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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Parásitos

Este será, probablemente, el primero de otros capítulos que circunden en relación a esta tipología de organismos vivos. Dada mi reiterada insistencia por convencer de que cada cosa que vemos o hacemos en la vida actúa como un engranaje de esta noria que llamamos vida, hoy por hoy se cumple esto mismo con mucho más ahínco que antaño gracias a la aparición de internet y las redes sociales: esos patios vecinales, ese gran ojo que controla a todos y sustituye ciertos aspectos de la vida real en mayor o menor medida; querámoslo o no es así. Pero, dejaré de deambular por estas disquisiciones y vayamos al asunto. 'Parásito' según el DRAE: 1) “Dicho de un organismo animal o vegetal: que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo.” 2) “Dicho de un ruido: Que perturba las transmisiones radioeléctricas.” 3) “Piojo”. 4) “Persona que vive a costa ajena.” Se me antoja imprescindible poner como ejemplo, como siempre, la vida misma, lo empírico del asunto, la realidad que nos contempla.

Hace ya unos meses leí que un periódico local daba como noticia destacada la llegada a la ciudad del casting para el famoso programa televisivo 'Gran Hermano'. Todavía me impacta sobremanera que se traten como noticias destacadas cualquier mirada de soslayo que aluda con interés a los 'realitis', encumbradas por su carácter embarazoso y avaladas por sus cuotas de audiencia. Me da pena que se amparen estas aberraciones en lo que se conoce como prensa seria y, sin embargo, los autores literarios, músicos, plásticos, etc, que dan sus primeros pasos, conocidos por amplias minorías o ayudados por celebridades que andan por el final del sus trayectos, o desconocidos en general por el gran público y quieren abrirse hueco entre esas amplias minorías, tengan que luchar contra la indiferencia de la prensa y apostar con la mayor de sus riquezas (el tiempo) para poder promocionarse y regalarnos (hablo literalmente) sus inquietudes intelectuales, añadiendo el coste económico que les acarrea en la mayoría de las ocasiones. En fin, de lo que se trata es de vender periódicos como mercancía a granel, carnaza para zombis.

Y con esa idea caminaba por calle Bolsa en dirección a Larios con intención de atravesarla y llegar a la Plaza de las Flores, donde había quedado citado para tomarme unas cañas en una de las múltiples terrazas que dejan sin espacio la circulación del transeúnte; tal que así, podría decirse también que actúan en buena medida como parásitos que entorpecen y molestan el flujo sanguíneo de la circulación, embruteciéndolo con ese colesterol que no deja síntomas apreciables pero favorece así la consiguiente formación de pequeños trombos, infartando el sosiego y tranquilidad del viandante. De soslayo, veo en la esquina de calle Don Juan Díaz, junto al soportal de la vieja Numismática, un fotógrafo que porta una extraordinaria réflex digital con un tele cuatro veces más costoso todavía que el cuerpo de la cámara. Era un tipo como cualquier otro: vaqueros, sudadeera color añil, calzando zapatillas deportivas gastadas, imagino que por sus continuas andanzas callejeras, rechoncho y de rostro sanguíneo. No obstante, llamaba la atención de todo viandante por sus continuas ráfagas al son de un kalashnikof. Sonreía con cierta malevolencia tras cada disparo, como el psicópata que disfruta con sus actos, sabedor que le reportará, además, pingües beneficios. Los ojos querían salírsele de las cuencas y sus pupilas brillaban con un nítido ‘€’. Algunos turistas nacionales sentados a la sombra del “Señorío de Lepanto” hablaban de que el menda ‘disparaba’ al famoso de turno que estaba sentado con su querida madre en la terraza de un restaurante. Al prestar atención, veo que en torno a la mesa donde se sienta el impostor o aprendiz de famoso de pacotilla se forma una especie de trombo que aumenta en tamaño a medida que interrumpe la circulación. Al parecer, uno de esos concursantes del aclamado programa de televisión y parte de las legiones de seguidores que acumula infartaron definitivamente el flujo sanguíneo de aquella arteria más conocida como calle Bolsa. Selfis para instagram, facebook o twitter. Y selfis y más selfis...

Como siempre, estas cosas, que no por cotidianas dejan de ser excepcionales para mi pobre entender, me dejaron pensando un buen rato. En realidad, estoy convencido de ello, todo lo que atañe a nuestras vidas, todo lo que vemos y no vemos, tiene un precio, que no tiene por qué ser forzosamente una tasa económica. Aunque lo parezca, no intento ser pretencioso, solo me ajusto a la realidad. Y el precio a pagar no tiene por qué ser cuantificable económicamente.

Tras aquel incidente del paparazzi ametrallando al famoso del Gran Hermano con su kalashnikof, hace unos días me sorprendió una conversación casual, mientras viajaba en el bus urbano Málaga-Velez, entre dos jovencitas que hablaban, sin prejuicio alguno y en un tono de voz que quedaba muy lejos de ser discreto; imposible abstraerse de las risotadas, gritos y jaleos varios entorno al personaje en cuestión. Ese mismo con el que llegaron a hacerse selfis en el restaurante de calle Bolsa. Departían sobre sus hazañas y las de sus enemigos del programa de televisión: que si fulano jaleando en la casa, cuando zutano se había ‘colocao’, que mengana estaba “enferma” (mal de la cabeza), que si fulana era “una muerta-hambre”… A juzgar por los índices de audiencia todo el mundo los conoce, para bien o para mal, sea porque sigue el curso semana a semana, día a día, o porque conocidos o amigos comentan la jugada a diario. Lo que despertó mi interés fue la frase que esputó una de ellas: “…es que aquel día parecía aquello un corralón”. Supongo que no era consciente de la verdadera medida de lo que significaba siquiera aquella palabra en la intrahistoria de esta ciudad. Pero lo cierto es que hoy día, a pesar de que todo el mundo exhibe sus vidas sin pudor en redes sociales o por televisión o por doquier, nadie conoce a nadie y todos estamos sujetos a la mercadería simulada del Gran Hermano de un modo u otro.

Así, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende: tanto los que les siguen como los que les empujan y, sobre todo, los que les aúpan en las plataformas tanto televisivas como informativas, sin dejar escapar entre ellos a la prensa 'seria', parásitos todos, como seres inamovibles, vagos, pendencieros y sin escrúpulos, suelen beneficiarse del hospedaje sin pudor alguno, pero a pesar de que viven, cada cual a su manera, a costa de otro de distinta especie, va minando su salud y a su vez la del entorno que tiene a su alance, depauperándola tal vez, pero sin llegar a matarle, porque es su subsistencia. Una función que no interrumpe el curso natural biológico de las especies. Eso, en apariencia, es así. Pero en realidad, en lo que a mi entendimiento se refiere, más bien me siento en total comunión de lo que dijo Michael Caine en cierta ocasión en una entrevista: “los paparazzi son los únicos parásitos de la historia de la biología cuyo único objetivo en la vida es destruir su única fuente de alimento”. Lo que forma un trombo en el flujo de serotonina de mis neuronas es que todos estos parásitos, los parásitos que les pagan, y los parásitos que se alimentan a su vez de esos parásitos, también se alimentan de esos otros parásitos que viven de la fama que aquéllos les proporcionan con sus dentelladas. Y así, poco a poco el mundo se va llenando cada vez más de zombis intelectuales y sociales que se alimentan de la carnaza global, hasta que algún día nadie recordará nada porque los parásitos acabarán con su única fuente de alimento, y esa será la razón por la cual la humanidad se extinguirá de la faz de la tierra. Y el único antídoto para evitar la extinción del ser humano siguen siendo los libros... 
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Sobre este blog

Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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