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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

El Bar


Primera hora de la mañana. Un café céntrico de Madrid. Coinciden en el desayuno un grupo de personas de lo más dispar. Un día como cualquier otro. Pero todo comienza cuando uno de los clientes pretende acceder al bar y recibe un disparo en la cabeza; un empleado municipal intenta socorrerle y acaba igual en el suelo... y nadie más decide seguir sus pasos, nadie se atreve a salir, ni siquiera a acercarse a la puerta. El miedo les atenaza y les obliga a permanecer encerrado en el interior. Esto que a simple vista pudiera parecer un argumento disparatado, resulta ser el inicio de una serie de situaciones extremas, donde el local se convierte en un templo donde expiar pecados, redimir penas y sacar el verdadero Mr. Hide que todos llevamos dentro cuando se nos expone a situaciones límite.

Alex de la Iglesia idea la elaboración del guión de esta película junto a su guionista de cabecera, Jorge Guerricaechevarría, una mañana en un bar en donde son testigos de una serie de acontecimientos que tratan de llevar al extremo de manera cómica en esta producción, con un elenco de lujo: Blanca Suárez, Mario Casas, Carmen Machi, Secun de la Rosa, Terele Pávez, Joaquín Climent, Alejandro Awada... sobre todo Jaime Ordoñez. Un cine reconocible que cumple con todo el ritual del realizador, comenzando con un ritmo imparable, inteligente e ingenioso; personajes atrapados en situaciones que se vician por lo inverosímil, se derivan a límites extremos que van desde lo cómico a lo trágico en un periquete... Esto puede ser una virtud, también un problema.

La virtud: el sello inconfundible y personal de un tipo que hace vernos a todo ante el espejo de una realidad transfigurada, que bajo los epígrafes de humor y tragedia extremos nos deleita con los sinsabores de lo peor del ser humano y las mieles de lo mejor de lo que somos capaces. El defecto: que los mismos mecanismos, las mismas piezas con distinta pintura, los mismos resortes, el mismo espejo en el que mirarse, ya utilizados como recursos en anteriores filmes,... puede resultar aburrido al espectador porque acaba viendo repetitivo aquello que pudiera resultar único como sello artístico. He aquí el riesgo por el que se balancea el cine de De la Iglesia.

No voy a menospreciar el derroche de talento que nos regala todo el elenco al completo. A la altura de lo que se les presupone y exige. En especial al irreconocible Jaime Ordoñez que apunta desde ya a la nominación para los próximos goyas. El malagueño hace un alarde de interpretación que raya lo histriónico, abrupto, extremo, loco, genial y extraordinario. La vorágine de circunstancias que atañen a todos los implicados en la trama, ante el miedo a salir del local y ser el objetivo de la mira telescópica de un francotirador, les hace convivir con situaciones que se salen por la tangente de lo cotidiano y va a parar a la más excéntrica de las locuras posibles.

Aunque parezcan filmes totalmente opuestos, aparecen similitudes entre esta y aquella lovecraftiana adaptación del relato de Stephen King "La Niebla" (2007), y sería incurrir en un error establecer comparativas de verosimilitud entre los personajes y la realidad, porque el cine de De la Iglesia va hacia un punto de comicidad entretejido en el caos indisoluble por el que suele discurrir que originaría una crítica negativa por este hecho (y es lo que han apuntado un gran número de ellos)... Son circunstancias totalmente disímiles, antagónicas si se quiere, pero en modo alguno indisolubles. Van todos juntos, confluyen hacia el desastre. Entonces la pregunta salta como un resorte: ¿Sería uno capaz de matar por salvar la vida? ¿Es el que tienes a tu lado un asesino potencial?

Cuando los personajes comienzan a luchar por su preeminencia, por su subsistencia, se desata un orgiástico caos en el que cualquier atisbo dramático acaba disuelto en un azucarillo y ese caos lo fagocita absolutamente todo. Aunque el espectador, sin pretenderlo, acepta el reto que ofrece Alex de la Iglesia: una serie de alternativas en las que se verá casi en la obligación de empatizar con uno de los personajes y elegirle como el merecedor de la salvación. Hasta que la cinta desemboca en un holocausto de intenciones para convertirse en un terremoto de órdago con pocos visos de terminar bien. ¿Qué haría el espectador ante una situación así? ¿Cómo reaccionaría ante los límites en los que se encuentran cada uno de los personajes? Y lo más importante, ¿hará el espectador autocrítica al finalizar el film? Porque si algo refleja el realizador en el desarrollo de la película es la propia realidad que transfigura en ficción para ponernos el reto de mirarnos en un espejo, con todo lo bueno y lo malo de lo que es capaz el ser humano, sea del estrato social que fuere.





© Daniel Moscugat, 2017.
® Texto protegido por la propiedad intelectual. 
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Sobre este blog

Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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