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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Mamá, quiero ser poeta (6)

(Viene de capítulo 5)

MAMÁ, !QUIERO SER POETA!

Tras la parrafada de la semana anterior (algunos al parecer se han visto reflejados y se ratifican a sí mismos como ignorantes afectados de titulitis, que esputan estupideces científicas comparando una reflexión personal con un ensayo), y las de todas semanas anteriores, seré escueto en esta travesía. Ahora bien, después de cinco semanas y con todo lo que se ha vertido hasta ahora, podrá pensar usted, querido lector, si ha seguido esta capitulación, que resulta realmente complicado aspirar siquiera a ser poeta. Y no le culpo, no es baladí el asunto, aunque se sienta confundido porque ha observado que hasta el vecino del cuarto (que nunca ha leído siquiera a Elliot, Pessoa o Mayakovsky, como quien dice) se echa a la calle a leer sus poemas buscando los aplausos de todo aquel que disfruta con el regalo de sus oídos, y se reconoce a sí mismo ante los demás como POETA. Entonces, después de tantos 'inconvenientes' de por medio, ¿se puede ser poeta de los pies a la cabeza hoy en día? ¿Es que para escribir poesía hay que tomar tantas precauciones, tantas cosas en cuenta, hay que conocer tantas cosas y hay que estudiar tanto? ¿Acaso la poesía, el arte, no debe ser libre, y que cada cual escriba "lo que sale del alma" o "de las entrañas"? Estas cuestiones será mejor que la responda Rilke (otro de esos que el vecino del cuarto ni siquiera ha oído hablar de él). En la primera de una serie de cartas dirigidas a un cadete de la escuela militar astrohúngara, que decía ser un joven poeta (y al que al parecer le quedaban aún muchas batallas por librar para alcanzar ese estatus), Rainer María le aclaraba con simpleza, y al mismo tiempo contundencia, qué era lo que se necesitaba fundamentalmente para ser poeta: 

"Pregunta si sus versos son buenos. (...) Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un medio. Entre en sí mismo. Investigue el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir. Sobre todo, pregúntese en la hora más callada de su noche: ¿Debo escribir? Excave en sí mismo en busca de una respuesta que venga de lo profundo. Y si de allí recibiera una respuesta afirmativa, si le fuera permitido responder a esta seria pregunta con un fuerte y sencillo «debo», construya su vida en función de tal necesidad; su vida, incluso en las horas más indiferentes e insignificantes, ha de ser un signo y un testimonio de ese impulso. Después, aproxímese a la naturaleza e intente decir como el primer hombre qué ve y experimenta, qué ama y pierde.

"No escriba poemas de amor. Al principio, eluda aquellas formas que son las más corrientes y comunes; son las más difíciles, puesto que se requiere una fuerza grande y madura para expresar una personalidad propia allí donde existen en gran medida tradiciones buenas y, en parte, hermosas. Por eso, póngase a salvo de todos los motivos generales y preste atención a lo que su propia vida cotidiana le ofrece; describa sus tristezas y anhelos, los pensamientos fugaces y la fe en algo bello; descríbalo todo con sinceridad íntima, callada y humilde y, para expresarse, sírvase de las cosas que le rodean, de las imágenes de sus sueños y de los objetos de sus recuerdos."

En una palabra: espectacular, casi diría 'Messiánico' (sí, con dos eses). Podría decirse incluso que todo esto que explica con tanta nitidez Rilke carece siquiera de reflexión. Lo vuelvo a reseñar de nuevo para recalcarlo: "Entre en sí mismo. Investigue el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir. Sobre todo, pregúntese en la hora más callada de su noche: ¿Debo escribir? (...) si le fuera permitido responder a esta seria pregunta con un fuerte y sencillo «debo», construya su vida en función de tal necesidad..." Sobre todo uno ha de ser sincero consigo mismo e intentar tener visión de futuro. Y lo más importante: si lo que uno va a escribir va a servirle de apoyo, de aliento, de alimento (no me refiero al pan, sino al alimento intelectual y espiritual) a lo largo de la vida. Siendo así, como apuntó Rilke, entonces viva su vida en función de esa necesidad. Rimbaud va a apuntalar esto precisamente en una síntesis sin igual: "Quiero ser poeta y me estoy esforzando en ser vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas sé si yo sabré expresarlo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos." Al decir vidente Rimbaud quería referirse a ir más allá de lo que en realidad se ve literalmente, en traer al más acá lo que ve más allá de lo que ve cualquier otro ser humano que no tiene esa capacidad de entregar la vida a la poesía, a escribir, pero quizá sí de apreciarlo. Uno ha de ver más allá de lo que tiene en las narices, ha de procurar ver en lo cotidiano el significado de lo que no ve habitualmente el resto de los mortales que sí podrán apreciarlo cuando uno lo descubra. Esto no va a ser posible sin 'construir su vida en función de su necesidad' de escribir. Si usted puede prescindir de la escritura para poder continuar su vida como un ser humano más, quizá este acto de poner una palabra tras otra para construir ideas, historias, sentires y emociones le reste un tiempo valioso de vida que nunca volverá a disponer de él. Si lo que persigue son unos pocos momentos de gloria frente al atril para disfrutar de unos pocos aplausos y halagos de amigos y conocidos, descubrirá que el helio que infla el ego desaparece como el que contiene un globo abandonado en una habitación, cuya fuerza se apaga poco a poco hasta desaparecer.

"A lo largo de mis años he profesado la pasión del lenguaje", confesó en alguna ocasión Borges. Y es que, a fuer de repetirme, estaría hablando y recordando cosas, circunstancias y detalles de grandes maestros que me dejo en el tintero y me ayudarían a reflexionar y ahondar aún más: Elliot, Auden, Juan Ramón Jiménez, Unamuno, Mayakovsky... se me haría interminable. El cómo uno puede llegar a ser poeta o escritor, aunque pueda parecer algo banal en muchos de los casos, tiene la raíz, por último, en tres palabras: trabajo, trabajo y trabajo. Cada uno lo vive y lo siente en sus carnes de diferentes formas, pero cuando llega, cuando uno siente que eso está ahí, ya tiene la referencia de todo lo que uno ha de calibrar para llegar a serlo. Recuerdo ahora la anécdota que contó una vez el poeta Ángel Mendoza, enternecedora, que resumo: Andaba jugando con sus amigos allá en el Puerto de Santamaría y vio pasar a Alberti, que se dirigía al bar. A él le parecía un personaje súper importante y tenía oportunidad de conocerle de cerca. Ya sabía de su presencia y existencia y conocía de oídas que resultaba ser un poeta importante. Se acercó al bar para conocerle; dice el niño Ángel Mendoza: “hola, ¿qué hay? Yo lo admiro mucho a usted” 'y él se reía mucho y me preguntó:' “¿Tú qué quieres ser de mayor” y le dije “yo quiero ser poeta”  'y entonces él me dibujó en una servilleta una paloma, una paloma que, por cierto, he perdido. Y me dice:' “Mira, si tu quieres ser poeta  tienes que hacer dos cosas: primero tienes que estudiar mucho y luego tienes que hacer mucho caso a tus padres”

Un último apunte al respecto sería el que aporta Luis García Montero (por aquello de que para él también fue Alberti un referente) sobre cómo llegó a esto de la poesía. Cuando se le preguntó acerca de ello (¿Hubo un momento en el que dijo “quiero ser poeta”?) "Lo viví como un sentimiento que se fue tejiendo poco a poco. Las primeras emociones me llegaron no solo de mano de los poetas, sino de algunos cantautores como Serrat, que musicó a Machado. Cuando entré en la universidad en 1976, ya tenía consolidada una vocación en la que el compromiso cívico y la rebeldía eran inseparables de la escritura”. Cada cual llega como quiere y como puede, pero tras ello hay que "estudiar mucho" y consolidar "una vocación". Y estos son los pequeños grandes secretos que uno ha de tener en cuenta si desea verdaderamente ser poeta antes de fijar referencias adicionales que ya se han dejado atrás en los capítulos anteriores. Recuerde, no obstante: "descríbalo todo con sinceridad íntima, callada y HUMILDE". Y sobre todo camine sobre esas dos piernas que sostienen el alma del poeta: vocación y trabajo.

(Continúa 30/10)





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Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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