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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Mamá, quiero ser poeta (2)

(Viene de capítulo 1)

BREVÍSIMO APUNTE SOBRE CONTEMPORANEIDAD

Resulta ciertamente difícil hablar de lo contemporáneo y establecer unos límites de lo que es y lo que no es, aunque a simple vista parece algo obvio. El DRAE define 'contemporáneo' como "existente en el mismo tiempo que otra persona o cosa' o 'perteneciente o relativo al tiempo o época en que se vive". Lo cierto es que podríamos incurrir en un error si tomamos al pie de la letra esta definición y catalogar lo que es contemporáneo de lo que no lo es (en el sentido estrictamente etimológico de la palabra me refiero, claro está; y aplicado a cualquiera de las artes, especialmente a la poesía, que es lo que nos toca). Aunque si hemos de ceñirnos rígidamente a la definición de la palabreja, un altísimo porcentaje de la poesía que haya oído y leído por ahí resulta ser de otro tiempo que no es este, a pesar de que la mano que la ha escrito aún vive, come y respira por estos lares temporales del siglo XXI. Me hubiera gustado traer aquí algún que otro ensayo o tal vez alguna tesis doctoral que serían idóneos citarlos respecto a este hecho concreto. Pero se le haría tedioso de leer, créame. Así que trataré de ir al grano para no incurrir en pedanterías, que de esto andamos sobrados una eternidad empapelada de titulitis.

Una disyuntiva simple quizá dinamite un poco todo o al menos pone en diatriba el concepto del lugar en el que reside: si un poeta contemporáneo (usted, por ejemplo, que está leyendo estas líneas), escribe un soneto, ¿es o no es un poema contemporáneo? Ésta cuestión derivaría en otras muchas que volverían loco a más de uno y bien valdría algún que otro estudio en profundidad, porque el concepto en sí es más bien abstracto; y quizá hasta sea esta la razón por la cual las diversas expresiones artísticas van a la deriva hacia la abstracción. Me conformaré tan solo con resumir varios aspectos para plantear la situación a la que deseo llegar como conclusión y no dimanar esta disyuntiva hacia derroteros que en nada tiene que ver con el propósito de esta reflexión. Intentaré simplificar, pues, y limitarme a la lírica.

La poesía contemporánea debiera ocuparse principalmente del tiempo en el que se ubica: rotundamente irrefutable. Esto, aunque parezca una obviedad, parece que pocos lo comprenden y aún menos lo aplican. Pero a lo que vamos. Con aquello quiero decir que ha de vivir, ha de expresarse, con el momento en el que se encuentra y no es más importante la forma que el contenido, y viceversa. Si el poeta en cuestión escribe ese soneto y nos ceñimos exclusivamente a la forma, sin importar el grueso del contenido o la reflexión que se le presupone implícita, tal vez pueda considerarse poesía técnicamente, pero en modo alguno llegaría a la categoría de contemporánea porque lo único que consigue es recordarnos otro tiempo (recuerden el DRAE: perteneciente o relativo al tiempo o época en que se vive), a pesar de que la mano que lo ejecuta pertenece al tiempo que compartimos. Pero, ¿y si a ese soneto le da una importancia vital y procura reflexionar sobre el tiempo en el que se ocupa? Tal vez sí, depende de un detonante vital que veremos al final. Esto no quiere decir que el aspecto formal de un poema ha de cumplimentar siempre unos cánones harto conocidos por todos, pero sí viene como 'consecuencia de'. Hemos de ser conscientes de donde viene la tradición lírica, por donde ha transitado y en qué lugar se encuentra. La forma necesita del contenido y viceversa. Es decir, si descuidamos la forma para centrarnos en el contenido, tan solo exponemos unos hechos que necesitan el armazón que sustenta la vertiente lírica de ese esqueleto formal. Del mismo modo necesitamos la deriva de una sustancia que de peso muscular a ese esqueleto que hemos conseguido armar. No obstante, todo ello es dependiente de un detonante para poder ver un poema completo y se ubica en un lugar que no vemos a simple vista, que depende de nosotros.

Vamos a desarrollar esta pequeña síntesis de un modo más gráfico: el recorrido de un río. En sus inicios apenas es un arroyuelo que va confluyendo con otros recorriendo vericuetos y  serpenteando casi milimétricamente el lugar por donde ha de transitar. Dejando atrás la velocidad inicial en el curso alto y sus saltos agua, recorre un terreno menos virulento, agreste y salvaje y más serpenteante y paciente, donde toma grosor a través de otros afluentes que van a desembocar en su curso para darle forma. Por último, su tramo más manso, la desembocadura, donde casi al llegar a la mar la mineralización de todo su recorrido, convirtiendo el agua de dulce a salada. Un proceso de reconversión que tiene lugar gracias a los distintos tramos por donde ha de transitar hasta llegar a su estuario.

A lo largo de la historia la poesía ha discurrido por una serie de vericuetos, recorrido que ha evolucionado según su contemporaneidad. Cada época, cada poeta, cada momento histórico, influye o ha influido en su curso (y viceversa), e incluso cada generación o manifiesto que le ha precedido ha tomado como referencia un bastión que representó un modo de concebir la poesía en el momento histórico en el que se ubicaban. Ha 'mineralizado' sus aguas y se ha transformado según su curso, pero siempre ha vivido de su contemporaneidad, ha ocupado el tiempo en el que se ubica. Es decir, pongamos por caso, escribir poesía contemporánea no es remitirse al romanticismo y 'copiar' versos como lo haría Becquer o Rosalía de Castro, pero tomar una referencia de esa época y visualizarla desde la que nos ha tocado vivir, desde el respeto a la tradición lírica y confluyendo todo ese conocimiento hacia el matrimonio de la ética, la estética y el detonante que los desposa, así quizá pueda considerarse contemporáneo... siempre que se ocupe del tiempo en el que vive. Todo el resultado del curso del río viene a desarrollar un nuevo inicio: lo contemporáneo hoy viene a ser un arroyuelo para dentro de un par de generaciones. Es un recorrido cíclico, donde las aguas que van a parar a la mar se evaporan y, pasado el tiempo, acaba condensándose y precipitándose en forma de lluvia para volver al inicio del curso del río. Todo tiene su forma, su contenido... y su tiempo.

No obstante, este siglo XXI en el que estamos inmersos ya de manera abrupta y sin sentido, parece que nos está dejando una poesía ubicada en un limbo indescifrable (esto último, como casi todo lo aquí expresado, es el resultado de reflexiones que quizá poco tienen que ver con un punto de vista objetivo. Aunque remitiéndome a las palabras de aliento del gran Machado: "Nadie debe asustarse de lo que piensa: porque todo ha de ser pensado por alguien y el mayor desatino puede ser un punto de vista de lo real"). Todo parece derivar en un exceso de individualidad, donde el criterio de cada cabeza pensante, de cada 'poeta', se convierte en una corriente única; a veces incluso da la impresión de que la poesía se ha vestido con los ropajes de un número ingente de anacoretas que predican con sus creaciones que son 'corrientes únicas e indivisibles', excepcionales. Encuentro más que habitualmente ese punto se soberbia que puede resumirse en: "Que se habrán creído estos, yo siguiendo los designios de fulanos y menganos. Que me sigan a mí" (apunte personal: la soberbia nunca admitirá a nadie, se basta por sí sola para exigir lealtad). Los afluentes del río son tantos, que en su inmensa mayoría no llegan a parar a la corriente y se secan antes de alcanzar el verdadero curso del río lírico. Y ya se sabe que cuando cada cual hace la guerra por su cuenta, el terreno se torna agreste, crece salvajemente por doquier todo tipo de vegetación que acaba por ahogar todos los afluentes, dejando en la más impura de las ciénagas estancadas el cauce del río.

Después de dejar atrás en el siglo XX y primera década del XXI una serie de corrientes que consolidaron épocas memorables (generación del 27, del 50, del 60, la nueva sentimentalidad...), en la actualidad la lírica parece convivir en una especie de babelia que deja a la poesía contemporánea en el limbo del 'todo vale'. Se halla en un desamparo abrupto que cada vez tiene menos sentido y, a poco que crezca un lecho de sombra en forma de atril, allí crece un poeta cual champiñón feliz y contento de sentirse único. Y quizá sea esto precisamente lo que ha encendido la mecha de esa explosión sin precedentes de (pseudo)poesía y poetas y poetisas por cada esquina, cada pueblo, cada ágora, cada templo, cada verbena.

La contemporaneidad también necesita referentes que determinen qué época es la que vivimos y cómo se ha de afrontar. Así ha sucedido en todas esas épocas memorables de la poesía: todas han iniciado un ciclo teniendo como referencia a una gran 'estrella' de la historia y ha tenido un adalid o adalides que encabezó, o encabezaron, su generación, tiempo, forma y estructura. Está claro (al menos para este humilde escritor de pacotilla) que esta contemporaneidad que vivimos a día de hoy carece de referente alguno, al menos los indicios, tan poco halagüeños, dejan en evidencia cierta falta de rigor y un exceso de ese 'todo vale'. Falta uno o varios grandes poetas, grandes referentes, que dinamiten toda esta exacerbación lírica que crece por doquier sin control alguno. Quizá no ha nacido aún ese gran poeta que determine o, si se me permite la expresión, pastoree todo el rebaño y deje por el camino a todos los que no pertenecen a él o han de ser partícipes de otros lares; o mejor aún, que sacrifiquen sus vidas en pos de la poesía y se conviertan en amantes de verdad.

Por lo tanto, y con el ansia de aportar ese detonante para que podamos calificar 'contemporánea' la creación lírica, podríamos tomar como referencia lo que nos cuenta Félix Ovejero en su ensayo sobre cómo comprender y dónde situar el verdadero arte contemporáneo: hay que tomar como punto de partida la seriedad del creador a la hora de afrontar su trabajo, su relación con el medio y su contemporaneidad, su razón de ser. Había algo que Gombrovicz echaba en falta en la lírica. Al dirigir la mirada hacia la ciencia, el dramaturgo y novelista polaco la elogiaba con cierta envidia por el simple hecho de saber y comprender con concreción dónde tomar determinación de avanzar o innovar. En ella encontraba progreso; si había por aquí un cabo para tirar, se toma y se tira de él; si había otro que no cabía lugar a dudas y era más que imposible sacarse nada en claro, pues se deja donde está. Y eso era lo que no sucedía con la lírica, porque veía que se deslizaba hacia un abismo que no tenía fin, por defectos de forma. Y es que, aunque el espejismo de esa floración anormalmente prolija y medrada en un invierno anormalmente cálido, casi desaparecida la tradición y sus reglas, casi en barbecho las reflexiones éticas y estéticas, la lírica necesita con urgencia una brújula porque la obviedad que queda al alcance de cualquiera que tenga dos dedos de raciocinio es flagrante, la vanidad que se respira entre bambalinas parece a todas luces determinante. Incluso en ocasiones parece regirse por un régimen endogámico cuyos preceptos datan del oscurantismo, con premisas como la lealtad y la traición como determinantes fatídicos para cercenar las cabezas de tantos o cuantos.

En "El compromiso del creador. Ética de la estética" (Galaxia Gutemberg, 2014) Ovejero propone "que en vez de insistir una y otra vez en el modelo 'ciencia para el arte', en la ejemplificación con los más escandalosos y disparatados fenómenos o en la atención muy parcial a algunas reflexiones estéticas (y la no menos parcial lectura de algunos románticos), nos centremos en aquellos textos que tratan de explicar el significado de las obras en el curso de la historia y no al margen de ella", explica el autor en una entrevista a el diario El País a colación de la presentación de su trabajo en sociedad. Y aunque todo su ensayo o reflexión al respecto va dirigido específicamente al arte, bien que puede tomarse como un referente para todas las artes en su conjunto (espeialmente para la poesía, que es el arte total). Porque es el contexto histórico donde se ubica el que debiera primordialmente establecer una lectura, y, lo más importante, la seriedad del creador al sentar su 'cathedra' sobre el banquillo creativo. La ética de la estética. Por si no lo han captado aún, se habla, en definitiva, de la libertad de creación, algo que para el arte en general, y la literatura en particular, ha sido y es fundamental. Aunque la libertad creativa tampoco viene dada por hacer lo que a uno le venga a en gana, o en sacar 'lo que le sale a uno de dentro'. Es necesario trabajar, trabajar y trabajar, además de estudiar y aprender de los que antes vivieron su contemporaneidad para poder aplicar la nuestra en esta.

Ahora lo que nos queda es analizar a ojo de halcón las razones de ese desarrollo para vislumbrar cuál podría ser el lugar que ocupa la contemporaneidad, su alcance, las barreras que puede encontrar... Un Félix Ovejero que concluye en la página 424 con una frase lapidaria que resulta ser el detonante de la contemporaneidad en la que nos encontramos en nuestros días: "No podemos esperar nada bueno de quien NO SE EMPLEA CON BONDAD". Sí, amigos: no se puede hacer prédicas de amor si se practica el odio, ni es poesía venerar a la madre naturaleza si la contaminas salvajemente. Pero, sobre todo, la bondad aplicada al trabajo en liza, la manera condescendiente de vernos a nosotros mismos plasmados en el papel. El individuo, como poeta, deja de serlo en el momento en que falta a su palabra escrita y deshonra su trabajo si no es condescendiente hacia sí mismo, hacia lo que conoce y sabe, hacia lo que desconoce e ignora. Ése es el detonante: la mansedumbre, la generosidad... la bondad de ese río que va hacia la mar es su sustancia. Dicho de un modo vulgar: no se puede ser poeta y ser mala persona... para con nadie, aún menos para sí mismo.







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1 comentario:

  1. Tatalmente de acuerdo y en desacuerdo total, lo que vendría a significar una incongruencia, pero que no aunque no me atrevo a asegurarlo.
    La poesía es, creo, en primer lugar: música. Si carece de esa "anornalidad" deja de ser lo que pretende.
    La forma, la formalidad poética, hay que salvarla del "ataque" de aquellos y aquellas que osan prostituirla.
    Eso sí, siendo la forma importante no lo es menos la actualidad, el momento, el instante... y es fenómeno natural debe someterse al arte poético.
    Bueno... es mi punto de vista; nada más. Abrazos

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Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra. Son tantas cosas las que incluir, que poco a poco voy actualizando en la medida de lo posible: fotos, cine, poesía, literatura...

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