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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Z, la ciudad perdida


Hay tanto cuento chino en torno a la eterna búsqueda de El Dorado, se han gastado tantos miles de kilómetros de celuloide, que no bastaría un solo post para hablar de ellos. Quizá por ello, algunos incautos que han pretendido ver una película de aventuras al uso se han encontrado con una profunda reflexión sobre las metas inalcanzables, aún cuando estás no son siquiera materializables. El director, James Gray (El sueño de Ellis (2013), Two Lovers (2008)) logra una puesta en escena que va resultando hipnótica a medida que nos adentramos en una historia que, dependiendo de los ojos de quien contemple la obra de arte fotográfica de esta macro producción, pudiera resultar lenta o narcotizante, o por contra, quizá descafeinada. No obstante, 'Z, la cuidad perdida' recupera el espíritu épico de las grandes producciones del cine clásico que parecía olvidado y que andaba alejado de los exacerbados efectos visuales de hoy. Ahí encontramos realizadores como John Huston, David Lean o Werner Herzog. Brad Pitt, productor ejecutivo, ha visto filón y talento en James Gray y el binomio prepara ya un título de ciencia ficción.

'Z' Es, en sí misma, un portento de cualidades inasibles que va descubriéndose a medida que la película avanza, como avanza el deseo de alcanzar aquello que a priori solo existen en las bocas de los que propagaban habladurías sobre ciudades inexistentes. Basada en la novela del escritor neoyorquino David Grann, donde biografía la odisea del británico Percy Fawcett, la película discurre por los avatares de las expediciones que le llevan a la frontera entre Brasil y Bolivia, convencido de poder encontrar la legendaria y utópica ciudad donde han puerto otros muchos intentando encontrarla. Tras intentarlo por última vez, en lo que podría ser su viaje más ambicioso, Fawcett e hijo se adentran en lo más profundo de la selva. Un viaje que, además de recrear todos los sueños anteriores por alcanzar la misteriosa ciudad de Z, también servirá para reencontrarse emocionalmente con su hijo.

Tal vez podría decirse intrínsecamente que esta película sea un canto al fracaso, al no cejar en el empeño a pesar de lo fallido de nuestros intentos. Qué tras esos numerosos fracasos está en éxito o quizá en el fracaso se halla el mismo éxito de la vida. Replantearse esta reflexión de manera sincera puede dar al traste con muchas ideas preconcebidas respecto a la idealización que hace la sociedad de lo que debe ser el éxito. Y quizá, de esta manera tan elegante y discreta, James Gray apunta al fracaso como ejercicio interpretativo donde se halla el secreto del éxito. 

Desde el inicio de la película, con una gran escena de cacería por la campiña inglesa, hasta la última expedición por el Amazonas, debido al interés progresivo por la naturaleza y el entorno indescifrable, Percy Fawcett va entrando poco a poco en trance como un recorrido donde le espera la medida topográfica de la progresión de su obsesión y su pasión, del mismo modo como crece su devoción familiar, a pesar de los rencores que crecen en su hijo mayor a medida que sus ausencias son mayores. A cada lado del paraíso espera una vida, y en esa frontera un camino que se recorre río arriba con algunos incondicionales compañeros de aventuras que irán quedándose por el camino, tal y como sucede en la vida común de los mortales. La historia se va haciendo progresivamente universal: "estamos hechos todos de la misma arcilla", diría Fawcett, en claro apunte hacia la igualdad del ser humano, de la vida, frente a la naturaleza. Somos la misma materia.

Quizá la materialización de un sueño suponga la crónica de un fracaso, de algún modo uno va perdiendo o sacrificando cosas a medida que la obsesión o la pasión ocupa un lugar que personas o cosas han de abandonar. La hipnosis de lo desconocido, del abismo de la muerte, juega un papel más que importante en toda esta historia. La búsqueda de esa ciudad, ese sueño para poder mostrarlo al mundo, merece el riesgo de la muerte.

Para mi sorpresa, Robert Pattinson, actor de reparto sobresaliente, se ha quitado de un plumazo ese aura de chico melancólico y vampírico que enamora a las adolescentes y no era más que un rostro comercial y bonito para vender productos empaquetados para público con acné. De una soberbia bofetada ha dado toda una lección de saber estar y en esa línea le auguro un futuro prometedor en esto del cine. Sin desdeñar, por supuesto, el binomio familiar que componen Charlie Hunnam y Sienna Miller, convincentes y arrolladores en los pocos momentos de dramatismo.

Sin duda, una peli de la que se puede extraer muchísimo jugo y que probablemente me dejo algo en el tintero. Y si el espectador está esperando una película de aventuras tipo Indiana Jones, donde se ven malos contra buenos en una lucha fratricida donde siempre acaba ganando el protagonista, el espectador se equivoca de película. Esta es una cinta profunda, llena de matices, inconfundible y poco comparable a cualquier otra, quizá retoma el regusto del cine aventuresco de otro tiempo ya perdido. Hay que ir a verla predispuesto a hacer un ejercicio de reflexión y tomárselo con calma, ya que supera con creces las dos horas de duración (141 minutos) y el director ha tomado pausa en contar una historia profunda y llena de matices.




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Sobre este blog

Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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