ruinas
repletas de sombras desiguales,
quebradas por los charcos de la lluvia,
mascan chicle todos esos gritos fantasmagóricos
con olor a quimeras dulces,
intentando sellar, con ese barro
incandescente de saliva y memoria,
cada uno de los sueños ambarinos
que respiran en el recuerdo
de quien contempló alguna vez
su patio de colegio.



De "Abyssus Abyssum Invocat"
(Inédito, 2017)




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Las dos Españas

Que este país, tras un período más o menos imbuido de una calma entre las décadas de los ochenta y noventa, ha vuelto a resquebrajarse en dos es ya hoy una realidad. La grieta que las separa (aunque debería decir abismo) puede verse a lo lejos, a kilómetros de distancia, desde la estratosfera diría yo (casi de esta manera me lo contaba no hace muchas fechas el profesor Lledó).

Uno que ha leído de casualidad algunas cosillas sobre los orígenes del golpe de estado y posterior guerra civil no puede perder la oportunidad de comparar en los mismos términos esta deriva que está succionando el cerebro de tantos incautos que se dejan llevar por la corriente; y ya sabemos lo que les pasa a los camarones que se duermen en los laureles de los cantos de sirenas de cualquiera de ambos extremos de la orilla. La historia está condenada a repetirse si uno no aprende las lecciones de vida que imparte; apartarlas a un lado es como hacer piardas, pellas, novillos, irse de montes... faltar a las clases importantes que caerán seguro en examen.

A riesgo de emular a un Pérez Reverte cualquiera (ya quisiera yo escribir la mitad que él), este país es un país de fanaticos, mediocres, arribistas y envidiosos. Son los ingredientes básicos que llevaron a España al ostracismo durante más de cuarenta años en el siglo veinte y que lleva marchamo de meternos otra vez en otros cuarenta años de vaguedad por el desierto, apenas aparezca un iluminado Moisés que pretenda rescatarnos y señalar el desierto como la tierra prometida. Tal que así, algunos ya piensan que aquélla está en los medios de comunicación y que sus preceptos son más que creíbles a pies juntillas. Conozco, por ejemplo, fanáticos seguidores de Jiménez Losantos que siguen sus vomitonas radiofónicas y desarrollan o repiten como mantras esa putrefacción intestinal por las redes sociales o incluso en conversaciones de bar, como si un Cristo resucitado cualquiera impartiese sus preceptos incuestionables cual mandatos divinos; los pobres acólitos merecen aquello de 'perdónales señor porque no saben ni lo que dicen'. Y también los hay que siguen a rajatabla el catecismo de La Tuerca, impartiendo clases de civismo, buenismo, justicia social e izquierdismo como si de una catequesis suprema e incuestionable de "ismos" se tratara, donde todo cuanto se dice o se habla ha de ir a misa y replicar en voz alta allá por donde las iglesias de todas las confesiones habidas y por haber traten de inmolar al cristo de la coleta, porque debatir en contra del catecismo significará pertenecer a la otra orilla del río. 

Va siendo hora de que despierten del hipnotismo al que están sometidos desde todos los ángulos y le den a la maquinita de pensar. Dejen el televisor a un lado, desconéctense de Netflix, HBO, Movistar+ y todas las parafernalias varias que emiten por la tabla tonta (lo de caja ha quedado ya desfasado). Ahora más que nunca, este país se ha convertido en un antro separado por dos bandos: somos del Barça o del Madrid, del Betis o del Sevilla, de izquierdas o de derechas, somos de cerveza o de vinos, de campo o de playa, nocturnos o diurnos, veganos o carnívoros... nos situamos siempre en un extremo, en una orilla del río: o a este lado o a ese otro. No hay espacio para nada más, no hay espacios para la unión, para la tolerancia, para la concordia. Y lo peor: nos hemos vuelto una sociedad de intransigentes hasta la saciedad. No hay posibilidad de diálogo, consenso o debate. Todo ha de estar regido por el insulto, el grito y la blasfemia.

Ya que he aludido a él al principio, traigo aquí unas palabras de Arturo (sé que no cae bien a todo el mundo: si lees o reproduces cualquier cosa del susodicho, o 'estás conmigo o estás contra mí': recuerden, las dos Españas, eso es: o del Barça o del Madrid) que dijo en torno a la presentación de su libro "Hombres buenos" allá por el año 2015 (ya ha llovido un poco): "Somos un país con mucha memoria de la infamia pero con poca cultura para diluirla". Y así estamos, rememorando viejos éxitos bíblicos: la otra mejilla la va a poner rita la cantaora.

Mientras tecleo estas palabras resulta que hoy hace 79 años del final de la guerra civil española (1 de abril de 1939) y no puedo por más que traerlo a colación porque es un modo de recordar que, a pesar de que estamos al amparo de la Unión Europea (es un decir, somos uno de sus mejores clientes, nada más), y que vivimos en un estado de derecho (es otro decir, está tan partido en dos como el resto de las Españas), vivimos en el permanente riesgo de repetir viejos éxitos biblico-apocalípticos. Y es que, por aquellos años pre bélicos, España era un país adelantado a su tiempo. Jugábamos con los medios de información basándonos en un concepto por entonces desconocido pero que ahora es la panacea de toda plataforma de información, por pequeña que sea esta: la posverdad, esa cosa que no cuestiona si lo que se publica o se difunde es verdad o no, tan solo se cuestiona si ha de ser llevado a debate o no, independientemente de que sea mentira.

A fecha de hoy, no tengo constancia de que un medio de información haya pedido disculpas o haya rectificado sus informaciones falsas, a lo sumo un "fe de errores" o quizá una matización que enmascare la propensión DIARIA que tienen TODOS los medios de comunicación (sin excepción) a propagar la noticia que más y mejor vende, aun a riesgo de ser mentira; o peor aún, de ser una verdad a medias, o de ser una mentira con visos de ser verdad; y ya rizamos el rizo si eso ocasiona turbamultas, destrozos de mobiliario urbano, disturbios... Pongamos como ejemplo las recientes trifulcas sobre el mantero que falleció como consecuencia de una malformación congénita del corazón y que la prensa vendió como le dio la gana para captar más visitas y generar mejores ingresos por publicidad (he aquí la lucha por la supervivencia de todos los medios de información). Pueden leer desde aquí todo el hilo registrado a través de las distintas plataformas digitales, no digamos ya a posteriori con las grandes plataformas, mega 'mass medias', vomitando a sus anchas toda sarta de acusaciones e improperios (a cual más ingenioso), secundadas por los diferentes grupos políticos: acusaciones cruzadas, reproches sin límites, falta de decoro y respeto... Todo ello consecuencia de la prontitud, de la inmediatez para ofrecer lo más escandaloso y lo que mejor alarme a la población para poder vender la noticia, no es necesario contrastarla: se perdería tiempo y, lo peor, ingresos por visitas.

Se ha perdido en gran medida la esencia del periodismo, del buen periodismo. Esa esencia que se cuestionaba hasta la más mínima duda y que, a pesar de todo, salía a la luz, con más o menos mordacidad (dependiendo siempre desde qué lado se miraba el prisma) todo cuanto debiera verse, cayera quien cayese. No olvidemos que el partidismo siempre ha ido por barrios, pero en cuanto se ha tenido la oportunidad de ejercer como periodistas, ahí ha estado el medio para interceder entre el hecho y el lector, la sociedad. Hoy día la capacidad crítica del consumidor habitual de información  es proporcional al éxito de los planes de estudio de un estado de derecho que empieza a hacer aguas por doquier y la calidad de los ministros de cultura que han ocupado el escaño. Y una vez se dio el pistoletazo hacia la carrera de contar mentiras, todo el mundo quiere subirse al caballo ganador: eso se traduce al fin y a la postre en dinero, porque la polémica y el insulto genera ingresos, mucho más que cualquier otra noticia. "Un pueblo educado es un pueblo libre", decía Kant. Y España está sometida a una esclavitud que ya salpica muy muy de lleno a la justicia.

Voy a omitir todo el tema de Cataluña y el independentismo rancio, porque a la clase de chanza que está sometiendo al pueblo catalán unos cuantos indocumentados y faltos de ética, decencia y, sobre todo, educación, es injusto y claramente chabacano. Pero los prismas que tiene la justicia para decidir son claramente bipolares. No hace muchas fechas, una jueza absolvió a seis jóvenes cachorros neonazis que detuvieron en 2014 por pertenencia a grupo criminal e incitación al odio contra distintos colectivos desde sus respectivas redes sociales, propagando mensajes xenófobos, algunos de los cuales aún pululan como un virus por facebook y twitter. Lo que me preocupa del asunto es el doble rasero de medir. La policía no solo incautó abundante material de idiología neonazi, junto a banderas preconstitucionales y otros materiales utilizados para fines deportivos (bengalas, emblemas del colectivo Ultrasur,...) además de diversas armas blancas, sino que con el registro de propaganda fascista y manifiestos contra colectivos inmigrantes podría escribirse un libro. Sin embargo, para la jueza los delitos por los que se les acusaban "no se consideran probados" y, entre las razones, cito textualmente: la constitución española "no prohíbe las ideologías que se sitúan en los dos extremos del espectro político, tradicionalmente, y aún hoy, identificados como izquierda y derecha. Incluso podría decirse que tampoco prohíbe las ideas que, por su extremismo, se sitúen fuera de ese amplio espectro político, por muy rechazables que puedan considerarse desde la perspectiva de los valores constitucionales y de los derechos fundamentales y libertades públicas". Seguro que tras esto, se comió una ensalada de pasta acompañada de una espumosa Coca-cola zero y se quedó tan pancha, oiga.

Con esto quiero decir también que algunos utilicen la música para expresarse libremente, nos guste o no, en una mordaz y, en exceso, incisiva crítica (Valtonyc), o que otros que usen twitter (y ya es un viejo conocido por la Audiencia Nacional) para expresar con absoluta libertad toda su disconformidad con el supuesto estado democrático en el que vivimos (Pablo Hasel), parece que los derechos fundamentales valen para una orilla del río, pero para esta contraria no. Y sí, estoy de acuerdo con usted, que hay que tener muy mal gusto para decir barrabasadas por cualquiera de las ventanas de los patios de porteras que son las redes sociales. Indigna ver cómo un individuo puede a sí mismo llamarse ser humano y caer en la bajeza de utilizar el insulto y el desprecio, lo ratifico: no sólo es de mal gusto, sino de falta de educación. Pero aludo en favor de ellos con las mismas palabras que la jueza utiliza en su auto: la constitución española "no prohíbe (...) las ideas que, por su extremismo, se sitúen fuera de ese amplio espectro político, por muy rechazables que puedan considerarse desde la perspectiva de los valores constitucionales y de los derechos fundamentales y libertades públicas".

Que hay falta de respeto por cantar (dicen que es cantar esa especie de mantra monocorde que busca la rima constante, cosa que no secundo) contra personajes públicos y familiares reales, degradando y humillando, estoy totalmente de acuerdo: donde no hay respeto no puede uno esperarlo por mucho que a uno le disguste lo que ve. Pero la libertad de expresión, que a algunos parece que se les ha olvidado, viene a ser el lustre de una democracia. No encajan bien este tipo de axioma. Se puede considerar una falta grave contra cientos de víctimas de terrorismo llevar una banderola de ETA (enaltecimiento del terrorismo), pero es un simple chascarrillo llevar un símbolo que ha atentado contra millones (incluidos, también, españoles), porque las ideas son respetables ya que se encuentran fuera del espectro político, entendido así según siempre el auto de la jueza. ¿Qué hubiera pasado si estos neonazis hubieran portado esteladas? Ahí lo dejo...

En cierta ocasión la biógrafa de Voltaire, Evelyne Beatrice Hall, dijo: "no estoy de acuerdo con lo que dice, pero daría mi vida para que usted lo pueda decir". Y en esto consiste precisamente la democracia, la libertad de expresión y el estado de derecho: en poder defender las barbaridades que a algunos se les ocurre por el mero hecho de poderlas expresar, nos gusten más o menos. Y contrasta con ello hasta el hecho de que España es el único país europeo con sentencias judiciales en contra de los distintos canales de medios humorísticos y personas físicas por hacer y practicar humor, independientemente del buen o mal gusto empleado, por no decir ya de las incontables sentencias judiciales que atentan gravemente contra la cada vez más depauperada libertad de expresión. Y digo también depauperada porque el estado de derecho, que debería defenderla por encima de todo interés partidista, no mide con el mismo rasero y equidad todas y cada una de las aberraciones que se perpetran tras la pantalla, y cuyo cenit ha venido a secuestrar literalmente el contenido de un libro por atentar contra el honor de una persona sentenciada judicialmente pero absuelta por defectos de forma. Ni ese individuo puede dar crédito que hayan fallado a su favor, pero así está España, dividida en dos vertientes cuyo abismo va acrecentándose a medida en que vamos normalizando en nuestra conducta todos estos "chascarrillos", como decía el ministro.

Estas minúsculas gotas que caen A DIARIO como un finísimo chirimiri calan, querámoslo o no, en nuestra piel, se adhiere a los huesos, se infiltra por las venas hasta llegar a la sangre y en nuestro ideario se acomoda como algo normal, habitual. Lo único que puede salvarnos es la educación y la cultura. Espero y deseo que, por una vez, un ministro apueste de verdad por la educación, porque hasta ahora hemos tenido una mansalva de estúpidos ignorantes que a lo único que han contribuido es a embrutecernos cada vez más. No podría decir que lo hagan a conciencia, porque creo que de eso van escasos. Más bien de lo que andan sobrados es de picaresca y de chabacanería. Porque ni ellos mismos son conscientes de que el día en que se acaben los libros, la cultura, seremos seres embrutecidos por la incompetencia de los que se suponen adalides de eso que mal llaman cultura. A ellos les vale con llenarnos las pantallas de Madrid-Barça, de Sevilla-Betis, de Izquierda-Derecha, cerveza-vinos, campo-playa, veganos-carnívoros... Les vale con crear una corriente que separe las dos orillas del río cada vez más, en vez de crear puentes para poder acceder al otro lado.

Más nos vale retrotraernos a las escuelas griegas y aprender desde el principio cuales son los 'principios' (que valga la redundancia). Quizá por ello siempre resuena en mi cabeza el eco de un tal Aristóteles, sobre aquello de 'la política es la supremacía de una ideología sobre otra'. Y con cuánta razón hablaba que parecía profeta el tío. Lo único que interesa es el poder, los demás sólo somos simples números, simples objetos, simples peones en ese tablero de ajedrez en el que juegan. Más nos valdría empezar a dejar de faltar a clase y aprender de las lecciones de historia que están a flor de piel y tiene una pintaza de volver a convertirse en todo en un alzamiento de armas que pa que le cuento más... No obstante, para ejercer el poder de la  maquinita de pensar hace falta leer, leer para pensar, pensar para decidir, decidir para construir... y construir solo se consigue uniendo, no separando. ¿Es tan difícil de entender que el único modo de unir los dos extremos del río es creando puentes? "Podría decirse que" esa corriente del río "tampoco prohíbe las ideas que, por su extremismo, se sitúen fuera de ese amplio espectro político, por muy rechazables que puedan considerarse desde la perspectiva de los valores constitucionales y de los derechos fundamentales y libertades públicas". Todo cabe en un estado de derecho, hasta este chascarrillo, por burdo que parezca.








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Bocabaho

Traigo a la memoria un panfleto que escribí, recuerdo bien, bajo la influencia del alcohol (y, por qué no decirlo también, de la psicotropía de unas caladas del buen libanés). Aquello sucedió en el año 1994, parece que allá por el mes de mayo. Mi intención en primera instancia era plasmar aquí una perorata sobre la detención de Puigdemont y el independentismo, que ya hace aguas por doquier, porque construir un navío con un material tan endeble como el papel no podía tener otro final que el humdimiento (créanme si les digo que aludo a semejante connotación etimológica porque debieran ver esa película: Der Untergang (El Hundimiento, 2004), con un fabuloso, y a la vez cuasi cómico, Bruno Ganz en el papel de Adolf Hitler, con el que quería radiografiar el perpetuo estado de irresponsabilidad de los cuatro pelagatos que tienen a mal traer a la sociedad catalana). Pero al final he decido molestarles con un guiño del pasado que me ha llenado de nostalgia porque era un tiempo en el que escribía a bolígrafo todo cuanto podía y quería, y sólo pasaba a limpio cuando participaba en algún certamen literario (creía en la limpieza y honestidad de los concursos, hoy por hoy no por conocimiento de causa, e incluso sorprendentemente gané alguno que otro) o me iban a publicar alguna cosilla en alguna revista (era un tiempo en el que todavía se remitían los escritos por correo postal o por fax).

Al leer los trazos tan seguros y límpidos, a pesar de la perjudicada consciencia, me ha llenado de emoción ver que conservo ese papel y poder rescatar del olvido algo tan significativo para mí. Les pongo en situación. Durante los años 1994-1996 comencé a trabajar por las noches en un garito nocturno del centro de la capital, que de seguro los viejos rockeros de aquellos años conocerán si han deambulado por las calles de la vieja Málaga. Conocí individuos de los que podría escribir a buen seguro una novela de cada uno de ellos. Y quise retratar en aquel escrito el espíritu que se respiraba entre bambalinas, a todas luces fallido pero con más voluntad y prestancia que acierto me dispuse a divagar sobre compañeros, amigos y demás fauna nocturna sin más pretensión que el agradecimiento. Espero sean indulgentes con el que escribe, dado lo añejo del asunto y el ímpetu de la juventud. Decía así:


Semana tras semana observo a esos cavernícolas nocturnos pulular por doquier intercambiando sus pequeños tesoros por agua falsa de vida. Todos buscan como posesos un lugar donde cobijarse y no temer el engaño de las ratas de dientes de oro. Ese lugar existe y déjenme explicarles el porqué.

Alguien dijo que el estado ideal de una mente olvidada es observar la vida de forma rectilínea, invertida, hacia el suelo. Y es así de a gusto como un individuo siente las cosas más profundas y hermosas. Ése es el lugar, pero el porqué es algo más extenso.

En aquella cueva, los cavernícolas nocturnos se sienten apabullados por miles de razones. La gran mayoría aplauden la forma original de servir ese agua falsa de vida, pero se suele pedir dos veces porque de lo que se degusta con placer se suele repetir. Protegidos por una colmena de cristal, están los que ofrecen carcajadas bonachonas y automáticas, los que imitan peculiaridades de otros o la seriedad de una mueca simpática a tiempo compensado. Son los guardalíquidos de cuero y lágrimas los que imperan sobre el reino de las mentes olvidadas. Los sonidos de papel invisible merodean alrededor de todos envolviéndonos de un reino mágico de diversión y fantasía. A veces escapan de la realidad cuando los apretones de manos están sellados con la sangre del corazón. Es entonces, y no en otro momento, cuando brota en los cavernícolas nocturnos ese sentimiento de identificación con este reino.

Aquí es donde se produce el estado ideal de esas mentes. Donde se añoran amores olvidados por el tiempo, donde un sinfín de fábulas modernas se producen constantemente. Aquí es donde el líquido elemento corre por las cavidades sedientas de nuestras bocas gracias a un envase de extrañas formas pero reconocibles líneas geométricas. El juego que crea adicción sobre nuestra alma es inexpugnable. al igual que los irrecambiables servidores guardalíquidos de cuero y lágrimas. El tiempo tras esas colmenas de cristal les ha hecho ser tan duro como el cuero y sufridos como lagrimas amargas.

Bocabaho: este es el lugar. El estado ideal de las mentes olvidadas. Donde se producen hechos inenarrables y encantos venerados. Donde se disfruta con placer del agua importada del país de las faldas en recipientes de nenúfares. Donde el líquido elemento nunca tiene sabor, olor y color determinado o monótono y todo es una fantasía orgiástica multicolor.

Yo soy un simple 'escribidor' que presiente que nunca llegará al pedestal espiritual de las altas letras, porque pertenezco al reino de las palabras perdidas y desgastadas por la imperfección y allí me reconocen el mérito debido y justo, siempre junto a una botella de whisky.

Ante tal incertidumbre estoy seguro de que mientras la existencia del lugar al que dedico estas líneas se mantenga en pie, estaré allí para contemplarlo aunque mis células no se regeneren para ello; y aún no estando presente, quedará la incierta materia de mi espíritu.

La firma de un 'escribidor' perdido en el tiempo y en el reino de las letras gastadas por la imperfección, un cavernícola nocturno, una mosca de hierro y papel, una mente olvidada por el tiempo, chatarra de sangre y cielo, aquí se estampa. Por siempre jamás: Bocabaho.


Siento enrojecerse mis mejillas después de releer esta transcripción. Recuerdo bien el momento en el que escribí semejante incongruencia psicotrópica. Pero ahí la tienen, sin vaselina, ni correcciones. Un texto escrito junto a una botella de Jack Daniels y con un 'petardo' de marihuana entre los dedos mientras escuchaba 'Tormenta de tormento' de Corcobado y los Chatarreros de Sangre y Cielo. Sin aspiración alguna de querer aportar algo a la literatura (¿acaso alguien puede aportar algo nuevo sin mancharse de ignorancia las manos del ego?). Espero le sirva al menos de consuelo y de esperanza, sobre todo a aquellos que vivieron la nocturnidad y alevosía de refugiarse en alguna de las cuevas que abren a la noche para no morir por el sudor envenenado de una ceguera.








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Disfraz de invierno






Como confeti
se desgrana mi corazón
nevando sobre el balcón
de su indolencia,
polvo de estrellas
marchita la inocencia
reflejada en el espejismo
de un oasis.

Emboscado tras un cigarrillo
entorno los ojos para no mirar,
se engaña
vistiéndose de ángel
y las falacias
se hacen cargo de la despedida
para vestir de invierno
hasta el espejismo
de un oasis.

                      







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Gabriel

A mí, que me gusta escribir sobre lo que sucede a toro pasado, por aquello de que hasta el vino, cuando se asienta, cuanto más envejece, mucho más cuerpo y contundencia adquiere. Pero hoy hago una excepción y me he puesto a teclear esto como ejercicio rápido de elucubración y reflexión. Son las 00:35 del lunes 12 de Marzo de 2018. Hoy, que hace ya catorce años se perpetró el atentado terrorista más sangriento que sufrió este país en toda su historia, poco más se puede decir ya que no se haya dicho sobre el vil y cruel asesinato de una pobre criatura indefensa. El alevoso asesinato de un niño. Aunque por mi parte lo que me apetece es imaginar, bucear, nadar como pez en el agua en uno de los charcos que más cómodo me siento, que es en el de la palabra escrita. Quizá podría decirse algunas cosas más que pasan por mi cabeza. De él mismo, de otros niños como él que han sido asesinados por manos cruentas, por seres humanos,... porque el ser humano es así con su propia especie. 

Un niño como otro cualquiera, como el suyo, como el de su vecino, como el de su hija, como el de su cuñado, como el de su nuera,... que va al colegio, a primaria, con lo que le cuesta madrugar y lo remolón que es para salir de la cama. Hay que desayunar, hay que ir al cole. Da sus primeros pasos en esto del aprendizaje, con la inocencia intacta todavía y con la mente y la atención puesta en desear la hora del recreo para corretear por el patio con sus compañeros, quizá con su mejor amigo, con quien compartiría el desayuno. Los deberes son una lata. Las matemáticas, lo peor, pero lo sobrelleva bien. A poco que se despista la profe, se dibuja unos pececitos nadando por los márgenes del cuaderno, procurando no hacerlo en las fichas,o quizá unos muñecotes nadando por el mar por el que nadan esas criaturas marinas. 

A la salida del cole le espera mamá, que le ha preparado ese almuerzo que tanto le gusta, quizá unas croquetas que acompañen, pero ensalada no que la odia; le rechinan los tomates en el paladar, se le entremeten los hilachos de las hojas de lechuga entre los dientes. Oh, no, despereza quejumbroso sobre la silla. No me gustan los plátanos. Pero se lo come igual, ese que le ha pelado previamente mamá con habilidad diestra de amor y protección. Ni qué decir tiene que le encantaría tener un gran acuario donde naden a sus anchas varios Nemos y una olvidadiza Dory, que nunca recuerda nada de aquello que había hecho hacía un minuto. Los deberes para luego, ahora mejor visitar un rato la televisión para poder dejar volar la imaginación en brazos de los dibujos animados de Clan. 

Le encanta pasar rato con papá y Ana. Le encantaría conducir una moto también. O mejor pilotar uno de esos coches de rally, como ese coche que le regaló para los reyes. Ese coche con el que tantas veces jugó con Ana, la novia de papá. Le gustaba ir a comparar chuches con ella. Y pasear en su coche. Aunque ella no es divertida, y más bien le resulta antipática, lo pasa bien en casa de papá.

Ayer comenzó las clases de inglés. Quiere aprender idiomas para cuando salga a trabajar fuera de España. Ha terminado los estudios primarios y ahora anda enfrascado con el Bachiller. Su pareja le rinde cariño y amor a raudales. Estudian en el mismo Instituto. A ambos les gusta la fauna marina, ambos quieren estudiar biología en la universidad. Y les gusta el cine negro, con sus gangsters y sus investigadores privados y sus asesinos.

La universidad se le da bien, disfruta con lo que más le gusta. Mamá dice que debería haber escogido una carrera que le proporcionara un futuro estable, pero él dice que dónde hay futuros estables en el mundo en el que viven. Ya que estudio algo, que sea provechoso para la vida.

Un día muy importante para él y su pareja: el día de la boda. Muchos invitados. Mamá y su pareja están radiantes. Papá sigue soltero desde que se llevó el chasco tremendo que sufrió con aquella pareja dominicana que tuvo, Ana. Por poco no se le va la vida a pique, ella cometió un terrible delito al que quería cargarle el muerto y al final el susto todavía le dura. Prefiere mantenerse al margen y vivir solo.

Vive el día más feliz de su vida. Acaban de llegar a casa con su primer hijo. El pequeño Gabriel recién nacido que retuerce sus minúsculas manitas en el aire protestando por comida porque lloriquea pidiendo mamar de inmediato. 

La mirada de Gabriel se pierde de inmediato por el túnel de un vórtice que se retrotrae hasta el momento en que iba junto a Ana. Pero ella repentinamente sesga el tallo de la vida de una criatura indefensa y débil, inocente, con alevosía. Ya no habrá más madrugones para ir al cole, ya no habrá más recreos para jugar con los amigos, ya no habrá más dibujos después de comer, ya no habrá más fines de semana con papá, ni habrá clases de inglés, ni estudios de bachiller ni universitarios, no habrá pareja, no habrá descendencia... Porque alguien, jugando a ser Dios, decidió en un arranque de envidia, celos, odio, rencor... que el pobre Gabriel no merecía nadar más entre los peces de colores del ser humano, esa especie que se ha convertido en una patrulla perdida y prácticamente carece de camino capaz de reconducirlo o encontrarlo. Y en lo que otrora fue su paraíso, ahora mamá vivirá para siempre en un infierno del que nunca se recuperará. Dos asesinatos en uno.

Cuando un ser humano desea el mismo final que aquel que es capaz de sesgar la vida de alguien indefenso, no puede presumir de ser mejor. Desear lo mismo para el congénere que cumple su deseo, nos hace ser de la misma calaña y miseria. Y casi nos acerca a su calaña cuando, humanamente, caemos en el desprecio del insulto, la dedcalificación y el oprobio, aún siendo una reacción más que humana. Desear la justicia por nuestra propia mano nos pondría en el mismo rasero.

No merecería ni el aire que respira, lo admito. Es un pensamiento en voz alta, pero que no me definiría como ser humano. Gabriel no es más que la punta del iceberg de cientos de niños que desaparecen en este país y tienen la desgracia de no contar con la difusión mediática. Por mucho que lo intentamos por las redes sociales, tampoco lo consiguen esos niños que mueren sepultados bajo los escombros producidos por los bombardeos que asolan ciudades enteras. Ni qué decir tienen esos niños que mueren de hambre DIARIAMENTE, una muerte lenta y agonizante, que ni las lágrimas pueden paliar el dolor de tripas de un niño que desfallece en plena calle y acaba siendo pasto de los buitres. Perpetrar la muerte de un niño escondido tras el parapeto de un mortero, de un dron que bombardea sin piedad, de un AK47, del secuestro de las reservas de alimentos,... Esto que es capaz de permitir el ser humano contra su propio futuro, esto que es capaz de perpetrar sobre un niño, sea en el país que sea, da buena cuenta de que esa especie no merece más compasión que una cucaracha.

Tengo este privilegio de verlo todo por una pecera, y puedo comprender a Gabriel cuando preguntaba si los peces lloran. Claro que los pececitos lloran, Gabriel. Sólo quienes vivimos nadando entre lágrimas en la pecera de nuestro desconsuelo sabemos que eso es posible. Esta patrulla perdida debería plantearse seriamente dónde está su pecera, porque la ambición de sobrevivir constantemente fuera del agua nos está dejando sin aliento.








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Breves reflexiones sobre FRONTERAS DE SAL

Quizá no se haya enterado del asunto, pero aquí en Málaga, en este pequeñito punto geográfico del planeta tierra, apenas alcanzamos el millón de habitantes (censados somos unos pocos menos). No es nada, algo así como el 0,0012 % de la población mundial. Por si fuera poco, un pequeño grupo de personas que suponen aproximadamente el 0,0020 % de esos ciudadanos censados en Málaga, pusieron en marcha un proyecto solidario de concienciación que, a tenor de los números, pudiera parecer que estuviera destinado al fracaso a golpe de vista. Eso, como digo, según la aritmética. No obstante, cuando interviene el factor decisivo en todo embrollo que se precie, el humano, el verdaderamente humano, entonces toda cuadratura del círculo se convierte en motor de explosión natural, en corazón, en amor.

Sabemos que el AMOR (para los que lo tenemos como premisa) resulta ser el motor fundamental y único que puede conseguirlo todo, que puede derribar muros, que puede construir castillos imposibles apenas con granos de arena, que tiñe del mismo color las banderas del mundo,... que difumina las fronteras hasta hacerlas desaparecer como un puñado de sal en el agua. Lamentablemente los logaritmos y la frialdad de la perfección matemática en la que se basa la economía ciegan a la inmensa mayoría y empujan a pensar involuntariamente lo contrario... y voluntariamente también, ojo. Pero gracias a la solidaridad, esa ramificación del amor (no confundir con empatía, esa palabra errática con la que algunos quieren hacernos confundir lo puro con lo sucedáneo) se consigue poner en duda la efectividad de los números, que el ser humano no es simples dígitos que combinados a través del álbebra (curiosa palabra procedente del árabe que hemos hecho nuestra) da como resultado un cierto grado de productividad o validez. La solidaridad, palabreja que se utiliza impunemente y sin criterio, es, según la RAE, la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros. La solidaridad... metas, intereses, lazos sociales, ayuda,... todo apoyo desinteresado corresponde a la solidaridad, sin esperar recibir nada a cambio, solo la satisfacción que produce brindar una oportunidad a la esperanza, porque cuando hay un interés que tiene que ver con aplicar las reglas algebráicas o aritméticas, la solidaridad pasa a ser fácilmente una transacción comercial, tan sólo les separa un finísimo hilo, una frontera visible desde un mapa político pero impalpable pie en tierra. Sólo una excepción confirma esta regla: cuando dedicamos esas pautas matemáticas con el fin de obtener una transacción comercial y cuyo fin es un apoyo desinteresado a otra causa, entonces la solidaridad tiene valor múltiple.

Desde hace ya años, Malak Soufi, poeta, periodista, traductora y editora, además de haber trabajado para la prensa en árabe (agencia de noticias de Bahrein y en periódicos de Al-Zaman), tener publicados varios libros de poemas (Luna y Otros, Nostalgia, Granos de la Lluvia, Sin Comentario) y traducir más de 30 libros del árabe al español, ha estado implicada de lleno y trabajando activamente en favor de los refugiados en la isla de Lesbos (Grecia), quizá el punto caliente donde se sigue produciendo con más intensidad que en cualquier otro punto el flujo de refugiados de la guerra sin cuartel de Siria; casi no sabría uno definir qué clase de guerra es: civil, militar, económica o social (gobierno Vs rebeldes; ISIS Vs gobierno; rebeldes Vs ISIS; rusos Vs estadounidenses; estadounidenses Vs ISIS;  rebeldes Vs rusos; y así las ecuaciones invariablemente resultan  tener el mismo dividendo: el inocente pueblo sirio). Ella, tanto tiempo viviéndolo en primera persona, coincidió con un grupo de bomberos españoles en un restaurante de la isla griega, reponiendo fuerzas y tramando estrategias en su inexperiencia, por entonces, y ansias de lanzarse al agua para salvar vidas humanas que lamentablemente engullía, y sigue engullendo, un mar que poco a poco va tiñéndose de rojo, y lo que una vez fue "nuestro" la cruel voz poética (que la tiene) de la aritmética y el álgebra terminará por confundir en rima cómplice, múltiple, en trampantojo de letras:"muerto".

Malak se ha traído a Málaga las jornadas de concienciación social y solidaridad que desarrolló en Roma y que, de la mano de la Asociación Internacional Humanismo Solidario; con el escritor, poeta, crítico literario y humanista convencido que es don José Sarria a la cabeza; ha recalado en las conciencias de todos y cada uno de los asistentes a las numerosas citas que se programaron. Un total de 106 artistas de nacionalidades tan diferentes como dispares, multidisciplinar, unidos en un mismo fin: alzar la voz en apoyo de los que peor sufren las migraciones debido a conflictos bélicos y/o étnicos, junto a los Rohingyas, que no es otro sino el pueblo sirio: casi seis millones y medio de desplazados y cuatrocientos mil fallecidos; ni más ni menos que hablamos de una cifra cercana a la tercera parte de la población siria son ya refugiados. En cifras universales, supone apenas el 0,254% de la población mundial, de los que el 0,0054% resultan ser los fallecidos por causa de los desplazamientos migratorios, gran parte de ellos entre las costas de Turquía y Lesbos (Grecia). Es problema minúsculo y los porcentajes irrisorios, frente a la problemática migratoria global. Apenas captó la atención mundial durante breves fechas; las suficientes como para vender titulares y hacer caja, hasta que los titulares y la caja menguaron hasta perder rentabilidad. 'Bueno, ya sabemos que hay un problema ahí, como otros muchos problemas que pueblan el mundo'. La ONU sigue empeñada en dilucidar este conflicto con panfletos de papel mojado solicitando una tregua que nadie respeta porque existen intereses reales en torno a los recursos naturales del país por parte de las distintas facciones que allí se congregan para jugar al Risk.

Continúan ahogándose seres humanos en el mediterráneo, frente a las costas de Libia, entre las costas de Turquía y Lesbos (Grecia), por diversos puntos de las costas del mediterráneo... La diáspora, lejos de menguar, sigue sembrando caos y desolación por esa Frontera de Sal que es el mediterráneo y que va camino de convertirse en el mar muerto del siglo XXI. Y lejos de poder paliar esta criminalización de la condición humana (soñar, amar, vivir...), la vieja Europa se enzarza en inculpar a quienes tratan de arrimar el hombro para, al menos, suavizar la carga de llevar a hombros esos imposibles 'soñar, vvir, amar... El culmen se produce en la mdrugada del 14 de enero de 2016, cuando tres bomberos de PROEM-AID, recibieron el aviso de una embarcación que requería de más manos que las del patrón de aquella nao de salvamento, y sin ambages zarparon en ella para acudir al aviso de un bajel a la deriva que llevaba marchamo de naufragio. Una vez tomado el rumbo al objetivo, las autoridades helenas aseguraban que la embarcación había cruzado ilegalmente las aguas turcas y, tras remolcarla, a ojos de la policía costera helena, los tomaron por traficantes de personas. Así lo relataban en vivo y en directo en el salón de actos del CAL (Centro Andaluz de las Letras) el miércoles noche, 14 de febrero. Actualmente acusados de tráfico ilegal de seres humanos por parte del gobierno griego, esperan juicio en apenas un par de meses, ante la impasibilidad (casi diría complicidad) del gobierno español que, con esa tesitura sobre la mesa de cualquier lujoso despacho aislado hasta de la polución de la urbe, parece haber hecho oídos sordos: es comprensible que así sea, puesto que se comprometió a acoger a 17.337 personas ante las instancias de la Unión Europea que tendría que haberse producido en los dos años que tenía como margen, desde Septiembre de 2015, y la fecha límite se cumplió el mes de Septiembre del pasado año (cuánto bien pudieran hacer en esas localidades del interior que desaparecen sin remedio aparente y que pudieran repoblarse de un modo tan sencillo como este, por poner un simple ejemplo de voluntad política). No podemos esperar de alguien que se compromete a construir una casa y huye con el dinero que nos ayude a descargar los ladrillos del camión.

El giro a la derecha de las políticas migratorias poco a poco, gota a gota, va permeando en la población europea con esa idea del riesgo por acoger refugiados, 'nos quitarán el pan y la sal de nuestras mesas', 'nos desplazarán en el mercado laboral'...: el miedo a lo desconocido, tan innato, tan humano, un arma tan nociva y de destrucción masiva más potente que cualquier misil explosivo jamás creado por el hombre. No, la solución no es que cada ciudadano acoja un refugiado en su hogar, por ejemplo, como esgrimen a pie juntillas los infectados por ese virus tenebroso del miedo, ese cántico de 'hooligan' que tiene la consistencia sólida de la leche condensada. Eso es un trabajo que ha de comprometerse Europa, sus mandatarios, sus ideólogos, sus gobiernos. Un problema político no puede depender directamente del ciudadano de a pie, y menos si la raíz es un conflicto bélico. Si Europa restableciese en su lugar toda la riqueza que usurpó a la vieja África, por poner tan solo uno de los muchos e infames ejemplos, tal vez no hubiera existido nunca (ni existirían en la actualidad) los centenares de conflictos bélicos que han hecho las delicias, por otra parte, de los señores de la guerra de la propia Europa, de la Unión Soviética (antes) o de Rusia (ahora), de Estados Unidos, China, Alemania... Y aun así, las matemáticas no mienten. La Unión Europea, 580 millones de habitantes, se comprometió a acoger a 160.000 refugiados: el 0,275% de la población total. El viejo continente tiene localidades suficientes como para permitirse acoger a un refugiado en cada una... pero a fecha de hoy, tan sólo Alemania está entre los diez países que han acogido a más inmigrantes, el único de la Unión Europea. ¿El coste? Apenas supondría unas migajas para los gobiernos europeos: ¿Dónde está el famoso 0,7% para ayudas al desarrollo? Álgebra fácil: PIB zona euro, 10.788.818.000.000; el 0,7% de dicha cantidad: 75.521.726.000. ¿Hay dinero suficiente para paliar las necesidades, no solo de los refugiados, sino de los ciudadanos que padecen pobreza y necesidad en la vieja Europa (y solo hablo de la zona euro)?

Como ven, es sorprendente la perspectiva global que es capaz de ofrecer los números, siempre depende de qué prisma utilizamos para ver las matemáticas. Cuando generalizamos un problema global con números globales, apenas supone unos granos de arena para todo un bancal de la calita más encantadora. Lo propuesto por Fronteras de Sal la pasada semana del 13 al 16 de Febrero, y que se rubricó con una exposición heterogénea de arte en el Centro de Estudios Hispano-Marroquí el pasado 20, y estará hasta el mismo 20 pero de Marzo, desearía fuese una piedra más en ese camino, en ese puente, entre este y el otro lado del mediterráneo. A pesar de la mancha que ha supuesto que lo más granado de la cultura malagueña (¡qué coño! ¡¡Todos los ámbitos de cultura en general, de un extremo al otro!!) ha obviado unas jornadas que pocas veces se han producido en la ciudad del paraíso. No he conocido ciudad más cainita que esta, pero es comprensible que en la ciudad del paraíso, del Edén, se de hasta con agravante esta figura retórica, la del asesino de su hermano..., el más cercano es a veces el peor de los enemigos. Probablemente luego saldrán a la palestra tantos y cuantos ofreciendo galas y eventos solidarios, más orientados al exhibicionismo egocéntrico de los participantes que al fin por el que se dedica el acto en sí. El éxito que ha supuesto ver a jóvenes y mayores que de verdad se interesaron por la cultura y la solidaridad, nos han hecho soñar que es posible poner nuestro granito de arena para revertir esta situación generalizada. Una situación que no podrá depender nunca de los falsos mentideros solidarios que solo buscan sacar a pasear las plumas de pavo real y envanecer un poco más el ego a tantos y cuantos, como no podría ser de otro modo en un paraíso lleno de animales elefantiásticos y extraordinarios que necesitan alimentarse vanidad. A toro pasado, todo el mundo quería haber sido solidario... pero no hubo tiempo en las apretadas agendas, lástima. Aún están a tiempo, pero no para levantar el dedo y decir "estoy aquí" para salir en la foto, sino para arrimar el hombro entre los nadies y luchar por que sus sueños sean también parte del nuestro, "la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros" sin esperar nada a cambio, eso SÍ es SOLIDARIDAD. Pronto, tres bomberos españoles, de los que han salvado miles de vidas ya, se enfrentan a un juicio sumarísimo en los tribunales helenos, acusados de tráfico ilegal de personas en las costas de Lesbos (Grecia). Necesitan de tu apoyo en silencio, unos hombros solidarios necesitan de una simple transacción comercial para convertir en un gesto prosaico en uno poético, dando como resultado una acción doblemente solidaria. Son pequeños granos de arena que pueden llegar a ser piedras que tiendan un puente entre las dos orillas del mediterráneo. Ayuda a ayudar...

PROEM-AID:
Directamente por PayPal: ----->  AQUÍ
Transferencia bancaria:
Triodos Bank / Asociación Proem-Aid  IBAN: ES49-1491-0001-2021-7549-1022


Apenas hemos sido el 0,0020 % de la población malagueña, pero trabajamos como si hubiésemos sido el 99,9980. Aún queda mucho trabajo por hacer y tú puedes ser una parte de todo esto.







LOS NADIES

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva pronto la buena suerte,
que la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,
ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,
rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones,
sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos,
sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal.
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies,
que cuestan menos
que la bala que los mata.

© Eduardo Galeano.





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Sobre este blog

Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra. Son tantas cosas las que incluir, que poco a poco voy actualizando en la medida de lo posible: fotos, cine, poesía, literatura...

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