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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Españolito, que vienes al mundo, te guarde Dios.

La cita, probablemente apócrifa, del estadista alemán Otto von Bismarck, responsable, dicho sea de paso, de la unificación de los estados bávaros (Babiera, Sajonia, Prusia...), deja entre bambalinas y oropeles el talante del carácter hispano: "España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido". No obstante, ya puestos a citar 'cosas', se me viene a la mente, contrastando con las palabras del canciller, aquello de Jaime Gil de Viedma: "De todas las historias de la Historia, la más triste sin duda es la de España porque termina mal". Gran profeta y mejor poeta sin duda don Jaime.

Ya he comentado durante muchas entradas de blog que me gusta opinar sobre lo que ocurre después de que todo el mundo aplaude, vitoree o abuchee o increpe el primer balonazo del partido. Así tengo tiempo de reírme, en un principio, y de lamentarme al final, porque toda discrepancia siempre desemboca en el mismo desagüe; de otro modo España no sería lo que hoy es. Resulta que todos miran lo que hacen los jugadores con la pelota y no el porqué se comporta la pelota de ese modo en el infinito de la nada, abrigada por las leyes de la física. La pelota..., que en definitiva es el elemento indispensable para que haya juego. Sólo se preocupan de ello cuando existe un gol fantasma.

A colación de la sentencia que la Sección Segunda de la Audiencia de Navarra, un torrente de reacciones multitudinarias inundaron las calles, no solo de España, sino también de medio mundo. Una reacción comprensible y justificada, dados los hechos probados y la incomprensible reacción de la susodicha Sección Segunda al catalogar el deplorable acto perpetrado por la ya mundialmente conocida como "La Manada" de "abuso sexual contiuado" y no de lo que es de todas todas: agresión sexual, violación.

Traigo aquí a modo de introducción el recuerdo de una joven que conocí hace ya muchos años y me confió una historia que me impactó un tanto en aquel momento por no esperarla de alguien, en apariencia, inofensiva y tímida en altas dosis. Yo gastaba unos veintipocos añitos y no muy acostumbrado a presenciar sinceridad tan bárbara ni tan elocuente, casi una década menor que ella. Resulta que esta amiga, resumiendo, se llevó a su apartamento a cuatro amigos con quienes mantuvo relaciones sexuales, una cama redonda lo llamó ella. Lo explicó con naturalidad y sin reparar en algún que otro detalle. Con esta simpleza quizá, grosso modo, habría que explicarle al juez que "interpretó" las imágenes de los vídeos que pasaron por manos de su señoría como consentidas, qué es lo que es consentimiento y qué es lo que no lo es. Porque si te introducen en el rellano de un portal cinco tíos más bien cachas a quienes no conoces y tú apenas eres una niña todavía y te penetren repetidas veces por todos los orificios de tu cuerpo SIN que tú hagas amagos de querer de uno o de otro, no parece que eso corresponda a algún tipo de consentimiento implícito, más bien el de coacción para iniciar un acto deplorable.

Mi amiga se lo pasó bien, disfrutó de lo lindo, según sus propias palabras. Fue algo consentido y que ella misma propuso, quiso y se dejó hacer. La diferencia es obvia para quienes vivimos el día a día. Pero para el código penal parece que los recovecos son tan arteros, discurren por subterfugios tan ladinos y andan tan taimados, que lo que pudiera parecer una obviedad, por el tecnicismo tecnocrático de la judicatura para diferenciar (mejor dicho, confundir) el blanco roto del blanco hueso se lleva al extremo de declararlo blanco nuclear sin más. De ahí que la gente se eche a la calle, porque parece que se nos ha olvidado, especialmente a muchos juristas, que "la justicia emana del pueblo" (Constitución Española, Art. 117, 1º); que sí, que la imparten ellos, pero que nace de la calle. Y por eso la gente se ha echado a la rúa, no sólo en España, hasta desde la ONU se hicieron eco de esa polémica sentencia al criticar que ésta "subestima la gravedad de la violación".

Se ha hablado mucho sobre la "dictadura de la calle". Que cuando algo no es del agrado del populacho todo el mundo sale a protestar contra la aplicación de las leyes o del reglamento. Quizá haya que recordar que en Mayo del 68, hace unos días que se cumplieron 50 años de aquel estallido, la gente, especialmente los universitarios, salieron a la calle a protestar por la necesidad de reformar profundamente los resortes de la democracia. Propuesta que no solo afectó a Francia, sino que se extendió como la pólvora por media Europa. Comenzó una nueva era de reformas y en menos de un año, por ejemplo, De Gaulle desapareció del mapa político francés. Aquí, ahora, no hace mucho se pedía que la prisión permanente revisable se mantuviese en activo por la gravedad de los delitos cometidos por la asesina del pececito Gabriel, Ana Julia. Ahí hubo una parte de la ciudadanía (y de los políticos) que se opusieron al respecto. La otra se echó a la calle. Todo se ha embarrado de partidismo mediático, porque lo que es bueno para los azules, ha sido una contrariedad para los rojos, quienes al final ganaron la batalla. En última instancia, no se trataba de un problema social, sino de una bandera política que izar en el caso de vencer. Para este caso, la gente se ha vuelto a tirar al ruedo de la idiosincrasia, separando literalmente el país en dos, porque a pesar de lo que pudiera parecer, hay una parte de la ciudadanía que sospecha e incluso inculpa el comportamiento de la joven implicada en el caso de "La Manada", he aquí el último ejemplo. Y esta es la pequeña diferencia anquilosada en este país, las dos Españas, la eterna roja o azul, la eterna republicana o monárquica, la socialdemócrata y la fascista: señal inequívoca de que nunca se suturaron bien las heridas. "Españolito, que vienes / al mundo, te guarde Dios. / Una de las dos españas / ha de helarte el corazón." 

En efecto, es necesario que la ciudadanía salga a la calle a dar la voz de alarma al ejecutivo por algo que le compete directamente: redactar las leyes de manera que el poder judicial acabe aplicándolas en su justa medida. Y aquí han incurrido en un error de trascendencia colosal los medios de comunicación, al opinar respecto del poder judicial que ha de interpretar las leyes, y ese NO ES su cometido. La justicia, como uno de los tres poderes del estado, NO está sujeto al principio democrático porque no son elegidos por sus ciudadanos. Y quizá por ello su responsabilidad es aún mayor que la de los otros dos poderes constitucionales. De ahí que no está en su capacidad de ejecución la de interpretar, sino la de ejecutar, valga la redundancia.

El poder judicial se limita, NO a interpretar la ley, sino a estudiarla y APLICARLA. Y en esto mismo deberíamos darle entre todos un pequeño tirón de orejas al poder mediático que aglutina hoy por hoy los medios de comunicación y su influencia desmedida sobre la ciudadanía, en especial la borreguil, que sigue a pie juntillas los dictámenes que sentencian taimadamente en sus titulares. Gran parte de los medios, y aún más los tertulianos profesionales, han incurrido en el gravísimo error de 'juzgar' a los magistrados responsables de dictaminar sentencia en el caso de "La Manada" como de malinterpretar la ley. E insisto: el poder judicial NO está para interpretar la ley, sino para aplicarla. Lo cual llegamos a la conclusión: si una sentencia permite confundir el blanco roto con el blanco hueso y simplemente limitarla a blanco nuclear ante la duda, si una sentencia cataloga de abuso sexual lo que es a todas luces agresión, es que algo hay que cambiar para evitar futuras generalidades y especificar con mayor legibilidad qué es delito; algo hay que modificar para poder especificar qué es blanco roto y qué es blanco hueso, que a simple vista, desde la distancia, sólo se aprecia blanco nuclear.

Y por cosas por las que ahora voy a comentar es por lo que me 'sulibella' escribir u opinar a toro pasado; además de porque todo lo que tiene poso y maceración de barrica, sabe mucho mejor. Salen a la palestra las declaraciones más inquietantes que haya podido hacer un ministro de justicia en los últimos años. Una auténtica temeridad la de Rafael Catalá al 'alertar' de las deficiencias del sistema de justicia afirmando que el magistrado que emitió un voto a favor de la absolución de "La Manada" tenía (tiene) un 'problema singular'. Se equivoca de facto, desde el principio al final. En el caso de que el ministro de justicia observe una deficiencia en la judicatura, lo que ha de hacer es reformarla, no criticar ni mucho menos poner en tela de juicio a quienes dictaminan en base al código por el que han de impartir justicia. Lo sucedido muestra claramente las deficiencias, no solo de forma, sino además en infraestructuras. Se le olvida a Catalá que, de los tres poderes, es el único que no es elegido por el pueblo. Que ellos NO interpretan la ley, sólo la aplican. Y si esta y otras muchas sentencias que están salpicando la actualidad en los últimos meses no gustan ni al ejecutivo, la obligación de Catalá es lubricar los engranajes de todos los resortes de la justicia para poner el mecanismo de reformas a funcionar y colocar los puntos sobre las íes que parece han desaparecido o están mal redactados. No es de extrañar que todas las asociaciones judiciales hayan puesto el grito en el cielo y al unísono pidieron la dimisión del ministro. Una "temeridad", como sugiere el comunicado, que un ministro de Justicia vierta juicio púbico con comentarios sobre la falta de capacidad de un magistrado.

En efecto, es repugnante, tanto la sentencia como el voto particular del magistrado díscolo de la Sección Segunda de la Audiencia de Navarra. Pero, de ser una casualidad, quizá se habría partido desde el punto de vista de la opinión personal que todo esto fue una mala aplicación de la ley, y para ello existen mecanismos sancionadores para jueces y fiscales, además de las apelaciones pertinentes para ambas partes. Pero no ha sido la única similar en los últimos tiempos. Les dejo aquí un par de enlaces que dan pavor tan sólo leer los titulares (Enlace 1) (Enlace 2). Los que tienen obligación de tramitar la modificación del código penal los votamos nosotros cada cuatro años. Pero hay un problema: resulta que el órgano al que el ministro Catalá ha encargado la reforma tipificada como delito sexual la violación y la agresión sexual, es la sección Penal de la Comisión General de Codificación del Ministerio de Justicia. Un órgano compuesto por veinte juristas, ninguno de ellos mujer. Ya me dirán ustedes cómo se va a reformar el reglamento del balompié, más conocido como fútbol, si los implicados que han de hacerlo pertenecen la asociación nacional de fabricantes de ropa deportiva (con todos mis respetos para ese colectivo). Es como querer legislar sobre educación y sanidad sin tener en cuenta a los principales integrantes de la cadena educacional y sanitaria (¡ahí va!, este ejemplo está mal redactado, porque esto es algo que ya sucede).

En fin, dicho todo esto, recuerdo de nuevo, por último, la experiencia de mi amiga. En esa cama redonda en la que anduvo enfrascada en lides sexuales con cuatro partenaires. Y vuelvo a ver de manera incomprensible que, en cualesquiera de los contextos que se ha querido incluso incriminar el comportamiento de la joven de "La Manada", en ningún caso podría decirse que ha sido algo consentido. El consentimiento no es nada relativo, afirmar que se quiere, complacerte en en estar de acuerdo con algo y conceder tu permiso. Lo contrario, es no. Si en algo hay de meridiano en todo este asunto es que la voluntariedad humana, ese matiz de blanco, estriba en un consentimiento implícito o explícito, en blanco roto o blanco hueso: no todo es blanco nuclear sin matizaciones como parece haber en el código penal y media, ante la duda, decidir que la generalidad es lo definitorio. Hay que determinar qué lo es y el porqué. El primer y grave error es que se juzga por géneros y lo que se debe juzgar son personas que hacen mal sobre otras personas, independientemente del género, entidad o empresa. Alguien que agrede a alguien o individuos que agreden a alguien han de ser castigados a tenor de las pruebas que se presentan. Los jueces dictaminan, son los políticos los que deben interpretar la gravedad de las agresiones, sean cuales fueren estas desde el punto de vista social. Recuerden: el art. 117 de la constitución: la justicia emana del pueblo.

Que al código penal en esta materia le falta un hervor y anda manipulada (a las pruebas me remito) por una veintena de hombres, es un hecho, no una conjetura. Y que, como dijo el profeta Gil de Biedma, esta historia, como otras muchas hitsorias, acabará mal, no me cabe la menor duda. Porque todo el que quiere legislar quiere arrimar el ascua al saco rojo o al azul, al republicano o al monárquico, al bando socialdemócrata o al fascista. Porque no se legisla para beneficio de la ciudadanía, se hace para loa del bando vencedor y agravio del perdedor. Y gracias a esta disputa ambivalente, todo el revuelo mediático quedará sumido por cuatro supercherías de magia con el balón en los pies, nos colarán un golazo por toda la escuadra y quizá volveremos a ver la 'moviola' de todos estos días convulsos cuando se repita en cualquier momento del partido una falta injusta que el árbitro no ha visto. Porque España es el país más fuerte del mundo, ya que los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido. Así que, por más que nos empeñemos en hacer bien las cosas, por más voluntad que quiera tener el españolito de a pie saliendo a la calle, nosotros no somos Francia y ni mucho menos la del 68. Nosotros somos españoles y mucho españoles. Y llegará el mundial el verano que está por aparecer a la vuelta de la esquina, quizá logremos meternos en semifinales y el país se parará. Porque este país es un señor que critica la justicia, le roba al vecino y encima siembra la sospecha de dónde sacará la pasta para todo lo que tiene. El problema, señoras y señores, es un problema de raíz educacional. Necesitamos más a Machado y a Gil de Biedma y ver un poco menos la tele.








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Un poema inédito









“¿Dónde se encuentran
más comúnmente los Bribones?
Donde construyen fronteras.”
(W.H. Auden)

Una frontera es una conciencia
con apariencia de laberinto,
oculta mil abismos que confluyen
y exporta café descafeinado.

Tras un muro de palabras amables
acicaladas con decoro
y perfumadas de dudas
duermen los latidos de un paraíso
vigilado por espadas de brillo dulce y tenue.

La hégira es un claroscuro empobrecido
que sueña con una taza de café
a la sombra de un árbol.
Como cada mañana, despierta de ese sueño
caminando sobre pedregales
que enmascaran túmulos
sepultados en laberintos de palabras
de un mar descafeinado.

                           







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Un poema inédito










"...desandaré el camino
hasta la calle donde un niño pudo
edificar un mundo."
(Juan Rejano) 


Hay un patio de colegio
que respira las ruinas
de los sueños que fuimos,
un desierto de silencios cerosos
que fueron vergel de gritos azules
y murmullos efervescentes.

Por allí correteaban ilusiones
emulando ser dioses del momento,
arquitectura en el etéreo sigilo de
una confidencia íntima
preñada de caramelo de fresa.

Hay un patio de colegio
que huele a cedro y papel,
a grafito, goma, tiza y pegamento;
huele a nutritivo porvenir con pan,
a gorjeo de risas abigarradas
y vuelos sin motor.

En ese espejismo de ruinas
repletas de sombras desiguales,
quebradas por los charcos de la lluvia,
mascan chicle todos esos gritos fantasmagóricos
con olor a quimeras dulces,
intentando sellar, con ese barro
incandescente de saliva y memoria,
cada uno de los sueños ambarinos
que respiran en el recuerdo
de quien contempló alguna vez
su patio de colegio.



De "Abyssus Abyssum Invocat"
(Inédito, 2017)




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Las dos Españas

Que este país, tras un período más o menos imbuido de una calma entre las décadas de los ochenta y noventa, ha vuelto a resquebrajarse en dos es ya hoy una realidad. La grieta que las separa (aunque debería decir abismo) puede verse a lo lejos, a kilómetros de distancia, desde la estratosfera diría yo (casi de esta manera me lo contaba no hace muchas fechas el profesor Lledó).

Uno que ha leído de casualidad algunas cosillas sobre los orígenes del golpe de estado y posterior guerra civil no puede perder la oportunidad de comparar en los mismos términos esta deriva que está succionando el cerebro de tantos incautos que se dejan llevar por la corriente; y ya sabemos lo que les pasa a los camarones que se duermen en los laureles de los cantos de sirenas de cualquiera de ambos extremos de la orilla. La historia está condenada a repetirse si uno no aprende las lecciones de vida que imparte; apartarlas a un lado es como hacer piardas, pellas, novillos, irse de montes... faltar a las clases importantes que caerán seguro en examen.

A riesgo de emular a un Pérez Reverte cualquiera (ya quisiera yo escribir la mitad que él), este país es un país de fanaticos, mediocres, arribistas y envidiosos. Son los ingredientes básicos que llevaron a España al ostracismo durante más de cuarenta años en el siglo veinte y que lleva marchamo de meternos otra vez en otros cuarenta años de vaguedad por el desierto, apenas aparezca un iluminado Moisés que pretenda rescatarnos y señalar el desierto como la tierra prometida. Tal que así, algunos ya piensan que aquélla está en los medios de comunicación y que sus preceptos son más que creíbles a pies juntillas. Conozco, por ejemplo, fanáticos seguidores de Jiménez Losantos que siguen sus vomitonas radiofónicas y desarrollan o repiten como mantras esa putrefacción intestinal por las redes sociales o incluso en conversaciones de bar, como si un Cristo resucitado cualquiera impartiese sus preceptos incuestionables cual mandatos divinos; los pobres acólitos merecen aquello de 'perdónales señor porque no saben ni lo que dicen'. Y también los hay que siguen a rajatabla el catecismo de La Tuerca, impartiendo clases de civismo, buenismo, justicia social e izquierdismo como si de una catequesis suprema e incuestionable de "ismos" se tratara, donde todo cuanto se dice o se habla ha de ir a misa y replicar en voz alta allá por donde las iglesias de todas las confesiones habidas y por haber traten de inmolar al cristo de la coleta, porque debatir en contra del catecismo significará pertenecer a la otra orilla del río. 

Va siendo hora de que despierten del hipnotismo al que están sometidos desde todos los ángulos y le den a la maquinita de pensar. Dejen el televisor a un lado, desconéctense de Netflix, HBO, Movistar+ y todas las parafernalias varias que emiten por la tabla tonta (lo de caja ha quedado ya desfasado). Ahora más que nunca, este país se ha convertido en un antro separado por dos bandos: somos del Barça o del Madrid, del Betis o del Sevilla, de izquierdas o de derechas, somos de cerveza o de vinos, de campo o de playa, nocturnos o diurnos, veganos o carnívoros... nos situamos siempre en un extremo, en una orilla del río: o a este lado o a ese otro. No hay espacio para nada más, no hay espacios para la unión, para la tolerancia, para la concordia. Y lo peor: nos hemos vuelto una sociedad de intransigentes hasta la saciedad. No hay posibilidad de diálogo, consenso o debate. Todo ha de estar regido por el insulto, el grito y la blasfemia.

Ya que he aludido a él al principio, traigo aquí unas palabras de Arturo (sé que no cae bien a todo el mundo: si lees o reproduces cualquier cosa del susodicho, o 'estás conmigo o estás contra mí': recuerden, las dos Españas, eso es: o del Barça o del Madrid) que dijo en torno a la presentación de su libro "Hombres buenos" allá por el año 2015 (ya ha llovido un poco): "Somos un país con mucha memoria de la infamia pero con poca cultura para diluirla". Y así estamos, rememorando viejos éxitos bíblicos: la otra mejilla la va a poner rita la cantaora.

Mientras tecleo estas palabras resulta que hoy hace 79 años del final de la guerra civil española (1 de abril de 1939) y no puedo por más que traerlo a colación porque es un modo de recordar que, a pesar de que estamos al amparo de la Unión Europea (es un decir, somos uno de sus mejores clientes, nada más), y que vivimos en un estado de derecho (es otro decir, está tan partido en dos como el resto de las Españas), vivimos en el permanente riesgo de repetir viejos éxitos biblico-apocalípticos. Y es que, por aquellos años pre bélicos, España era un país adelantado a su tiempo. Jugábamos con los medios de información basándonos en un concepto por entonces desconocido pero que ahora es la panacea de toda plataforma de información, por pequeña que sea esta: la posverdad, esa cosa que no cuestiona si lo que se publica o se difunde es verdad o no, tan solo se cuestiona si ha de ser llevado a debate o no, independientemente de que sea mentira.

A fecha de hoy, no tengo constancia de que un medio de información haya pedido disculpas o haya rectificado sus informaciones falsas, a lo sumo un "fe de errores" o quizá una matización que enmascare la propensión DIARIA que tienen TODOS los medios de comunicación (sin excepción) a propagar la noticia que más y mejor vende, aun a riesgo de ser mentira; o peor aún, de ser una verdad a medias, o de ser una mentira con visos de ser verdad; y ya rizamos el rizo si eso ocasiona turbamultas, destrozos de mobiliario urbano, disturbios... Pongamos como ejemplo las recientes trifulcas sobre el mantero que falleció como consecuencia de una malformación congénita del corazón y que la prensa vendió como le dio la gana para captar más visitas y generar mejores ingresos por publicidad (he aquí la lucha por la supervivencia de todos los medios de información). Pueden leer desde aquí todo el hilo registrado a través de las distintas plataformas digitales, no digamos ya a posteriori con las grandes plataformas, mega 'mass medias', vomitando a sus anchas toda sarta de acusaciones e improperios (a cual más ingenioso), secundadas por los diferentes grupos políticos: acusaciones cruzadas, reproches sin límites, falta de decoro y respeto... Todo ello consecuencia de la prontitud, de la inmediatez para ofrecer lo más escandaloso y lo que mejor alarme a la población para poder vender la noticia, no es necesario contrastarla: se perdería tiempo y, lo peor, ingresos por visitas.

Se ha perdido en gran medida la esencia del periodismo, del buen periodismo. Esa esencia que se cuestionaba hasta la más mínima duda y que, a pesar de todo, salía a la luz, con más o menos mordacidad (dependiendo siempre desde qué lado se miraba el prisma) todo cuanto debiera verse, cayera quien cayese. No olvidemos que el partidismo siempre ha ido por barrios, pero en cuanto se ha tenido la oportunidad de ejercer como periodistas, ahí ha estado el medio para interceder entre el hecho y el lector, la sociedad. Hoy día la capacidad crítica del consumidor habitual de información  es proporcional al éxito de los planes de estudio de un estado de derecho que empieza a hacer aguas por doquier y la calidad de los ministros de cultura que han ocupado el escaño. Y una vez se dio el pistoletazo hacia la carrera de contar mentiras, todo el mundo quiere subirse al caballo ganador: eso se traduce al fin y a la postre en dinero, porque la polémica y el insulto genera ingresos, mucho más que cualquier otra noticia. "Un pueblo educado es un pueblo libre", decía Kant. Y España está sometida a una esclavitud que ya salpica muy muy de lleno a la justicia.

Voy a omitir todo el tema de Cataluña y el independentismo rancio, porque a la clase de chanza que está sometiendo al pueblo catalán unos cuantos indocumentados y faltos de ética, decencia y, sobre todo, educación, es injusto y claramente chabacano. Pero los prismas que tiene la justicia para decidir son claramente bipolares. No hace muchas fechas, una jueza absolvió a seis jóvenes cachorros neonazis que detuvieron en 2014 por pertenencia a grupo criminal e incitación al odio contra distintos colectivos desde sus respectivas redes sociales, propagando mensajes xenófobos, algunos de los cuales aún pululan como un virus por facebook y twitter. Lo que me preocupa del asunto es el doble rasero de medir. La policía no solo incautó abundante material de idiología neonazi, junto a banderas preconstitucionales y otros materiales utilizados para fines deportivos (bengalas, emblemas del colectivo Ultrasur,...) además de diversas armas blancas, sino que con el registro de propaganda fascista y manifiestos contra colectivos inmigrantes podría escribirse un libro. Sin embargo, para la jueza los delitos por los que se les acusaban "no se consideran probados" y, entre las razones, cito textualmente: la constitución española "no prohíbe las ideologías que se sitúan en los dos extremos del espectro político, tradicionalmente, y aún hoy, identificados como izquierda y derecha. Incluso podría decirse que tampoco prohíbe las ideas que, por su extremismo, se sitúen fuera de ese amplio espectro político, por muy rechazables que puedan considerarse desde la perspectiva de los valores constitucionales y de los derechos fundamentales y libertades públicas". Seguro que tras esto, se comió una ensalada de pasta acompañada de una espumosa Coca-cola zero y se quedó tan pancha, oiga.

Con esto quiero decir también que algunos utilicen la música para expresarse libremente, nos guste o no, en una mordaz y, en exceso, incisiva crítica (Valtonyc), o que otros que usen twitter (y ya es un viejo conocido por la Audiencia Nacional) para expresar con absoluta libertad toda su disconformidad con el supuesto estado democrático en el que vivimos (Pablo Hasel), parece que los derechos fundamentales valen para una orilla del río, pero para esta contraria no. Y sí, estoy de acuerdo con usted, que hay que tener muy mal gusto para decir barrabasadas por cualquiera de las ventanas de los patios de porteras que son las redes sociales. Indigna ver cómo un individuo puede a sí mismo llamarse ser humano y caer en la bajeza de utilizar el insulto y el desprecio, lo ratifico: no sólo es de mal gusto, sino de falta de educación. Pero aludo en favor de ellos con las mismas palabras que la jueza utiliza en su auto: la constitución española "no prohíbe (...) las ideas que, por su extremismo, se sitúen fuera de ese amplio espectro político, por muy rechazables que puedan considerarse desde la perspectiva de los valores constitucionales y de los derechos fundamentales y libertades públicas".

Que hay falta de respeto por cantar (dicen que es cantar esa especie de mantra monocorde que busca la rima constante, cosa que no secundo) contra personajes públicos y familiares reales, degradando y humillando, estoy totalmente de acuerdo: donde no hay respeto no puede uno esperarlo por mucho que a uno le disguste lo que ve. Pero la libertad de expresión, que a algunos parece que se les ha olvidado, viene a ser el lustre de una democracia. No encajan bien este tipo de axioma. Se puede considerar una falta grave contra cientos de víctimas de terrorismo llevar una banderola de ETA (enaltecimiento del terrorismo), pero es un simple chascarrillo llevar un símbolo que ha atentado contra millones (incluidos, también, españoles), porque las ideas son respetables ya que se encuentran fuera del espectro político, entendido así según siempre el auto de la jueza. ¿Qué hubiera pasado si estos neonazis hubieran portado esteladas? Ahí lo dejo...

En cierta ocasión la biógrafa de Voltaire, Evelyne Beatrice Hall, dijo: "no estoy de acuerdo con lo que dice, pero daría mi vida para que usted lo pueda decir". Y en esto consiste precisamente la democracia, la libertad de expresión y el estado de derecho: en poder defender las barbaridades que a algunos se les ocurre por el mero hecho de poderlas expresar, nos gusten más o menos. Y contrasta con ello hasta el hecho de que España es el único país europeo con sentencias judiciales en contra de los distintos canales de medios humorísticos y personas físicas por hacer y practicar humor, independientemente del buen o mal gusto empleado, por no decir ya de las incontables sentencias judiciales que atentan gravemente contra la cada vez más depauperada libertad de expresión. Y digo también depauperada porque el estado de derecho, que debería defenderla por encima de todo interés partidista, no mide con el mismo rasero y equidad todas y cada una de las aberraciones que se perpetran tras la pantalla, y cuyo cenit ha venido a secuestrar literalmente el contenido de un libro por atentar contra el honor de una persona sentenciada judicialmente pero absuelta por defectos de forma. Ni ese individuo puede dar crédito que hayan fallado a su favor, pero así está España, dividida en dos vertientes cuyo abismo va acrecentándose a medida en que vamos normalizando en nuestra conducta todos estos "chascarrillos", como decía el ministro.

Estas minúsculas gotas que caen A DIARIO como un finísimo chirimiri calan, querámoslo o no, en nuestra piel, se adhiere a los huesos, se infiltra por las venas hasta llegar a la sangre y en nuestro ideario se acomoda como algo normal, habitual. Lo único que puede salvarnos es la educación y la cultura. Espero y deseo que, por una vez, un ministro apueste de verdad por la educación, porque hasta ahora hemos tenido una mansalva de estúpidos ignorantes que a lo único que han contribuido es a embrutecernos cada vez más. No podría decir que lo hagan a conciencia, porque creo que de eso van escasos. Más bien de lo que andan sobrados es de picaresca y de chabacanería. Porque ni ellos mismos son conscientes de que el día en que se acaben los libros, la cultura, seremos seres embrutecidos por la incompetencia de los que se suponen adalides de eso que mal llaman cultura. A ellos les vale con llenarnos las pantallas de Madrid-Barça, de Sevilla-Betis, de Izquierda-Derecha, cerveza-vinos, campo-playa, veganos-carnívoros... Les vale con crear una corriente que separe las dos orillas del río cada vez más, en vez de crear puentes para poder acceder al otro lado.

Más nos vale retrotraernos a las escuelas griegas y aprender desde el principio cuales son los 'principios' (que valga la redundancia). Quizá por ello siempre resuena en mi cabeza el eco de un tal Aristóteles, sobre aquello de 'la política es la supremacía de una ideología sobre otra'. Y con cuánta razón hablaba que parecía profeta el tío. Lo único que interesa es el poder, los demás sólo somos simples números, simples objetos, simples peones en ese tablero de ajedrez en el que juegan. Más nos valdría empezar a dejar de faltar a clase y aprender de las lecciones de historia que están a flor de piel y tiene una pintaza de volver a convertirse en todo en un alzamiento de armas que pa que le cuento más... No obstante, para ejercer el poder de la  maquinita de pensar hace falta leer, leer para pensar, pensar para decidir, decidir para construir... y construir solo se consigue uniendo, no separando. ¿Es tan difícil de entender que el único modo de unir los dos extremos del río es creando puentes? "Podría decirse que" esa corriente del río "tampoco prohíbe las ideas que, por su extremismo, se sitúen fuera de ese amplio espectro político, por muy rechazables que puedan considerarse desde la perspectiva de los valores constitucionales y de los derechos fundamentales y libertades públicas". Todo cabe en un estado de derecho, hasta este chascarrillo, por burdo que parezca.








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Bocabaho

Traigo a la memoria un panfleto que escribí, recuerdo bien, bajo la influencia del alcohol (y, por qué no decirlo también, de la psicotropía de unas caladas del buen libanés). Aquello sucedió en el año 1994, parece que allá por el mes de mayo. Mi intención en primera instancia era plasmar aquí una perorata sobre la detención de Puigdemont y el independentismo, que ya hace aguas por doquier, porque construir un navío con un material tan endeble como el papel no podía tener otro final que el humdimiento (créanme si les digo que aludo a semejante connotación etimológica porque debieran ver esa película: Der Untergang (El Hundimiento, 2004), con un fabuloso, y a la vez cuasi cómico, Bruno Ganz en el papel de Adolf Hitler, con el que quería radiografiar el perpetuo estado de irresponsabilidad de los cuatro pelagatos que tienen a mal traer a la sociedad catalana). Pero al final he decido molestarles con un guiño del pasado que me ha llenado de nostalgia porque era un tiempo en el que escribía a bolígrafo todo cuanto podía y quería, y sólo pasaba a limpio cuando participaba en algún certamen literario (creía en la limpieza y honestidad de los concursos, hoy por hoy no por conocimiento de causa, e incluso sorprendentemente gané alguno que otro) o me iban a publicar alguna cosilla en alguna revista (era un tiempo en el que todavía se remitían los escritos por correo postal o por fax).

Al leer los trazos tan seguros y límpidos, a pesar de la perjudicada consciencia, me ha llenado de emoción ver que conservo ese papel y poder rescatar del olvido algo tan significativo para mí. Les pongo en situación. Durante los años 1994-1996 comencé a trabajar por las noches en un garito nocturno del centro de la capital, que de seguro los viejos rockeros de aquellos años conocerán si han deambulado por las calles de la vieja Málaga. Conocí individuos de los que podría escribir a buen seguro una novela de cada uno de ellos. Y quise retratar en aquel escrito el espíritu que se respiraba entre bambalinas, a todas luces fallido pero con más voluntad y prestancia que acierto me dispuse a divagar sobre compañeros, amigos y demás fauna nocturna sin más pretensión que el agradecimiento. Espero sean indulgentes con el que escribe, dado lo añejo del asunto y el ímpetu de la juventud. Decía así:


Semana tras semana observo a esos cavernícolas nocturnos pulular por doquier intercambiando sus pequeños tesoros por agua falsa de vida. Todos buscan como posesos un lugar donde cobijarse y no temer el engaño de las ratas de dientes de oro. Ese lugar existe y déjenme explicarles el porqué.

Alguien dijo que el estado ideal de una mente olvidada es observar la vida de forma rectilínea, invertida, hacia el suelo. Y es así de a gusto como un individuo siente las cosas más profundas y hermosas. Ése es el lugar, pero el porqué es algo más extenso.

En aquella cueva, los cavernícolas nocturnos se sienten apabullados por miles de razones. La gran mayoría aplauden la forma original de servir ese agua falsa de vida, pero se suele pedir dos veces porque de lo que se degusta con placer se suele repetir. Protegidos por una colmena de cristal, están los que ofrecen carcajadas bonachonas y automáticas, los que imitan peculiaridades de otros o la seriedad de una mueca simpática a tiempo compensado. Son los guardalíquidos de cuero y lágrimas los que imperan sobre el reino de las mentes olvidadas. Los sonidos de papel invisible merodean alrededor de todos envolviéndonos de un reino mágico de diversión y fantasía. A veces escapan de la realidad cuando los apretones de manos están sellados con la sangre del corazón. Es entonces, y no en otro momento, cuando brota en los cavernícolas nocturnos ese sentimiento de identificación con este reino.

Aquí es donde se produce el estado ideal de esas mentes. Donde se añoran amores olvidados por el tiempo, donde un sinfín de fábulas modernas se producen constantemente. Aquí es donde el líquido elemento corre por las cavidades sedientas de nuestras bocas gracias a un envase de extrañas formas pero reconocibles líneas geométricas. El juego que crea adicción sobre nuestra alma es inexpugnable. al igual que los irrecambiables servidores guardalíquidos de cuero y lágrimas. El tiempo tras esas colmenas de cristal les ha hecho ser tan duro como el cuero y sufridos como lagrimas amargas.

Bocabaho: este es el lugar. El estado ideal de las mentes olvidadas. Donde se producen hechos inenarrables y encantos venerados. Donde se disfruta con placer del agua importada del país de las faldas en recipientes de nenúfares. Donde el líquido elemento nunca tiene sabor, olor y color determinado o monótono y todo es una fantasía orgiástica multicolor.

Yo soy un simple 'escribidor' que presiente que nunca llegará al pedestal espiritual de las altas letras, porque pertenezco al reino de las palabras perdidas y desgastadas por la imperfección y allí me reconocen el mérito debido y justo, siempre junto a una botella de whisky.

Ante tal incertidumbre estoy seguro de que mientras la existencia del lugar al que dedico estas líneas se mantenga en pie, estaré allí para contemplarlo aunque mis células no se regeneren para ello; y aún no estando presente, quedará la incierta materia de mi espíritu.

La firma de un 'escribidor' perdido en el tiempo y en el reino de las letras gastadas por la imperfección, un cavernícola nocturno, una mosca de hierro y papel, una mente olvidada por el tiempo, chatarra de sangre y cielo, aquí se estampa. Por siempre jamás: Bocabaho.


Siento enrojecerse mis mejillas después de releer esta transcripción. Recuerdo bien el momento en el que escribí semejante incongruencia psicotrópica. Pero ahí la tienen, sin vaselina, ni correcciones. Un texto escrito junto a una botella de Jack Daniels y con un 'petardo' de marihuana entre los dedos mientras escuchaba 'Tormenta de tormento' de Corcobado y los Chatarreros de Sangre y Cielo. Sin aspiración alguna de querer aportar algo a la literatura (¿acaso alguien puede aportar algo nuevo sin mancharse de ignorancia las manos del ego?). Espero le sirva al menos de consuelo y de esperanza, sobre todo a aquellos que vivieron la nocturnidad y alevosía de refugiarse en alguna de las cuevas que abren a la noche para no morir por el sudor envenenado de una ceguera.








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Disfraz de invierno






Como confeti
se desgrana mi corazón
nevando sobre el balcón
de su indolencia,
polvo de estrellas
marchita la inocencia
reflejada en el espejismo
de un oasis.

Emboscado tras un cigarrillo
entorno los ojos para no mirar,
se engaña
vistiéndose de ángel
y las falacias
se hacen cargo de la despedida
para vestir de invierno
hasta el espejismo
de un oasis.

                      







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Sobre este blog

Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra. Son tantas cosas las que incluir, que poco a poco voy actualizando en la medida de lo posible: fotos, cine, poesía, literatura...

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