Twitter Facebook Delicious Digg Stumbleupon Favorites More
Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Mamá, quiero ser poeta (3)

(Viene de capítulo 2)

REFLEXIÓNES SOBRE POESÍA CONTEMPORÁNEA

Ni que decir tiene, a colación de lo que es poesía y de qué ha de ocuparse, que no podríamos seguir hablando de ella si no la entendemos como lo que es: lírica. El axioma es meridiano: si no hay RITMO, no hay poesía, ese es el postulado que podría sintetizar todas las diatribas que pudieran esgrimirse al respecto. No, no estoy diciendo que sea música. La música depende de tres aspectos fundamentales: el ritmo, la melodía y la armonía. Otro concepto erróneo que se ha dado a propagar por doquier y que sin embargo ese concepto se derrumba nada más conocerlo.

A veces aparece que una concatenación de palabras escogidas al azar, cuya rimbombancia sonora truena sobre los tímpanos de todo el que la oye declamar, o explosiona en la retina de quien lee, resuena cual címbalo aporreado sin ton ni son como pompas de jabón resopladas por los labios de un crío; dan impresión falsa de 'musicalidad' por su rimbombancia florida, aunque en la mayoría de ocasiones ni siquiera comprenden sus propios autores qué demonios han escrito o qué quieren decir con ello: no hay RITMO, cadencia, en la grandilocuencia hueca de la susodicha rimbombancia. Incluso hay ocasiones en que una redondilla cuadrada a la perfección, por ejemplo, llevaba marchamo de gol, pero se quedó en fuera de juego a pesar de esa rima cadenciosa, tan sólo porque carece de ritmo el desarrollo entorpecido de los versos: musicalidad, o ritmo, no es sinónimo de 'rima' (asonante o consonante); y con eso y un bizcocho desayunamos todos los días.

Sin embargo he oído poemas de boca de sus propios autores que, amparados en un verso libre, dan la impresión de transmitir de fondo un sonido similar al del laúd, el violín, o el clarinete apoyando la sinfonía de las cuerdas, como si las notas musicales se desplazaran por la sala cual dientes de león empujados por el soplo de cada verso. Eso es poesía: musicalidad de fondo (no sólo de forma), ritmo, cadencia; pero que no quiere decir que eso sea de por sí música, eso es otra cosa. Habría que aclarar que en los inicios de lo que se dio a llamarse 'literatura cantada', su destino no estribaba en una lectura sin más, ya que era necesaria la 'representación' musical en un auditorio ante espectadores; esto, en síntesis, grosso modo, era el objeto principal de lo que representaba en la antigua Grecia una especie de literatura "interpretada" y que a posteriori se le dio a conocer como "ποιέω / ποίησις": 'hacer' o 'fabricar' una 'composición', 'creación' o 'poema': poesía(*). Sobre ello cabría todo un ensayo, como ven, y yo, la verdad, no ando por aquí para peroratas. Dejemos que los que indagan, investigan y sientan cátedra sobre el tema sigan iluminándonos, que yo iré transmitiendo en pequeñas paráfrasis. Aunque quizá vendría bien descontextualizar todo el entramado sobre el que se construye la poesía en la actualidad leyendo "Prosa reunida", de Wislawa Szymborska. Como agente anticonceptivo no está nada mal y aprenderá el lector a salir del trance poético y a reírse fuera de contexto de la subjetividad lírica.

Y ya que hemos sacado a relucir de puntillas la Grecia clásica, traigo a colación un punto de inflexión sobre el que meditar. Durante ese período heleno, la enseñanza se impartía en especies de academias. Las primeras fueron las de Platón. Eran espacios para la reflexión, la conversación, la experimentación. El debate era fundamental y para debatir era necesario argumentar. La educación que tenemos hoy deriva de la Prusia del XVIII, cuyo objetivo era obtener un pueblo obediente, dócil y preparado para la guerra. Como decía aquel ministro prusiano, Friedrich von Schrötter, "no somos un país con un ejército, sino un ejército con un país". La educación hoy día difiere poco de aquella implantación prusiana a todos los ámbitos y a nivel mundial.  Dicho en pocas palabras: se nos enseña a competir, la competencia es el inicio de cualquier conflicto, y los conflictos suelen derivar en cualquier clase de guerra. Pero, ¿qué demonios tiene que ver la educación con la poesía? ¿No acabas de decir que la poesía es ritmo, cadencia, musicalidad? ¿Acaso está hecha para generar guerras? Tal vez no tenga demasiado que ver en todo esto a vuelapluma, y sin embargo mucho más de lo que parece. A veces tenemos la creencia de que vivir en una época donde cuesta imaginar siquiera el horizonte del futuro, aún es más costoso reconocer dónde se ha quedado el pasado, porque sólo lo vemos o asentimos que fue así sobre el papel y es imposible recordar lo que no se ha vivido. Por lo que el ser humano tiene tendencia a creer que aquello que no es actual, lo que no es contemporáneo, sólo existe como dogma de fe. A partir de aquí llegan los conflictos.

En Febrero de 2017 tuve la oportunidad, el privilegio, de coordinar y presentar una conferencia que se desarrolló en dos partes y creí más que necesario, dado el impacto y la explosión de poetas y rapsodas por doquier. La ponencia llevaba como título "Tendencias y estéticas en la poesía española contemporánea" y la impartieron el poeta, ensayista, crítico literario, conferenciante... José Sarria,  quien se encargó de la "Creación  poética y recorrido histórico desde inicios del s. XX hasta hoy"; y el también poeta, escritor, ensayista, crítico literario, conferenciante... Francisco Morales Lomas., que nos habló de la "Situación actual de la poesía contemporánea. El Humanismo Solidario como propuesta estética". Podría decirse que fueron los detonantes que me impulsaron por entonces a pensar en soltar esta parrafada que ya corre por este tercer capitulo. Sarria apuntó con valentía y no menos acierto sobre el sorprendente crecimiento del "ratio de poetas (o autodenominados poetas) por metro cuadrado en la última década. La eclosión, en los últimos años, de un tsunami lírico ha hecho aflorar, aquí y allá, lecturas, presentaciones y disímiles logias del verso, y en algunas (quizá demasiadas) ocasiones, del ripio intrascendente". No podría estar más de acuerdo, atendiendo simplemente a lo ya desarrollado por aquí y que ahora está uno por soltar varios platos fuertes para comprender el porqué; aunque ya dejé caer una de las razones por las cuales sucede esto: la dislocación de la contemporaneidad y los numerosos adeptos que brotan por doquier ante la ausencia de referencias grupales que aúnen criterios tanto de conducta como de dedicación.

Y recuerden aquello que soslayé en un principio (Ben Lerner "El odio a la poesía") desde pequeños se nos inculca que todos somos poetas por el simple hecho de que estamos hechos de sentimientos; ¿y qué es la poesía sino sentimientos? Bajo esa premisa, sólo necesita unas horas de consulta y otras más de práctica, y se convertirá en todo un genio de las letras. Y cuando cada soldado hace la guerra por su cuenta, al final acaba perdiéndose la batalla y el caos acaba imperando en el reino del desastre. Quizá pudiera traducirse en falta de liderazgo, aunque esto sí parece trascender debido a la existencia de corrientes independientes que funcionan en algunos casos, como mencioné en el capitulo anterior, como un régimen endogámico ('los nuestros son los mejores y el resto es basura', ha llegado a confesar, en síntesis, quien el tiempo va poniendo en el lugar de la mediocridad que le corresponde).

Quizá hiciera falta aclarar algunos conceptos sobre lo que significa la poesía, no lo que es, porque creo que ha quedado meridianamente claro al principio. De hecho, el DRAE define 'poesía' como "manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa". Y ese sentimiento estético tiene su origen de manera y forma ya sugerida. Pero no seré yo el que transmita lo que significa, lo harán algunos de los grandes maestros de ayer y hoy, cual altavoz contemporáneo. Porque parece que todo el mundo tiene conciencia del significado lírico, pero sólo en la teoría. En la práctica se observa que se deja mucho que desear.

Silvia Adela Kohan (filóloga, autora de varios libros sobre técnica de escritura, así como creadora en 1975 de los talleres de escritura Grafein y fundadora de la revista 'Escribir y Publicar', de la que es directora) comenta con un acierto propio de maestra asaetadora del bosque de Sherwood, que "el poema no es un fragmento de la vida del poeta, sino una realidad transfigurada", que traducido viene a ser algo así como 'la vida personal del poeta no le interesa a la propia poesía, así que mucho menos a nadie, porque resulta intrascendente': un dardo en el centro de la manzana. Pero quizá pudiera estar en contradicción con lo expresado por el maestro Benedetti, en una entrevista de las muchas entrevistas concedidas, esta vez para la revista cultural del diario El País, Babelia, en la que respondía a las preguntas de rigor respecto de la salida de su libro de relatos 'Vivir adrede'. "En estos libros, en los poemas, en Vivir adrede, hay como una tachadura de lo que ve...". El bueno de Benedetti confiesa a la sugerencia del entrevistador: "Es como si descubriera el dolor que ha pasado, y el que me ha pasado, y empezara a tachar, sí; hubo cosas en el pasado que dolieron mucho, y que me dolieron mucho. También aparece eso en lo que uno escribe...". He querido resaltar en negrita y cursiva la palabra 'aparece', porque no es baladí que el maestro se haya expresado así. Veamos entonces por qué no es una contradicción.

Uno puede hacer aflorar aquello que le duele, aquello que vive, aquello que siente, a través de las palabras. Pero la diferencia entre la narración y la poesía es la descripción. Lo era en la Grecia Clásica y sigue siendo así hoy. Como añadido, la diferencia está en la actitud del lector. Hacer una descripción embellecida por hermosas palabras sobre una puesta de sol, o quizá una confesión lánguida del dolor sufrido por el abandono de un amor, o el beso apasionado y sensual de una pareja pudiera parecer poesía. Quizá lo describa mejor Pepe Sarria en la continuación de aquella conferencia abisal en la que tuvieron que estar presentes desde lo más granado del panorama poético hasta los principiantes que así creen estar en posesión de su verdad poética (pero, claro, son tantas las corrientes 'únicas' y excepcionales que cohabitan cual cipreses erguidos e imponentes que esos propios árboles les impiden ver el bosque): "La vida, en su conjunto, está llena de percepciones naturales, de ciertos hechos cargados de "sustancia poética". Es lo que llamamos el HECHO POÉTICO. Cualquier persona puede percibir y percibe la carga lírica que contiene un magnífico amanecer, una espléndida sinfonía o la contemplación de “Las tres gracias” de Rubens y estos actos pueden activar el sentido de lo lírico, reproduciendo la calidad de “lo poético” en el receptor. Aunque asequible a todos los seres y, además, sustancia imprescindible, material de trabajo, EL HECHO POÉTICO NO CONSTITUYE, EN SÍ MISMO, POESÍA, a la cual se llega a través del ARTE POÉTICO. No todo “hecho poético” se transforma en poema. Será precisa la concurrencia de una mujer o de un hombre, con la capacidad de interpretar y transformar ese hecho, transfigurarlo con su trabajo...".

El sentimiento estético requiere de ciertos parámetros. El poner de manifiesto un hecho poético NO ES en sí mismo poesía. La transfiguración de la realidad, ese es uno de los báculos donde se sostiene, es un sentimiento estético. La literalidad corresponde a la prosa o la narración. Lo vivido es, a priori, necesario que aparezca en la poesía; que APAREZCA, como decía el propio Benedetti de su cosecha, no que se haga presente. Ciertamente, lo hermoso, lo bello, constituye en sí mismo un hecho poético, qué duda cabe, pero no lo es en sí mismo por el simple hecho de ser bello. En cierta manera uno tiene que aprender a fingir sobre la realidad para expresar lo bello y lo estético, conceptos altamente subjetivos: lo que para usted es bello para mí probablemente sea una banalidad sin sentido. Y es que, amigos, como escribió Pessoa la poesía es el arte del 'fingidor'. Por si alguno no leyó el poema, aquí lo dejo: "El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente / que hasta finge que es dolor / el dolor que en verdad siente. / Y, en el dolor que han leído, / a leer sus lectores vienen, / no los dos que él ha tenido, / sino sólo el que no tienen. / Y así en la vida se mete, / distrayendo a la razón, /y gira, el tren de juguete / que se llama corazón". Ahí es nada... creo que se explica por sí solo.

Pero no se vayan todavía, aún hay más. Porque en apariencia he atribuido características de caos a todo lo expresado y en modo alguno: al final todo cobra sentido. He de decir, antes de nada, que en lo personal no me cae excesivamente bien el maestro Borges (apoyó las dictaduras de Videla y de Pinochet; un gran manchurrón en su presencia intelectual universal), además de ser un individuo ciertamente controvertido, que arremetió incluso contra Baudelaire o Lorca. Pero, al margen de mis encontronazos en lo personal con el maestro, lo cierto es que Borges coteja cuál es una de las diferencias sustanciales entre prosa y verso: "Ante una página en prosa, el lector espera noticias, información, razonamientos; en cambio, el que lee una página en verso sabe que tiene que emocionarse. En el texto no hay ninguna diferencia, pero en el lector sí, porque la actitud del lector es distinta".

Escribir frases bonitas
por el simple hecho de enarbolar
la bandera de lo poético,
no significa que uno nade suaevemente
sobre el estanque azul de la poesía.

Si volvemos a retrotraernos a lo que hemos dejado atrás, en apoyo a lo que hablamos sobre la transfiguración de la realidad, precisamente la fase primaria que tiene el poeta de llegar al lector es la emoción, la capacidad de emocionar. Provocar una actitud distinta al lector, no sólo porque el libro en cuestión diga que su contenido son poemas. Aquí radica una (y creo que la más grave) de las confusiones por las que la ciclogénesis bucólica en forma de estallido mediático que está teniendo la poesía es no saber diferenciar entre capacidad de emocionar con escribir paráfrasis emocionantes. Y cito por tercera y última vez al poeta José Sarria: "Las nuevas hornadas (por no decir hordas) de supuestos poetas se limitan a poner sobre un papel en blanco lo que piensan, lo que “sienten” (“es lo que me sale de dentro”, dirán algunos), con la pretensión de dar a ese texto calidad de poema. La poesía no es, no puede ser, un relato personal, un diario sentimental, ni un espejo del poeta. Las realidades del poeta, sus experiencias, deben de servir como excusas, como elementos transformadores de la realidad personal para universalizarse a través de los versos".

Es posible que la soberbia haya hecho mella en algunos de los que hasta aquí hayan leído estas reflexiones en voz alta. Suele ser habitual, nos lo contará Gombrovicz más adelante. Y es precisamente aquélla, sumado al henchido orgullo, los que hacen poner vendas en los ojos a tantos y tantos incautos. Su material 'excepcional', sus textos 'originales', sus modos únicos de plantearnos los versos..., a veces a uno le da la sensación de vivir entre absolutos genios. Todos, algunos con mayor profusión que otros, denuncian plagios y copias de aqueste poema o aquel otro verso, con una inefable caterva detrás aplaudiendo públicamente la denuncia y rogando por Dios que haga público el nombre del incauto o incauta para hacer escarnio de su persona. Pero, continuando con las reflexiones de Borges, la originalidad en los escritos, en estos tiempos contemporáneos, "es imposible. Uno puede variar muy ligeramente el pasado, cada escritor puede tener una nueva entonación, un nuevo matiz, pero nada más. Quizá cada generación esté escribiendo el mismo poema, volviendo a contar el mismo cuento, pero con una pequeña y preciosa diferencia: de entonación, de voz, y basta con eso". Creo innecesario ahondar más porque el maestro es impecable, claro y conciso en el asunto. En la humildad de saber reconocerlo está la grandeza del autor, de los autores que así lo estiman y consideran. Todo aquel que crea en el plagio, debiera ser honesto consigo mismo e ir a denunciar los hechos al juzgado correspondiente. Airearlo desairadamente (permítame la redundancia cacofónica) lleva implícito el reconocimiento de uno mismo sobre su genialidad, sobre su absoluta e implacable creatividad, inigualable allende los mares; el reconocimiento subjetivo de ser diferente a todos los demás, digno de ser pisoteado y copiado por la escasa profusión de creatividad del resto de los mortales que lamentablemente se encuentran en inferioridad intelectual...





Licencia Creative Commons
© Daniel Moscugat, 2017.
® Texto protegido por la propiedad intelectual. 
Share:

0 comentarios:

Publicar un comentario

Sobre este blog

Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra. Son tantas cosas las que incluir, que poco a poco voy actualizando en la medida de lo posible: fotos, cine, poesía, literatura...

Pincha en la imagen y envíame un correo para saber cómo recibir en tu propia casa un ejemplar dedicado.

Popular Posts

Archivo

¡Qué Peliculón!

© Daniel Moscugat, todos los derechos reservados.. Con la tecnología de Blogger.

Al alcance de tu mano

Al alcance de tu mano
Puedes recibirlo en tu propia casa, firmado y dedicado. Usa el formulario de contacto que ves junto a esta imagen.

Contacta desde aquí

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Páginas vistas en total

Copyright © Daniel Moscugat | Design by SimpleWpThemes | Blogger Theme by NewBloggerThemes.com