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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

La cobardía y Mearsault

Ya he comentado en alguna que otra ocasión que me gusta dar tiempo a todo aquello que se comenta en caliente o esas noticias que produce urticaria entre la población bienpensante. Por eso heme aquí comentando un pequeño detalle en relación al atentado de Londres del pasado 3 de junio. Parece que hemos olvidado con facilidad una fecha tan cercana. Siempre se me vienen muchos flashes al respecto de tipo filosófico al recordar ideas relacionadas al existencialismo y cosas parecidas cuando se producen atentados o catástrofes naturales. Quizá en esta ocasión ando más cerca 'Del sentimiento trágico de la vida', por aquello de que Unamuno aleccionaba sobre las reacciones del españolito ante 'la invasión europea', aquellos que rechazan todo lo extranjero sistemáticamente, los que por contra deciden asumir como propio todo lo ajeno, los que pretenden proteger todo lo suyo, lo que deciden rechazar hasta lo propio... Cada cual tiene su significación y cada significante lleva consigo un significado. Los mercenarios del DAESH perpetraron su penúltimo ataque en suelo europeo, una invasión silenciosa que viene de vuelta tras las perpetrada de manera brusca por el mundo occidental, metiendo las narices donde no los llamó nadie. Pero esto no es lo que nos ocupa ahora, porque sólo este axioma daría para postear varias parrafadas a modo de ensayo. Sigo con lo que iba. Los mal llamados 'lobos solitarios', que en realidad son locos asesinos que toman la religión como justificante de sus actos en venganza por el asedio injustificado de occidente hacia sus lugares sagrados, salieron a la calle a cercenar la vida de cuantos les salían al paso. Un tal Ignacio Echevarría sale a la palestra por su heroicidad. Lo fácil ahora sería hacer una oda de ensalzamiento al héroe del monopatín, que merece cientos si es necesario, y que no debiéramos olvidar apresuradamente. No obstante, lo que me ha empujado a escribir sobre ello es muchos comentarios que corren por la red de redes en defensa de la cobardía, de huir y no mirar hacia atrás. De 'por qué tuvo que meterse en berenjenales de camisas de once varas' el pobre Ignacio Echevarría. Porque 'la vida es el único tesoro que tenemos como para desperdiciarlo en ayudar a cualquieraque lo necesite. La valentía es una milonga que empuja a los cementerios del mundo a miles de héroes cada año. Incluso me han llegado a comentar (para tirarse de los pelos del pecho, porque afortunadamente me quedan pocos de tonto ya sobre el cuero cabelludo) que se prefieren hijos cobardes (auspiciados por también la cobardía de sus progenitores) que visitar la tumba de un héroe.

Todas esas odas a la cobardía, en sí mismas, tienen las patas tan cortas que ni siquiera su propia indolencia les sería suficiente como para salir huyendo hacia mejor estado. No les daría tiempo.  A mí personalmente me producen vómitos multicolor, que se abigarran a la indignación. Pero lo que yo piense aquí está de más, porque lo que quiero transmitir es el clamor de la sangre de los 'héroes' al oír y leer palabras semejantes. Cuando alguien desde su sano juicio decide que es preferible la cobardía de un hijo a hacerle frente a la vida, con sus riesgos y sus aristas, es estigmatizarlo y animarle a la individualidad, al egoísmo, al yo por encima de todas las cosas, directamente se le emplaza a no desear el bien de ningún otro congénere, a no ser que el de uno mismo esté primero y por encima de cualquier otro, la bondad, la mano tendida al prójimo, está de más. Tal vez sea ésa la primera de las premisas del fascismo. 

Reaccionar con cobardía por una amenaza de muerte, por ejemplo, es otorgarle la razón al amenazante. No habría dibujantes en Charlie Hebdo, ni en El Jueves, ni el Mongolia; no habría periodistas de investigación sacando a flote la basura de la corrupción, no habría existido Watergate,... Y es en ese estado en el que se ha sumido en realidad la sociedad en la que vivimos, donde la tribuna de cualquier red social se convierte en un megáfono insultante para verter toda clase de basura con tal de tener unos pequeños aplausos para reconfortar nuestro ego, o acumular todos los comentarios posibles y tantos 'likes' como seamos capaces de acopiar para mostrar nuestra supremacía. Una sociedad que vive por inercia, que hace las cosas solo por hacerlas, sin expresar sentimiento de odio, ni repugnancia, ni felicidad, ni amor... simplemente indiferencia. Quizá alguna reacción en cadena en repulsa al atentado, a la catástrofe, a la subyugación de la voluntad, pero todo queda en el olvido pasadas unas pocas fechas. Podría contar a bote pronto cientos de ellas en la última década, pero sírvase que ya olvidamos que un país como Siria está asolado y casi a diario bombardeado, que en Fukushima sigue existiendo un problema de alcance mundial, que tras el terremoto de Haití en 2010 le siguió un ciclón que devastó la isla el pasado año y aún intenta la población recuperar todo lo perdido, además de recomponer en la medida de lo posible el Estado... En el país de los ciegos, el tuerto es el rey.  Porque ya parece haberse sumido todo en el olvido y a mí se me da bien traer al recuerdo de vez en cuando hasta donde llega a veces la mezquindad, la hipocresía humana.

No voy a desviarme por tantas y tantas personas que murieron de un modo u otro para que los que disfrutamos de libertad y democracia tengamos la oportunidad de elegir gobierno, de que las mujeres puedan votar, de que los trabajadores tengan derechos, que la analfabetización suponga una mera anécdota y podamos disfrutar de escolarización,... esos héroes y heroínas que dieron su vida para que aquellos que ven incomprensible que alguien pueda incluso dar la vida por su congénere tengan la oportunidad de tener un buen coche, una casa, acceso a ropa de calidad, una nevera llena. Podría llenar este post con la valentía de bomberos, policía nacional, guardia civil, agentes de protección civil,... que con sus propias vidas protegen y amparan la de los demás. Tampoco voy a traer a colación aquí a los que aun mueren en defensa de la libertad de prensa, opinión, por liberar a su pueblo de la opresión de un régimen dictatorial, por la medicina y las vacunas de su pueblo, por los médicos que dejan el alma en que los pueblos más castigados tengan acceso a las vacunas más básicas... La lista de personas sería interminable, que de un modo u otro han dado la vida por que tengamos oportunidad de disfrutar de aquello que disfrutamos o bien de aquellos que luchan encarnizadamente por que haya personas. Todas esas personas han luchado y dado su sangre para que podamos tener aquello de cuanto disfrutamos en las sociedades occidentales, así como los que aún la dan para que los que no lo disfrutan puedan algún día tener al alcance de la mano aquello que los de aquí ni tan siquiera lo apreciamos. Dieron su sangre para que la vida continuase evolucionando, creciendo.

Lo que si me gustaría es hacer unos pequeños guiños a modo de recordatorio. Que afortunadamente también existen héroes cotidianos, que NUNCA pensaron ni quisieron serlo. Simplemente el propio instinto de supervivencia, el de protección de la propia vida, empujaron a la reacción y no a la huida. Lo que en un principio era o parecía ser una fiesta de pijamas familiar, casi se convirtió en tragedia. La pequeña Isabelle Soubie, ante el desmayo inesperado de su abuelo Bob, no dudó en llamar al 911 para alertar de la situación. La intrepidez de la niña, que no pudo desbloquear el teléfono, le hizo prestar la atención al botón de marcado de emergencias, al que llamó sin dudar. Fue esa templanza, junto con la aleccionadora guía previa por parte de sus progenitores, lo que le hizo tener la suficiente sangre fría como para acabar salvándole la vida a su abuelo. (Leer más aquí...). Este episodio acabó en final feliz, no así el caso del niño argentino William Yasin Mame, quien fue capaz de asesinar al que pretendía violar a su hermana. Éste roció de combustible al joven al tratar de incendiar la casa y no pudo salir con vida de las graves quemaduras que sufrió. Tanto esta como otras pequeñas historias similares puede seguirlas desde aquí. En estos pequeños ejemplos, un caso tuvo final feliz, el otro trágico. Pero a ambos les une un nexo en común: la defensa de la vida y la protección de la misma por encima de cualquier cosa. Si a ambos niños les hubieran educado en la cobardía, en salir corriendo para salvarse uno mismo, en cobijarse bajo la almohada y esperar acontecimientos, probablemente la niña habría perdido a su abuelo y el niño viviría; aunque de seguro hubieran sufrido sendos traumas que se perpetuarían a lo largo de sus vida. Esos niños jamás pensaron que iban a ser pequeños 'héroes', simplemente les abrazaba un instinto de supervivencia, de protección a la vida, es inherente al ser humano. 

Unos jóvenes vándalos, ese tipo de cobardes que huyen por piernas cuando ven las cosas feas para su integridad o que pongan en peligro sus fechorías, apalizaban a un vagabundo cerca de una estación de metro; porque eso sí, sólo son capaces de actuar en grupo ante una víctima indefensa. Por allí pasaba Mariano con su mujer, que simplemente increpaba a los jóvenes que por qué pegaban al pobre hombre de aquella manera, que dejaran de hacerlo, que podría ser abuelo de cualquiera de ellos. Simplemente les apalizaban por ser un "hijo de puta". Y por defenderle, Mariano recibió también lo suyo... y perdió su vida por los golpes. Ese minuto trágico en el que perdió la vida defendiendo la dignidad de otra persona evitó a su vez que aquel mendigo falleciera. Quizá lo propio hubiera sido mirar hacia otro lado, pero por dignidad humana Mariano puso medios para rescatar la vida. Lo cómodo, claro está, hubiera sido salir por piernas, pero la conciencia hubiera hecho estragos habiendo sido testigo presencial y cómplice por omisión de un homicidio. (Leer más...


Y cuando hablamos de salir en defensa de una agresión machista, por ejemplo, en seguida se nos viene a la mente (al menos a mí) la mediación del profesor Neira frente a su agresor, Antonio Puerta, quien lo dejó en coma durante meses. Unos minutos de zozobra que salvó no obstante la vida de una mujer que hubiera engrosado la lista de víctimas de no haber sido por la mediación de Jesús Neira. De haber sido aleccionado en la cobardía probablemente no se hubiera inmutado y quizá todo habría quedado en un número más para las estadísticas de víctimas del machismo. Pero personas como él escriben el ejemplo a seguir de dónde se ha de luchar, de cómo se ha de combatir y, sobre todo, que no hay mayor respeto a la vida que defender la vida, especialmente cuando se ve amenazada. Incluso sin querer ser un héroe, ejerció como tal y de camino dejó con el culete al aire a toda una faraona de la política como Esperanza Aguirre, evidenciando su mezquindad, su capacidad para la mentira, su repugnante habilidad para escabullir el bulto... su cobardía en definitiva. (Leer más...)

Y para acabar de poner ejemplos, el más reciente de todos es el de Pablo, un chaval que celebraba su cumpleaños con unos amigos y salió a tomar un poco el aire con uno de ellos. Se toparon con un par de individuos que discutían fuertemente y lo único que quiso fue mediar para que no trascendiera todo en una pelea... y al final fue él mismo el que recibió la paliza, con tan mala  fortuna que se dejó la vida en ello. Si hubiera escurrido el bulto como habría hecho la mayoría, probablemente Pablo ahora mismo estaría riendo con sus amigos celebrando cualquier otra cosa. Pero la heroicidad se resumió simplemente en intentar mediar para que hubiera paz entre dos mundos opuestos. Eso es todo. Nadie, ni él mismo, hubiera pensado en ningún momento que se iba a dejar la vida en semejante sentido común. Y fue precisamente la cobardía de dos gamberros sin escrúpulos los que cercenaron todo su futuro, sus esperanzas, ilusiones, sueños, amor, familia,... vida. (Leer más...)

Es perfectamente humano sentir miedo ante una situación de peligro, la reacción de protección de lo que uno ama es un instinto natural. La tragedia se cierne sobre la vida cuando precisamente, como apostillé antes, las reacciones ante 'la invasión' de aquellos que rechazan todo lo extranjero sistemáticamente, los que por contra deciden asumir como propio todo lo ajeno, los que pretenden proteger todo lo suyo, los que deciden rechazar hasta lo propio... es la de proteger. Cada significante con su significado. Absolutamente nadie, y mucho menos los niños, viven con la premisa de lo heroico en el momento de actuar en defensa de la vida y la libertad o la protección. Cada uno de los 'héroes' que intentaron mediar en pos de la libertad y el respeto por la vida nunca pensaron en que podrían haber perdido aquello que defendían. Pero resulta pavoroso comprobar cómo existen individuos que su interpretación del existencialismo es el de Meursaullt (El extranjero, Albert Camus. 1942), el que vivía por inercia, el que hacía las cosas solo por hacerlas, sin expresar sentimiento de odio, ni repugnancia, ni felicidad, ni amor... simplemente indiferencia. La esencia o reflejo de una sociedad individualista como la de hoy que vive por inercia, como si no hubieran pasado 75 años, como si la sensación de abandono y desgana permanezcan aún presente en el ánimo de una sociedad española que siente indiferencia ante el robo sistematizado de la clase política y sus amigos de mesa y mantel. Se vive para el individualismo más voraz de cuantos hayamos vivido nunca en la historia de la humanidad, donde un 'tweet' es similar a un disparo o un vómito de facebook es un mantra que todo el que termina siguiéndolo acaba enfermo de soledad.

En efecto, la vida es el único tesoro que tenemos, pero la vida sólo podemos defenderla con la vida, aun a riesgo de "desperdiciarla" en la lucha. En modo alguno estoy predicando que debemos salir a la calle a tirarnos en brazos de todo aquel que atente contra la vida de los demás, así sin ton ni son, como queriendo que nos liquiden para convertirnos en idiotas, no en héroes. Pero el acto de proteger la integridad en la medida que alcance nuestro amor a la propia vida es lo que determina el grado sumo de respeto y amor a la nuestra. La valentía no es ninguna milonga y no es precisamente lo que lleva a los cementerios del mundo a los héroes. Es precisamente la cobardía del que mira desde otro lado y sale huyendo, dejando solo al que trata de defender esa posesión que cree que defiende el que sale corriendo, la que fomenta esta sociedad desarraigada del individualismo. Preferir hijos cobardes que visitar la tumba de un héroe es cercenar el derecho a decir todo esto que ahora mismo estoy tecleando sobre mi viejo portátil. De ser así, probablemente todas esas manifestaciones, luchas, protestas, etc, etc, que han llevado al camino del progreso a esta sociedad, de la mano de la cobardía de esconder la cabeza bajo tierra para así hacer desaparecer el problema, nos habría dejado estancados en el oscurantismo del medioevo. Porque unos cuantos hijos de padres que les aleccionaron en la vida y su sagrada defensa, dieron la suya en algún momento para que yo, Daniel Moscugat, pueda decir cuanto se me ocurra opinar (dentro de lo que establece la legalidad y el respeto) y usted, querido lector, tenga la libertad de poder elegir leer estas líneas sin que nadie le reprenda por ello. Tan sólo por eso estaré enormemente agradecido a todos esos héroes. Nunca podré agradecerle nada al cobarde que huyó y no defendió este privilegio que ahora ejerzo. Desgraciadamente vivimos en una  época de individualismos cobardes que siempre terminan escondidos, bien bajo las alas de la intolerancia y la fuerza, bien tras la pantalla de un ordenador donde despotricar enmascarado en un sobrenombre. Y desafortunadamente estamos rodeados del costumbrismo existencialista de Mearsault: 'así son todos los días', 'uno acaba por acostumbrarse a todo', 'nada ha cambiado...'. Pero afortunadamente siempre habrá alguien que, montado sobre un patinete, pase velozmente por donde caminamos y nos haga despertar del letargo en el que andábamos sumidos y nos obligue a increpar al mundo su osadía, aunque la mayoría siga huyendo ante cualquier duda o amenaza. Siempre habrá alguien que nos haga reaccionar, y ése, tanto si da su vida como si no, será un héroe al que recordar.






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Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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