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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Pobre gatito

A finales de la década de los 90 del siglo XIX Joaquín Sorolla solía pintar temas históricos y sociales. De ahí nació la tristeza de la escena "Otra Margarita", premiada en varias ocasiones, en especial en la exposición internacional de Chigago. Fue el espaldarazo definitivo que le dio fama internacional. Dejó atrás toda una obra dedicada a niños desdichados, premiada también, por cierto, en la Expo Universal de Paris de 1900. Arrastrado a buen seguro por los éxitos y la luminosidad de su abigarrada paleta, plasmó escenas soleadas de la vida en ese Mediterráneo levantino que tan suyo hacía en cada lienzo. Eran (son) mucho más alegres y agradables y de manera definitiva le proporcionaron fama mundial. Entre la ingente colección de luces y mares se encuentra uno de los cuadros más inverosímiles, Jugadores de cartas, que preside el despacho del presidente del congreso de los diputados, que a fecha de hoy es presidenta. Impresiona ver cómo en un espacio reducido intervienen algunos personajes sentados a la mesa jugando a cartas en lo que se interpreta como taberna pesquera a los pies de un mar Mediterráneo que se divisa a lo lejos, al fondo más personajes que también se adivinan pescadores... todo un alarde de composición y sobre todo luz. Se palpa y se siente el salitre marengo. Pero lo principal es la partida de cartas... y un pobre gatito que se dirige hacia quien está detrás del caballete.

Resulta como poco curioso ver que esa ventana de luz rece, cual testigo penitente y silencioso, entre papeles y despachos de la presidencia del congreso. Hace unos días, la que ocupa ese trono se encargó de lanzar cartas para que los diputados hicieran juego en ese tapete ajado y agujereado de la democracia de este país. A continuación los señores tahúres del hemiciclo dieron constancia a la ciudadanía de lo que resultó ser la orgía mas costumbrista del pueblo español. Cada cual puso de manifiesto la austeridad y la corrección, por un lado; lo ostentoreo y casposo que puede ofrecer la hipocresía y los falsos patriotismos, por otro; y la estupidez y la ignorancia que, como siempre suele suceder con estos demonios, fueron los que más ruido hicieron. Todos en un tumulto de descrédito y desapego absoluto hacia la ciudadanía, a quien deben guardar respeto, mostrándose como meros tahúres barriobajeros, queriendo jugar con cartas marcadas, y repudiando así el respeto que merece la propia cámara. De ese reducto debiera manar las esencias mas dignificativas de la democracia y sólo hubo efecto espejo del costumbrismo al que ellos mismos han sometido al resto del pueblo español y continúan por el camino del hastío insoportable con ya descarado denuedo. Fíjense, hubiera valido con un "voy, o "lo veo", que es como decir, "juro" o "prometo", pero no. Lo importante es dotar de vida propia la más grande de las estulticias que puede mostrar de sí mismo un ser humano: la ignorancia y su consecuente falta de respeto. Es decir, todo el mundo hablando del gatito y no de la partida de cartas.

No crean que esto es producto de la casualidad o de un hecho aislado. Que los diputados de este país tengan el mismo respeto y educación que un tahúr disoluto y desaforado, retratado con hipnótica decadencia por el mejor John Ford, Howard Hawks o Sergio Leone, es fiel reflejo de nuestra sociedad española, esa sociedad a la que esos representantes del pueblo llevan sometiendo a sus votantes a la tiranía del rencor, el revanchismo y el desprecio por su vecino por el simple hecho de tener entre las manos unas cartas distintas. Una parte de la sociedad española que ya comienza también a despotricar y farfullar contra la incipiente Navidad con la misma soltura con que se dirige al contrincante que juega con los forajidos de parche en el ojo y pistolas en ristre, la misma sociedad que nos ha traído a esa panda de irresponsables desaprensivos que ocupan un asiento en el hemiciclo... Aunque no sería justo meter a todos en el mismo saco, es a lo que nos han acostumbrado: a creer que todos jugamos con las cartas marcadas. Cierto es que siempre hay quienes dignifican donde están y respetan a los que no juegan con los mismos naipes.

El que firma estas palabras a modo de reflexión en voz alta no puede decirse que sea un analista político, así como tampoco diría que soy religioso (¡válgame Dios!) y mucho menos tradicionalista. Pero bien es cierto que uno se esfuerza en estar al menos informado para que no me la den con queso, aun a riesgo de que siempre haya un despreciable que te acuse de jugar con cartas marcadas: cree el ladrón que todo el mundo es de su condición. Dicho lo cual...

Que se acerque la Navidad significa que nos embargará un periodo de concordia y buenos deseos, de invitación a la reconciliación, recogimiento familiar y también espiritual. Que se acerque la Navidad significa que los peques se convierten en verdaderos y máximos protagonistas de una tradición familiar que no sólo consiste en recibir regalos y ofrecerlos. También significa dar cariño y recibirlo, repartir bondad sin esperar nada a cambio. Navidad significa recordar a nuestros seres queridos, esos que dejaron un asiento vacío en nuestro corazón, que su recuerdo ocupe ese lugar huérfano para festejar lo que siempre fue, y hacer honor al legado que dejaron en nosotros como personas, como seres humanos.

La Navidad significa esforzarnos por aunar fuerzas para acopiar amor, paz y prosperidad para el año que se avecina. Significa que la celebración ante una mesa donde podamos cenar a nuestras anchas, con ese punto de opulencia que no hacemos en todo el año, nos haga sentir agradecidos por estar vivos y por los alimentos que esperamos y deseamos no falten nunca en nuestra mesa. La Navidad significa recobrar fuerzas para que todo el año que está por venir podamos dar "gracias", "por favor", o pedir "perdón" y "lo siento"... La Navidad significa honrar a nuestros mayores, a nuestros menores, a nuestros hermanos y hermanas, a nuestros familiares, en definitiva.

No obstante, el uso que se le dé o cómo se celebre esta TRADICIÓN no es óbice para calificar la fiesta de paparruchas sin sentido, de hipocresía barriobajera, de insolidaridad y desprecio por los más desfavorecidos. Porque toda tradición que conforma nuestras raíces, que son esas cositas que están bajo tierra y por donde se alimenta el árbol de la vida, siempre tienen al acecho una legión de trolls que procuran denostar cualquier cosa que, racionalmente, no tenga sentido.

Los que respetamos las tradiciones (que no necesariamente celebramos o fomentamos) sabemos que las fechas que se avecinan se celebraban ya en la antigua Roma. Eran las festividades del nacimiento del Sol invicto del Dios Apolo, y también las "saturnalias", en honor a Saturno, al principio del solsticio de invierno; y antes que ellos también los germánicos y los escandinavos celebraban sobre esas fechas el nacimiento del dios Frey, dios del sol naciente, la lluvia y la fertilidad (de donde proviene la tradición del rendir pleitesía al árbol de Navidad, porque ellos adoraban a un árbol de hoja perenne que representaba el universo); y todavía antes que éstos los aztecas, que celebraban el advenimiento de Huitzlilopochitl, dios del Sol y de la guerra, que se celebraba en el mes de Panquetzalitzli, que de manera aproximada se desarrollaba entre el 7 y el 26 de diciembre... y así podríamos estar largo tiempo hablando de diversos folklores populares a lo largo de la historia de la humanidad que el mundo y la cultura cristiana han tomado como referencias para recordar al nacimiento de Cristo.

Sabemos también que el mundo está lleno de hipocresía, de falsos amigos, de amenazas, traiciones, de toda la maldad que anda sembrada por todos los rincones de la tierra y por lo que sufren seres humanos como nosotros: desfavorecidos, desahuciados, desamparados, huérfanos..., los que están solos..., los que no tienen para comer..., y todo por un puñado de guerras, de odio, de envidia, de venganza...

Sí, señores trolls, lo sabemos todo y no por dejar de celebrar la vida, por no recordar una vez al año la esperanza, la concordia, la bondad, el honor, la familia, o que al menos todo eso existe, van a desaparecer todos sus antónimos. Créanme si les digo que nosotros no solucionaremos los problemas por dejar de celebrar la Navidad, y los tahúres que están en plena partida de cartas tampoco solucionarán nada de lo que nos atañe y por lo que sufren nuestros hermanos de sangre en todo el mundo. A nosotros nos queda la solidaridad, sí, y además son fechas propicias para ser más solidarios que nunca. Pero créanme también si les digo que los tahúres del hemiciclo llevan intentando solucionarlo desde que la democracia es democracia, y ningún sistema de gobierno, ni siquiera los distintos totalitarismos, monarquías, aristocracias, teocracias, ni ninguna "cracia" que valga, ha conseguido erradicar la pobreza, la miseria, las desgracias, las guerras, el hambre, la desigualdad, el odio, la hipocresía..., ni ninguna de esas cualidades que nos hacen tan humanos. Nada cambiará en el planeta tierra, ni en este país, por declinar y volcar todo el presupuesto del mundo en paliar lo que, por suerte y por desgracia, nos identifica con lo que somos en realidad. Nos queda, por tanto, celebrar y recordar nuestras raíces, por más que queramos denostar el sentido religioso, hipócrita, o folclórico de cualquier tradición. Nos hace mas inteligentes y mejores personas respetarlas aunque no nos gusten o no queramos participar de ellas.

Siempre es mala fecha para intentar recordarnos a nosotros mismos que podemos ser fraternos y hermanos, entregar nuestra parte positiva y bondadosa a estar en paz con nuestro semejante. Habría sido indiferente si se celebrara en diciembre o en agosto. Porque personas sin hogar, sin nada que echarse a la boca, desfavorecidos, desahuciados, desamparados, huérfanos, solitarios..., así como sus causantes: guerras, desastres naturales, odio, envidias, venganza..., hay todos los días del año, pero a la mayoría de valientes que los recuerdan en Navidad, porque con ello pretenden crear conciencia en los demás, olvidan a éstos el resto del año. Ninguno de todos esos trolls les recuerda cuando están disfrutando las vacaciones, ni siquiera les recuerdan cuando están en la tumbona de la playa y disfrutan comiéndose un pescadito frito o un espetito de sardinas y un tintito de verano, o un almuerzo en el chiringuito con la familia, o cuando pasan el puente en un hotel o en casa de la familia, o se van de viaje al otro lado del mundo a ver a una amiga para celebrar la amistad, o simplemente cuando van a relajarse a la playita en veranito o a la casa del campo a hacer turismo rural para escapar de la semana santa... Nadie entonces recuerdan al pobre gatito.

Ésos que ni siquiera les alcanza para echar una manita de cartas con nadie, tampoco tienen el "privilegio" de participar en la fiesta de la democracia porque no tienen padrón donde ubicarse ni, por lo tanto, derecho a elegir a sus jugadores para defender sus derechos en esa partida de cartas del congreso de los diputados. Nadie les recuerda entonces. Ésos son los niños desdichados que Sorolla dejó atrás para pintar la luz y el costumbrismo que cabe en una partidita de cartas con vistas al mar. Y quizá sea por todo esto por lo que nunca nadie se ocupa de su existencia y de su bienestar. Si quieren defenestrar la Navidad, creando conciencia social a todos los que quieran respetar y auspiciar una tradición milenaria, que según la época se ha celebrado de una u otra manera, pídanle a los tahúres del hemiciclo el cumplimiento de su deber. Pero sepan que nunca un jugador otorga dividendos a quien no apuesta por él. Nunca un diputado se ocupará de los desfavorecidos porque éstos nunca tienen la oportunidad de votarle. Este pobre diablo que se dedica a poner una palabra tras otra siempre sueña despierto con aquello que escribió Ana Frank en su diario: "Qué maravilloso sería que nadie necesite esperar ni un sólo momento antes de comenzar a mejorar el mundo". Y, ¿saben lo peor? Que al final miramos el lienzo y nos quedamos siempre con el detalle más nimio, esperando que el mundo lo cambien los jugadores de cartas... ¡pobre gatito!







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Puñetazos en el plexo solar de la conciencia.

Es la primera vez que España acoge una cumbre del clima desde que se iniciaran estas reuniones anuales, que a mi humilde parecer sirven para bien poco; quizá a lo sumo para mediatizar y dar visibilidad al problema más grave al que se enfrenta el ser humano de cuantos acechan o han acechado a este planeta. Como no podía ser de otro modo, salen a la palestra los dobermans de turno para hacer caja con ello en forma de rentabilidad política. Lo más despreciable del ser humano no deja de sorprenderme. Es la primera vez, como digo, que acogemos un evento de semejante enjundia, y siempre hay un cainita en este país intentando reventar el acto; algunos ya han demostrado ser expertos en ese terrorismo intelectual pro derechos humanos y de la mujer, y los que los alientan han aprendido bien la lección. "Por eso dejé que mi cuerpo siguiera siendo la expresión misma de la sorpresa sacudida por contundentes puñetazos en el plexo solar de la conciencia, mientras en un rincón del secreter de mi cerebro sabía que estaba a buen recaudo la respuesta.", escribió el gran Montalbán en ese alarde intelectual de "Cuarteto".

Uno siente verdaderos puñetazos ante semejantes actos de incivilidad al uso, donde lo más importante no es el debate que nos debe interesar a todos, sino el rédito político. Poco importa que el mes de julio fuese el más caluroso en todo el mundo desde que se tienen registros. Así nos lo comunicó Copernico Climate Change, que es algo así como un servicio temático proporcionado por la Unión Europea para vigilar el cambio climático. Ni siquiera nos resulta extraño ver esas imágenes virales de osos polares escuálidos y raquíticos en busca de su habitat natural, habida cuenta del deshielo de Groenlandia a un ritmo nunca visto, y acaban por deglutir plástico a falta de comida orgánica. Y poco nos sorprende ya que en pleno océano pacífico se haya formado un enorme islote del tamaño de España, Francia y Alemania, de todo tipo de basura industrial, primordialmente plástico.

La Oficina de Libertad Intelectual, departamento dependiente de la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos (American Library Association), documentó 483 libros impugnados o prohibidos el año pasado. La Oficina organiza una semana anual de libros prohibidos, y esa fue la cantidad total de los que el año pasado no consiguieron pasar la censura. Ya saben: "Todo libro que ha sido echado a la hoguera ilumina el mundo", (Ralph W. Emerson). Es lo que suele suceder siempre que alguien grita "esta es la realidad" y no la que miran a través de la veladura que nos ciega a diario. Es cuando aparece la censura, el descrédito, el desprecio... Siempre hay alguien que protege intereses espurios y sale a la voz de su amo para reventar el acto. Recuerden a Greta Thunberg, una joven sueca, activista medioambiental como sus padres, que padece Asperger, fue el blanco de brutales comentarios discriminatorios por una intervención en la ONU haciendo defensa del planeta. La activista sueca se ha convertido en un fenómeno mundial por su lucha contra el cambio climático. Aquella fugaz exposición de unos hechos incontestables la convirtió en un icono para los jóvenes de su generación y para todos en general, pero también en una víctima de violencia verbal y odio en las redes sociales. Les resumo algunas prebendas:

Una escritora reporta por twitter unas fotos de Greta comiendo un plátano, "quiere reducir las emisiones de gases, y luego come plátanos que vienen de lejos. ¿Por qué no come una manzana, que se produce localmente en Suecia?". Otro escritor pone el foco de atención en que tiene dos perros grandes, "esos perros deben estar comiendo carne, y las vacas son la mayor fuente de emisión de metano y una vaca usa hasta 15.000 litros de agua antes de alcanzar la edad de sacrificio". Otro de los numerosos haters y trolls de twitter, a los que defino amablemente gilipollas ignorantes, pone el énfasis en que ha comprado un sándwich en el tren, que viene con una envoltura de plástico, y así está contribuyendo al daño causado por el plástico a los mares; o que "es curioso que se imponga no tomar aviones como medida de ejemplo a seguir, pero que con el uso de trenes está utilizando claramente la energía eléctrica, que sigue siendo generada básicamente por el carbón".

Vivimos en un auge de neoliberalismo, donde el tsunami del nacionalismo, populismo fascistoide, y xenofobia, siembran de credibilidad las noticias falsas malintencionadas. Nos están llevando hacia cierto tipo de degradación humana que había quedado en el olvido y sólo teníamos en cuenta en los documentales históricos y en los libros. Esos libros que, de seguir así las cosas, acabarán por tener el dudoso honor de entrar en esa lista de volúmenes censurados de la Asociación de Bibliotecas del mundo. Hemos visto claramente en estas últimas campañas electorales cómo los partidos políticos hasta basan sus programas electorales en el desacrédito a sus opositores y en bloquear, a base de mentiras e incluso serias agresiones contra la Constitución, cualquier forma de gobierno que no contribuya a la estupidez. Vivimos en un sistema social donde es imposible, materialmente, que alguien haga algo en este mundo sin que otro alguien contribuya a despreciarlo, menospreciarlo, menoscabarlo... contribuir a su derribo. Y nada cambiará mientras el sistema político no corrija nuestro modo de vida poniendo como ejemplo su propio modus operandi, cosa que se me antoja improbable.

A una preadolescente como Greta, por el simple hecho de querer defender lo que ha aprendido en casa; por la educacion que ha recibido de sus padres; porque entiende que su casa, el planeta Tierra, hay que cuidarlo; la han calificado de perturbada, aprovechada, loca, majara, subnormal, esquizofrénica, violenta, explotada por sus padres, sierva de la ultraizquierda... sólo por defender la absurda idea de que el planeta se deshace cayendo por la taza del váter y a vamos camino de tirar de la cadena.

Y si sólo fuesen trolls tuiteros y haters (gilipollas ignorantes sin lugar a dudas), pues tendría cierto poso de languidez, porque el ruido solo necesita tiempo para que se convierta en el polvo del silencio. Pero cuando todo un presidente del gobierno de los iuesei reacciona de manera verbalmente agresiva, como no podría ser de otro modo tratándose de Trump(oso), acaba siendo gasolina para los incendiarios profesionales de Twitter: “Parece que es una niña muy feliz, entusiasmada por un futuro brillante y maravilloso. ¡Qué bonito verlo!”, tuiteó el mandatario de forma irónica burlándose ante millones de seguidores y no seguidores en todo el mundo. FOX news, que le baila el agua cual radiestesista zahorí, (al igual que millones de medusas sin cerebro por todo el mundo), aprovechó la veda y lanzó un improperio del estilo barriobajero con navaja, nocturnidad y alevosía, impropio de un medio de comunicación serio: “una niña sueca mentalmente enferma de la que se están aprovechando sus padres y la izquierda internacional”.

Pues sí, va a ser que la pobre Greta no sea mas que una marioneta de quienes denuncian que 65 oligopolios en todo el mundo se reparten el 71 % de los gases de efecto invernadero del planeta y que lo que se debe hacer es criminalizar a la vecina del quinto por no reciclar sus plásticos. Que no digo que no esté bien eso de reciclar, pero ni ella ni miles de personas como ella deben sentirse culpables de la fabricación indiscriminada de plásticos, embalajes y productos desechables con base de polímeros en su mayoría.

Quizá la pobre Greta esté también siendo manipulada por los "izquierdosos" del mundo, que seguro son los causantes de los incendios provocados e indiscriminados del mes de agosto, haciendo que los niveles de CO2 del planeta fuesen los más altos registrados de los últimos dos millones de años, (coincidiendo con el abandono de los primeros 'homos' de África y su expansión hacia otros continentes).

Y quizá sea Greta la que está detrás de los animalistas, que denuncian que el metano emitido por la industria ganadera vacuna y ovina repartidas por todo el planeta son las responsables de casi una cuarta parte de todas las emisiones de metano. Gas que contribuye al Calentamiento Global con un 15%. Además se espera que a finales del siglo XXI el efecto de este gas supere al del dióxido de carbono.

Y con total seguridad, Greta es la vocera oficial del Registro Nacional de Emisiones (RENADE), cuyos estudios concluyen que un total de 79,53 por ciento de las emisiones de CO2 proceden de fuentes fijas cuyo origen lo poseen 20 empresas aquí en España, o que los investigadores del Global Carbon Project apuntan a que estas emisiones crecerán en torno al 2,7%, hasta llegar a superar las 37 gigatoneladas, lo que supone un récord nunca visto en la historia de la humanidad...

Pero todo esto, mis ilustres ignorantes, nos cae lejos, lo vemos a kilómetros de distancia. Lo vemos por televisión y atestiguamos así que es cierta la patraña que nos quieren vender los revolucinarios bolcheviques del mundo. Así hemos visto las catástrofes a lo largo de la historia y así seguimos viéndolas. Como si tuviésemos un grano sospechoso en la piel aunque al que no hacemos el menor caso ni al picor ni a los síntomas. No era ni mas ni menos que un cáncer de piel... hasta que es demasiado tarde para poner remedio. Lo vemos lejos, porque así ha sido siempre en la historia de la humanidad. El problema de este planeta es un cáncer cuyos cuidados paliativos deben ser drásticos y urgentes. Esa peste, al igual que todas las pestes de la historia de la humanidad, nos pillará con los pantalones bajados y no podremos siquiera ni echar a correr.

Preferimos la censura a la acción, echar tierra al oponente político que arrimar el hombro para hallar la solución, dinamitar al que piensa diferente que reconocer un error, actuar como un perro de presa ante el adversario para sacar rédito político antes que arrimar el hombro para contribuir a encontrar soluciones a la emergencia climática. La política se ha convertido en un nido de depredadores, incivilizados y arribistas. Han creado un clima cultural y social que la ciudadanía ha aceptado como legítimo y poco importa la verdad si lo que consiguen con ello es crear un caldo de cultivo de crispación permanente que les ayude a llegar al poder, cueste lo que cueste.

Necesitamos más Greta Thunberg y menos Trump. Necesitamos que las páginas que escriben activistas y ciudadanos como ella a diario se incendien en la hoguera de las censuras para que iluminen al mundo y propinen puñetazos en el plexo solar de la conciencia de todo ser humano, especialmente de los que tienen el poder de revertir esta situación.

Espero y deseo que tengamos la fortuna suficiente para evitar que las curvas de la "s" de 'suerte' no acaben bajo el tumulto de pies a la carrera de una "m" de 'muerte'. Ojalá este planeta no sucumba a la incivilidad del ser humano que está al frente de una catástrofe anunciada, y anda exhibiéndose en un rincón del secreter de mi cerebro como el único final posible. Porque el "homo" del siglo XXI no tiene un lugar por donde escapar o expandirse como el de hace dos millones de años.






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Morir es no estar nunca más con los amigos

Pocas cosas me sorprenden hoy día de la sociedad que estamos permitiendo construir a la orilla de nuestros dominios. Es tal el nivel narcótico que impregna todo cuanto llega a nuestras fauces que apenas sí consigue inquietarme algo. Lo cual significa dos cosas: o me he idiotizado en demasía o he vivido mucho más de lo que debiera. A veces incluso pienso si estoy muerto en vida. Parece que todavía no, quizá porque aún quedan amigos. Tampoco he vivido en demasía, porque la vida es en sí misma una droga dura de la cual es dificil desintoxicarse y por ello todos vamos directos a camposanto antes o después, por sobredosis de vida: siempre quedan cosas por vivir. Y que esté escribiendo esta reflexión me excluye en parte de los idiotizados del mundo, aunque de esa mácula nadie escapa del todo.

Vivimos sumergidos en un nivel de indolencia e hipocresía capaz de preñar de plástico todo el mar de agua del que estamos hechos. Apenas pestañeamos y olvidamos lo sucedido hasta que alguien lo recuerda de pasada a la sombra de unas tapas en el bar virtual de Facebook o Instagram, regadas con una refrescante cerveza que nunca paladearemos... y ahí queda todo: la vecina sigue invirtiendo en plástico para su cara y sus curvas y seguimos utilizando plástico hasta para beber agua. Normalizamos, en definitiva, todo cuanto cae en las redes sociales. La muerte, por ejemplo, que cada cual expande como un virus con el tacto de un dedo para predicar sobre el dolor que queda inerte en esa misma orilla de lo virtual que linda con la realidad. Y apenas aparece un nuevo aliciente, la realidad ha caducado.

Sucede con todo lo que ocurre en la vida (cuando digo 'vida' me refiero al primer mundo y también al segundo, el tercero padece ya de por sí un infierno del que resulta imposible salir tal y como está diseñada la dinámica de consumo actual). Alguien tiene éxito y afilamos los colmillos  para ignorar su felicidad como lágrimas en la lluvia que cae sobre la isla Perejil. Si por otro lado cierran las fronteras de todo un país por alerta de epidemia de ébola, ni siquiera prestamos atención a las noticias porque dejamos que suene de fondo mientras acabamos el plato de comida que aquellos que sufren en aquel país remoto jamas podrán catar. Un afamado músico que nunca hemos escuchado fallece y nos apresuramos a compartir la noticia con fervor con tal de dejarnos llevar por la corriente de todas las redes sociales a las que estamos suscritos, sin dejar de lamentar la pérdida al compás de tal o cual canción...  que olvidaremos antes de que salga el sol o un gallo cante tres veces. Todo cuanto se toca está sujeto al exhibicionismo del que más sabe, del que mas bonito lo dice, del que más impresiona... eso que todos conocemos como postureo, y que todo cristo practica sin pestañear antes de decir "yo no lo hago, yo sólo comparto".

Y compartimos todo cuanto sucede a nuestro alrededor, idealizando hasta la extenuación cuanto pueda captar nuestra cámara, preñando de filtros cada pixel para enmascarar así la realidad de tristeza y desamparo que nos abruma a diario. Y qué decir de las ideas políticas, que han entrado en una guerra inaudita sobre la paleta de color amalgamada de la idiotez, tan abigarradas que la imagen de una anciana rebuscando en la basura sirve de arrojo venenoso a la izquierda y a la derecha para reivindicarse, y sin embargo ambos extremos se abrazan en el mismo espacio de inacción, porque ninguna de las partes consigue remediar que continúe sucediendo cualquier tragedia humanitaria; les interesa tener armas arrojadizas que alimente la voracidad de sus fieles; el odio y el rencor hacia algo tan intangible y superfluo como una idea contraria: se odia el continente, no el contenido. ¿No es del todo absurdo? Tiene explicación. Amamos cuanto vemos, no lo que habita en el interior. Las ansias de parecer prevalecen sobre lo real y por eso somos capaces de comprar un objeto con tal de que nos lo presente en esa caja tan bonita donde va guardado.

Y en la cúspide de todo lo que nos va ahogando y nos impide luchar para emerger a la superficie tenemos a ciertos animalillos que van mostrando día a día sus inauditas e incalificables habilidades, lo ostentoso de sus vidas ficticias o lo más magro de su complexión con el simple objeto de exhibirse en esa carnicería que sólo existe en la ensoñación de cuántos les imitan, que aspiran a tener una vida que nunca tendrán y acaban copiando esos modus operandi de la fauna intrépida de las redes sociales; ya desde pequeñitos permitimos incluso que admiren en sus tabletas cómo juegan otros de su edad en un duelo en el que sólo en sus deseos ganarán, con lo que sus padres conseguirán que suspiren de mayores ser todo un bufón medieval moderno, al que se le ha dado por denominar influencer, anulando así el bastión artístico universal de un niño, que es como decir del ser humano: la imaginación. Es, en definitiva, una sociedad que no crea, sólo copia patrones.

Sentimos la urgente necesidad de identificarnos con etiquetas o que somos o pertenecemos a algo o a alguien, curiosamente en una era marcada por ofrecernos de manera ominosa la apuesta personal por la libertad y la independencia. Compra el producto, conduce el coche, adquiere la casa..., y siéntete libre como un pájaro, como si la libertad tuviera alas. Esa libertad, cualquiera de las libertades, tiene siempre un precio, el precio que nadie te revela hasta que te toca pagar... y luego llegan los lamentos. Bob Dylan lo estampó entre signos de interrogación: ¿Acaso los pájaros no son prisioneros del cielo? Sumamos etiquetas para identificarnos en cualquier lugar del mundo. Nos han inculcado que globalizar todo cuando sucede en cualquier rincón nos haría más libre y en realidad nos ha hecho caer en una esclavitud cuasi perfecta,  sin necesidad de cadenas ni verdugos con látigos. ¿Acaso la inmensa mayoría de mortales (del primer y segundo mundo) no trabajan desde el móvil o la tableta en su período de vacaciones? Desconéctate y perderás el empleo...

Siempre tuve presente que la poesía era el único instrumento capaz de cambiar las cosas, todas estas cosas. En mi inmensa ignorancia, ya sólo soy capaz de creerlo de manera utópica y que sólo cambiará cosas en mí, dado que la poesía de hoy, la que alientan tanto críticos como intelectuales y sobre todo editoriales, se está ahogando en la misma orilla en la que se ahoga todo lo que nos incumbe como seres vivos. Basta una simple ocurrencia apoyada por cientos, si no miles, de borregos amaestrados en esas lides del deseo de las vidas ajenas para que, como una plaga, se expanda ese mensaje erróneo por doquier, hasta llegar a las plataformas editoriales más mediáticas para hacer caja con ello.

En la poesía se concentra el universo en breves palabras. Una amalgama de reflexión que alberga tanta importancia, que tanto el mensaje como lo escrito confluyen en un mismo plano, dando a luz una realidad universal. “El poeta no tiene por finalidad comunicar un pensamiento, sino despertar en los demás un estado emocional en el que nazca un pensamiento análogo (pero no idéntico) al suyo. La ‘idea’ desempeña (en él como en los demás) tan sólo un papel parcial”.  Así reflexionaba Paul Valéry y es totalmente lo opuesto a lo que nos han inculcado en este último lustro: la idea es el papel primordial y el estado emocional que surge como consecuencia es tan sólo algo secundario; tanto, que se premia la técnica y la estética, y no así la consecuencia universal de la poesía: el estado emocional que da como resultado una reflexión. Recuerden, amamos el continente, no el contenido. He llegado a oír incluso cómo se han decidido a comprar un libro por lo bonito que es.

Tal es así, que hasta a ciertos elementos cuasi analfabetos de la sociedad se les considera adalides del abismo y, por extraño que parezca, hasta prestigiosos poetas y catedráticos de postín se apresuran a auparlos a la categoría de gestores de una cultura de la que carecen... todo sea por salir en una foto y que se viralice su presencia por doquier a cambio de prostituir la verdadera esencia de la poesía: despertar estados emocionales con capacidad de hacer brotar vida en ese estado de reflexión permanente al que obliga, o lo que es igual, concentrar el universo en unas pocas palabras. "Nos seguirán porque salimos en la foto con fulano y mengano, ¡qué privilegio!" Quizá sea ése el quid de la cuestión por el cual todo el mundo parece haber tomado un interés en hacerse poeta: propagar su popularidad con aquestos adalides del postureo y viralizar esa aureola y no lo que de verdad importa, como predicó Valéry. Es la realidad: la poesía se ha transformado en un mero adorno que decora los muros infinitos de las redes sociales. "Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan / decir que somos quienes somos, / la poesía no puede ser sin pecado un adorno", escribió Gabriel Celaya en 'La poesía es un arma cargada de futuro'... de un futuro que parece morir en la misma orilla que todo. Porque 'morir es no estar nunca mas con los amigos', como apuntó Gabo. Y la poesía, más que ser un elemento vinculante, se ha convertido en excluyente, y por tanto elitista e impoluto, que no toma partido por nada ni por nadie y ni tan siquiera es capaz de mancharse las manos. Ya no es un alarde de valentía, sino todo lo contrario.

En la orilla de mis dominios yo sólo quiero que habite la amistad, al recaudo de cervezas, vinos, tapas, cenas, buenas charlas mejores reflexiones y, cómo no, abrazos y cariño. Esa orilla es un lugar donde escuchar es un instante eterno y desoír el ruido que perece donde desfallece todo a día de hoy. A modo de profecía decían los versos del poema de Celaya que mencioné antes: "Estamos tocando fondo. / Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales / que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse". Hay que tomar partido hasta desfallecer en la orilla, donde siempre estarán los amigos esperando para ayudarnos a tomar aliento y ponernos en pie. Y si alguna vez no los hallamos cuando nos desplomemos desfallecidos sobre la arena y casi sin aliento, entonces habremos muerto. Porque tan cierto como escribo estas ultimas líneas, ser honesto y enfrentarse don dignidad y verdad a todo cuanto ha quedado atrás en esta reflexión te pone en entredicho ante toda la comunidad y acaba repudiándote y empujándote a un mar de despecho y desprecio con el único fin de que mueras sobre la orilla. 








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Sobre la inmensa mayoría silenciada de siempre

Hace unos días leí unos comentarios despectivos hacia 'las escritoras' de novelas románticas (el género rosa, como dicen algunos, con ese afán de ponerle etiquetas a todo): nótese que no referían el genérico masculino, desde los inicios promulgaban la crítica  hacia 'ellas'. Comentarios que derivaron en reflexiones, a cual más misógina, salpicada de casposa testosterona por parte de esos "eruditos": si tan importantes son, por qué nunca ganan premios de la crítica o alguno de los premios importantes del país, apuntaba uno. En cierto modo no le faltaba razón. El género en cuestión siempre ha sido defenestrado y arrostrado por el fango del incómodo éxito de ventas al margen izquierdo del cuaderno intelectual.

El problema de fondo es que tiene mucho que ver con que la inmensa mayoría de autores del género (mal llamado) rosa son mujeres, porque hablan de esa cosa cursi del amor romántico y porque se supone no es un dechado intelectual de virtudes. No es un secreto (y si lo es, haré de Lázaro y revelaré el gran secreto de don Manuel, antes de que Blasillo se apresure a gritar las medias verdades por las calles para que no pueda oír la mía) que entre los círculos intelectuales y de gran calado es oír hablar de novela romántica y comenzar a producir urticarias, dejando escapar por la comisura de la boca una sonrisa, de esa clase que resultan ser balsámicas para sus lesiones cutáneas, con la grafía de toda una perorata de manidos clichés de ignorancia prosopopéyica que dilapida cualquier atisbo de interés literario. Ese silencio remozado con el adorno de esa curva grosera y despectiva es capaz de acallar cualquier argumento.

El silencio, en ocasiones, es delator: "brota del fondo del silencio / otro silencio, aguda torre, espada, / y sube y crece y nos suspende / y mientras sube caen / recuerdos, esperanzas, / las pequeñas mentiras y las grandes,". Ese silencio de desprecio en torno al género romántico, o rosa, como prefieran, brota para suspenderlo entre esas pequeñas mentiras y esperanzas de quienes se atreven a juzgar qué es bueno y qué no lo es, sobre todo 'esos' que deben dar ejemplo de ecuanimidad e imparcialidad. A mi recuerdo, pues, viene inapelable el trabajo de una autora que ha sido leída por mas de cuatrocientos millones de personas en todo el mundo, que ha escrito casi cinco mil títulos y ha sido traducida a casi una treintena de idiomas. Ya quisieran entre todos los intelectuales de este país juntos sumar siquiera cifras parecidas a las que consiguió (y continúa haciéndolo, Editorial Planeta puede dar fe de ello) María del Socorro Tellado López, también conocida con su seudónimo Ada Miller, pero mundialmente aclamada como Corín Tellado.

No deja de ser curioso que, al teclear en el buscador del navegador los escritores más leídos de la lengua castellana, nunca aparece ese nombre entre los autores. Todos los que aparecen siempre son hombres y no llegan ni a hacerle cosquillas a la magnitud del alcance de María del Socorro, sólo superada por el grande entre los grandes, don Miguel de Cervantes. Una mujer que no sólo luchó contra la inclemente y repugnante censura de la época, sino también lidiar contra el machismo imperante de una sociedad diseñada por hombres y para hombres en el sentido semántico más casposo. Puso en relieve de la manera más sutil que le permitieron las circunstancias trazar los parámetros de la sociedad que le tocó vivir, y edulcorar con realidad y personajes que podrían ser el vecino del cuarto y la señorita del bajo 'b' todas y cada una de las historias que pergeñó para beneplácito y ensueños de medio mundo.

Es lo que tiene ser mujer, que te olvidan fácilmente en el rincón de pensar a las primeras de cambio hasta que alguien por capricho, un modo supino de calificar el interés comercial, y en especial si se cumplen efemérides de su onomástica, decide que puedes volver a tu lugar, siempre en un segundo plano y si ese reflote tiene perspectiva de dar suculentos réditos económicos.

Si por un momento cree que no es así, pregunte por María Andrea Casamayor, que redactó el primer libro de ciencia y tuvo que firmar con un nombre masculino para que viera la luz; o la que probablemente pudo ser la primera astrónoma española Fátima ben Ahmed, hija del Astrónomo Mosama ben Ahmed; María Andresa Casamayor, que redactó el primer libro de Aritmética publicado por una mujer en España... ¡con solo 17 a años!; y ya que hablamos de matemáticas, presente en nuestro siglo XXI hasta hace bien poco que nos dejó, la matemática especialista en álgebra María Josefa Wonenburguer, con dos doctorados a sus espaldas que nunca le fueron reconocidos por razones de testosterona diplomática, y tuvo que emigrar a Estados Unidos para ver recompensada su brillantez y privilegiada lucidez. La lista de 'olvidos descuidados' es tan ominosa que no cabría en un solo diccionario enciclopédico, habría que elaborar uno por cada materia: filosofia, artes, ciencia, matemáticas...

La sensación de que las mujeres, en cualquier sentido, han de trabajar el doble es tan manifiesta, que a veces uno siente vergüenza ajena de pertenecer al género masculino. Si de algo me hago acreedor es de poner el foco donde más duele, y en esta ocasión habría que decirles a los intelectuales de turno, a los de siempre (porque no hay "las" de siempre), esos que hacen ostentación de su ominosa equiparación de género, que saquen sus cabezotas del ombligo y empiecen a desempolvar el recuerdo y el legado de cuantas mujeres contribuyeron a mejorar las vidas de los seres humanos en todos los sentidos. Si por cada homenaje a García Lorca se hiciera uno a Hipatia de Alejandría, el mundo viviría con un mayor respeto hacia el conocimiento y la reflexión. Y no me entienda mal, no digo que esos recordatorios al legado del poeta granadino no sean de mi agrado. Digo que esos que se frotan las uñas sobre la solapa regalados de sí mismos hagan ejercicio de esfuerzo en mirar más allá de su egocentrismo masculino y del de sus amiguetes aduladores de pandereta a los que no se cansan de premiar y dar palmaditas en el hombro de lo bien que lo hacen... pero que apenas nadie les lee. Desempolven a esa autora que, tras Cervantes, es la mas leída de toda la historia de la literatura española..., y escribía novelas románticas. Pero claro, no se llama Arturo, ni Carlos, ni Javier, ni Manuel. Carece de riqueza intelectual perfumada de testosterona, de silencios cómplices que lleven escritas toda una perorata de manidos clichés de ignorancia prosopopéyica que dilapide cualquier atisbo de interés literario.

... "y queremos gritar y en la garganta (continuaba Octavio Paz en su poema 'Silencio') / se desvanece el grito: / desembocamos al silencio / en donde los silencios enmudecen." Al final quedan esos curvilíneos silencios prolongados cuya elocuencia envilecen todo aquello que tocan y lo abocan al ostracismo, donde los silencios de las mujeres anónimas enmudecen atragantadas de testosterona. Quién remediará esto alguna vez...








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No basta renovar para mejorar

Decía Machado, grande entre los grandes, que 'no basta mover para renovar, ni basta renovar para mejorar'. Visto lo visto, ahora que apenas hace un mes se cumplen 100 años de la muerte del maestro, resulta que anda todo patas arriba allá por donde uno mire, sobre todo aquí en casa, donde también llegará la ignominia de ley sobre derechos de autor que se aplicará en todo el viejo continente. Y es que el pasado día 20 de marzo la Unión Europea aprobó una nueva ley de copyright en la que defiende, todo muy loable, los derechos de los autores en todas las extensiones que ofrece Internet tal y como lo conocemos hoy día. Hasta aquí, todo correcto. Me pareció en su momento, y me sigue pareciendo ahora, que padres, madres, niños, abuelos, púberes y demás fauna 'yutubera' aprovechan el vacío legal existencial que ofrecen estas plataformas para tomar del banquete digital todo cuanto les apetece del trabajo musical, cinematográfico, literario, artístico en general, y convertirlo en audiencia o reproducciones, que traducido significa pasta, money, viruta, parné... sin tributar un sólo céntimo a los respectivos autores. No obstante, la directiva europea, en el artículo 13 deja en manos de un algoritmo la capacidad de decisión que debe estar en manos de un juez y esto es poco menos que un golpe de estado contra la razón y la libertad. La palabra más utilizada por expertos en derechos de autor es "barbaridad". Y lo secundo: no basta renovar para mejorar.

Ahora que estamos en precampaña electoral (que Dios nos pille confesados, porque aún no hemos entrado en el estado permanente de "consignas" y demás ocurrencias y "barbaridades" y ya nos llueve esa borrasca) no hacemos más que oír 'eslóganes' de todo tipo en busca de la confrontación, con el objeto de rendir cuentas permanentes con el pasado. Unos vociferando a gritos contra otros, estos increpando e insultando a aquéllos, y entre medias están los adalides de la resurrección del régimen criminal que asoló España, queriendo acabar con todos para ajustar cuentas generalizadas con aquellos que no piensen como ellos, dando buena cuenta, tanto gráfica como ideológicamente, qué es el fascismo y lo que ofrecen en su repertorio. Todos estos dan por bueno el verdadero origen y significado de la palabra 'slogan', del gaélico 'slaugh-ghairm', cuyo significado literal era 'grito de guerra'. La evolución de la palabra derivó hasta 'slogorne', consigna. De ahí que el el llamamiento político se utilicen 'consignas' a modo de grito de guerra para arengar a un electorado más o menos emotivo y borreguil.

Cada vez que entramos en campaña electoral, nos encontramos en una batalla de clanes, cuyos líderes van arengando a sus soldados con sus 'slaugh-ghairm'. Y para más inri, en vez de confeccionar listas electorales con personas capaces o gestores dignos, los partidos políticos andan a la gresca confeccionando 'platós' de televisión, intentando copar el máximo número de flashes y las máximas garantías de audiencia y cuotas de 'share'; por supuesto, el máximo rendimiento en las plataformas digitales de vídeo para obtener de camino réditos económicos y seguidores mansos y dóciles. Cuanto más famoso el personaje, sea cual sea su faceta, más posibilidades de viralizar todo cuanto diga por las redes sociales y por las plataformas 'yutuberas'. Apenas nadie lee los programas electorales ni sirven para nada porque a la vista de todos quedó aquel programa que encumbró al ex presidente del gobierno en una mayoría absoluta infame y catastrófica para la deuda española (entre otras cosas: cultura, educación, sanidad, etc...), y que no cumplió ni un solo punto de cuantos prometió sobre el papel en campaña electoral. 

Con lo que no contábamos en este preludio de elecciones es que, además de las arengas, íbamos a contar con la presencia infame de la ignorancia copando todos los titulares de prensa. En esta precampaña infausta, donde nos jugamos aún más de lo que parece y la fractura de este país es manifiesta, entró en escena un personajete incauto e ignorante, que además resulta ser presidente de un país, y pretende dar lecciones de historia al más puro estilo 'yutúber', exigiendo que el gobierno de España, con don Felipe VI a la cabeza, pida perdón por algo que sólo él (y la cohorte de ignorantes que le siguen a pie juntillas como borregos) ha podido leer en su libro de historia. Porque resulta que lo que sucedió en la patria de Tenochtitlán fue una salvajada de un grupo de cuatrocientos cincuenta o quinientos españoles que tuvieron como infantería a los sometidos por el pueblo azteca, pueblos contrarios o enemigos, como los tlacaltecas. Y así se liberaron de esa tiranía con ayuda de los españoles. Sería bueno recordar, quizá, que hasta la independencia de Méjico en 1821, la Corona recompensó a los que participaron en la conquista con una excención de todos los impuestos habidos y por haber, y que fue a partir de ese año cuando comienza la llamada "tragedia de los indígenas". Bien pensado, quizá debiera ser al contrario: López-Obrador debería dirigirse a su propio pueblo indígena y pedirles perdón por todas las tropelías cometidas contra su estatus de pueblo soberano. Aquella conquista no fue la de España, sino la de unos indígenas sobre otros con la ayuda de la Corona. Pero este es también el estilo de la campaña que nos queda por ver, la de la posverdad y la lucha por la presencia masiva en la televisión, los medios de comunicación y las plataformas digitales como YouTube. Cuanto mayor sea la barbaridad, más presencia por doquier, que traducido significa, por ende, más pasta.

Está claro que el tal López-Obrador (y la cohorte de indignados ignorantes que dramatizan impunemente con sus 'eslóganes' haciéndole la ola) tiene de fondo un consumado espíritu 'yútuber'. Él y todos los políticos que salen a la palestra en campaña para ver quién dice la barbaridad más grande jamás contada, con el objetivo claro de contar por miles las visitas a sus perfiles y sus 'yutubes', convirtiendo sus barrabasadas y barbaridades en consignas. En el caso del presidente mejicano, su magnífica y breve exigencia no es otra cosa sino fomentar su presencia en la vida pública hispanohablante para resarcirse como personaje público y, de camino, desviar la atención hacia otros derroteros que no son los verdaderos problemas que acucian a su país y que no sabe cómo afrontar. Del mismo modo, las estrellas del firmamento político del nuestro vituperan a sus contrarios y procuran rodearse de entornos idílicos y de estrellas mediáticas para salir lo mejor posible en sus vídeos y aumentar las visitas y los réditos que las plataformas conceden a sus partenaires. Y todos estos han dicho hasta la saciedad que han venido para renovar la política y mejorar su estatus: 'no basta mover para renovar, ni basta renovar para mejorar'.

Si algo espero en la aplicación del articulo 13 de la nueva directiva europea sobre los derechos de autor, es que silencie las bocas de aquéllos y su visibilidad en las redes, dado que esta clase social pretende 'mover para renovar' y nos hacen creer que van 'renovar para mejorar', y vemos sobradamente (si no nos ciega lo sectario del partidismo) con eso no basta. Porque la ciudadanía necesita veracidad y moviendo la caca de un lado a otro no se renueva el aire ni renovando el aire se mejora el aspecto del lugar donde esté depositada la caca. 'Ya está todo inventado', decía el maestro Borges, 'a lo más que llegamos es a copiar con nuestro propia voz'. Así que si el algoritmo hace de juez Dred y elimina de la fanfarria a los nuevos 'yutúbers' políticos que dominan la parafernalia mediática de hoy y silencia los manidos y anacrónicos 'slaugh-ghairm', que a buen seguro ya tienen propietarios, nos hará un favor a la ciudadanía. Si no es así, que es lo más probable, entonces el maldito artículo 13 sólo sirve para copar titulares y, sobre todo, para ayudar a fomentar la presencia de estos nuevos 'yutúbers', que acumulan grandes cantidades de reproducciones, que a la postre, traducido significa pasta, money, viruta, parné... y por supuesto hará buenas las palabras de Machado.








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¿Habrá otro más pobre y triste que yo?

Era una mañana desabrida y un tanto melancólica, abúlica y bucólica. La gente parecía llevar escrito en el rostro aquellos versos de Calderón: "¿Habrá otro, entre sí decía, / Más pobre y triste que yo?". Y con esos trazos caminaba la concurrencia con parsimonia, denotando un cierto hastío que iba embotado de cierto costumbrismo monótono. Pocos pasos más allá, algo pareció llamar la atención de todos los que habían encontrado oro en ese pequeño detalle que resalta entre la tibia ceniza de lo cotidiano. Imposible caminar por la acera por donde discurría para embocar el mercado de Atarazanas y al otro lado (me separaba el torrente de alquitrán que regurgita por pura diacronía folcrórica el tráfico rodado) vi cómo un par de personas atendía a una señora mayor en el suelo, al parecer había sufrido un vahído. Esto que pudiera parecer hasta relativamente normal, zurría hasta en lo más recóndito de mis entrañas al ver prudencialmente alejados unos chavales grabando la situación con sus respectivos teléfonos, incluyendo selfies groseros y maleducados. No cabe duda que harían las delicias de sus seguidores de Instagram, Twitter o de donde demonios, a estas horas, hayan subido sin duda alguna esos vídeos y fotos.

El sociólogo Henri Tajfel, desarrollando la Teoría de la Identidad Social (les dejo aquí un pequeño extracto para el que no esté relacionado con ello o quiera saber algo más del asunto), llegó a la conclusión, entre otras cosas, de que tendemos a compararnos entre nosotros con estatus inferiores, porque nos hace sentirnos mejor y hace tener de nosotros mismos una imagen positiva, algo así como hacernos un 'selfie' junto a alguien y que el resultado nos halague por la extraordinaria fotogenia conque nos representa y quien está a nuestro lado aparece con los ojos entreabiertos y en un gesto poco ortodoxo. Cuando salimos ganando en la comparación, sentimos que el otro pierde y nosotros ganamos, en nuestro interior dibujamos una estupenda sonrisa y nos alegramos. Porque nosotros ganamos, los otros pierden. Es este el morbo social que, cuanto más individualista es el ser humano, más se encona en las entrañas. Y además es un sentimiento primitivo, ancestral, que tiene mucho que ver con repudiar lo ajeno y proteger lo que siente uno como propio: los nuestros, sí; los otros, no.

Personalmente para mí supuso, aquel gesto de los muchachos, como otros muchos de los que a buen seguro hemos visto o sido testigo por cualquiera de las redes sociales, el ejemplo más meridiano de lo que disfruta el ser humano con el espectáculo del dolor ajeno. A estas alturas de la vida, quién no ha presenciado, mientras iba en el coche, cómo las asistencias sanitarias y la policía ponían todo de su parte para restablecer en la medida de lo posible el orden en la carretera tras el impacto de dos o tres vehículos. Todo el mundo ha ralentizado la marcha para ver todo cuanto se pueda ver. Porque nos produce morbosidad el mal ajeno. La teatralidad de la catástrofe. 

Morbo, dice la RAE, que es "enfermedad", "interés malsana por personas o cosas", "atracción hacia acontecimientos desagradables". Esta sociedad ha sucumbido a estas acepciones hasta límites insospechados. Cuando unos jóvenes son capaces de impresionar a sus seguidores con vídeos del síncope de una anciana en plena calle, con el espectáculo dantesco de los medios informativos recreándose hasta la saciedad en la desgracia de un pequeño atrapado en un pozo (mueren 2 niños ahogados cada día en el mediterráneo: los nuestros, los otros), con las interminables reproducciones de la guerra en Siria que produjo miles de masacres, o con los millares de cadáveres de los que se va nutriendo el mar mediterráneo casi a diario.

Los síntomas de que vivimos en una sociedad enferma, morbosa, interesada especialmente por los acontecimientos desagradables, es precisamente la falta de respeto, la escasez de ética, la ausencia de tolerancia hacia lo ajeno, sobre todo a la privacidad del dolor ajeno, anda en vías de extinción. La familia del pequeño fallecido en un pozo sigue de duelo y tendrá que llevar en sus conciencias la retransmisión en vivo y en directo de la extracción de un féretro bajo la tierra y es evidente que la 'noticia' ya no interesa a nadie, y mucho menos el dolor de esa familia. La comunión de los medios internacionales para ponernos al día, a la hora de almorzar o de cenar, en relación a la crisis humanitaria preñada de millares de cadáveres sirios, es un escarnio que sigue su curso pero que ya ha dejado de ser novedoso, porque esos no son los nuestros y porque la morbosidad de la desgracia ajena, la teatralidad de la catástrofe, radica en la primicia; una vez el conflicto ha llegado a los confines de la tierra, y se vuelve costumbre, deja de interesar. Hemos convertido la morbosidad, el dolor ajeno, en un entretenimiento informativo, en un espectáculo dantesco, en la perversidad más absoluta, en la falta de respeto al duelo y al dolor más repugnante de la historia de la humanidad. Todo ello denota una falta de madurez y de desarrollo intelectual fuera de toda órbita. Poco importa si un acto es pequeño e inofensivo o grande y universal: "El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho; y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho. (Lucas 16:10)

Apenas sí hemos desarrollado intelecto humano, empatía, desde el siglo de oro hasta ahora. La respuesta a la pregunta de si '¿Habrá otro más pobre y triste que yo?', el propio Calderón ya había sido el mejor ejemplo de sociólogo (y mucho antes el infante Don Juan Manuel: "Por pobreza nunca desmayéis, pues otros más pobres que vos veréis.); es de lo más elocuente y resume bien toda vorágine de lo que es la miseria del ser humano: "Y cuando el rostro volvió / Halló la respuesta, viendo / Que iba otro sabio cogiendo / Las hierbas que él arrojó". Seamos sinceros: cuando dejé atrás aquellos jóvenes regodeándose en la más absoluta repugnancia, me prometí escribir esta parrafada y quería terminar con el deseo, al menos, de que quien venga detrás, recoja las hierbas que acabo de arrojar.








Cuentan de un sabio que un día
Tan pobre y mísero estaba,
Que sólo se sustentaba
De unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
Más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió
Halló la respuesta, viendo
Que iba otro sabio cogiendo
Las hierbas que él arrojó.

Quejoso de mi fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
Piadoso me has respondido.
Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido.

(Calderon de la Barca, fragmento de "La vida es sueño".)






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Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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